Ben Sirá
Capítulo 51
EPÍLOGO
Primera acción de gracias
Te alabo, mi Dios y salvador;
te doy gracias, Dios de mi padre.
Contaré tu fama, refugio de mi vida, porque me has salvado de la muerte, detuviste mi cuerpo ante la fosa, libraste mis pies de las garras del Abismo, me libraste de las malas lenguas: de lenguas que flagelan, de labios que calumnian, estuviste conmigo frente a mis rivales,
me auxiliaste con tu gran misericordia: del lazo de los que esperan mi caída, del poder de los que me persiguen a muerte, me salvaste de múltiples peligros,
del cerco apretado de las llamas, del incendio de un fuego que no ardía,
del vientre de un océano sin agua, de labios mentirosos e insinceros, de las flechas de una lengua traidora.
Cuando estaba ya para morir y casi en lo profundo del Abismo,
me volvía a todas partes y nadie me auxiliaba, buscaba un protector y no lo había,
recordé la compasión del Señor y su misericordia eterna, que libra a los que se acogen a él y los rescata de todo mal;
desde el suelo levanté la voz y grité desde las puertas del Abismo,
invoqué al Señor: Tú eres mi Padre, tú tienes poder para salvarme, no me abandones en el peligro, a la hora del espanto y turbación;
alabaré siempre tu Nombre y te llamaré en mi súplica. El Señor escuchó mi voz, oyó mi súplica,
me salvó de todo mal, me puso a salvo del peligro. Por eso doy gracias y alabo y bendigo el Nombre del Señor.
Segunda acción de gracias
Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia; den gracias al Dios de la alabanza, porque es eterna su misericordia; den gracias al guardián de Israel, porque es eterna su misericordia; den gracias al Creador del universo, porque es eterna su misericordia; den gracias al redentor de Israel, porque es eterna su misericordia; den gracias al que reúne a los dispersos de Israel, porque es eterna su misericordia; den gracias al que reconstruye su ciudad y santuario, porque es eterna su misericordia; den gracias al que hace rebrotar el poder de la casa de David, porque es eterna su misericordia; den gracias al que escoge un sacerdote entre los sadoquitas, porque es eterna su misericordia; den gracias al escudo de Abrahán, porque es eterna su misericordia; den gracias a la roca de Isaac, porque es eterna su misericordia; den gracias al paladín de Jacob, porque es eterna su misericordia; den gracias al que escoge a Sión, porque es eterna su misericordia; den gracias al Rey de reyes, porque es eterna su misericordia; acrecienta el poder de su pueblo, alabanza de todos sus fieles, de Israel, su pueblo escogido. Aleluya.
Poema a la Sabiduría
Siendo joven, antes de extraviarme,
deseé la sabiduría con toda el alma,
la he buscado desde mi juventud y hasta la muerte la perseguiré.
Crecía como un racimo que madura, y mi corazón gozaba con ella. Yo seguí fielmente su camino, porque desde joven la había aprendido;
en el poco tiempo que estuve escuchándola adquirí mucho saber.
Someterme a ella fue un honor, daré gracias al que me la enseñó.
Decidí hacer un buen negocio, cuando lo alcance no me avergonzaré;
la deseé ardientemente y no apartaré de ella mi rostro; mi alma saboreó sus frutos, y jamás me apartaré de ella; mi mano abrió sus puertas: contemplaré sus secretos.
Mi alma la siguió desde el principio, y la encontré en toda su pureza. Con sus consejos adquirí prudencia y no la abandonaré;
mis entrañas se conmovían al mirarla, por eso la adquirí como posesión preciosa;
el Señor me concedió lo que pedían mis labios, con mi lengua le daré gracias.
Ustedes, ignorantes, vengan a mí, y habiten en mi escuela.
¿Hasta cuándo quieren privarse de todo esto y seguir sufriendo esa terrible sed?
Abrí la boca para hablar de ella: adquiéranla gratuitamente.
Pongan el cuello bajo su yugo y acepten de buena gana su carga; porque ella se acerca al que la busca y el que se entrega, la encuentra.
Vean con sus propios ojos qué poco trabajé, y qué gran descanso conseguí.
Escuchen todos lo que aprendí en mi juventud, y así obtendrán plata y oro.
¡Alégrense en mi escuela! ¡No se avergüencen de mis enseñanzas!
Hagan sus obras con justicia y el Señor los recompensará a su tiempo. Bendito sea el Señor por siempre, alabado sea su Nombre de edad en edad. Hasta aquí las palabras de Simón, hijo de Jesús, apellidado hijo de Sirá. Sabiduría de Simón, hijo de Jesús, hijo de Eleazar, hijo de Sirá. Sea bendito el Nombre del Señor ahora y siempre.
