Ben Sirá
Capítulo 12
Cautela en favorecer
Si haces el bien, mira a quién,
y podrás esperar algo de tus favores;
haz el bien al honrado y obtendrás recompensa, si no de él, al menos del Señor.
Nada se saca de ayudar al malvado, ya que no obrará rectamente;
…
doble mal recibirás en tiempo de necesidad por todo el bien que le hiciste; no le des armas, pues las volverá contra ti.
Porque Dios aborrece al malvado y toma venganza de los perversos.
Da al bueno, no socorras al malvado, alivia al que sufre, no des al arrogante.
El enemigo
En la prosperidad no se conoce el amigo,
en la desgracia no se oculta el enemigo;
en la prosperidad aun el enemigo se vuelve amigo, en la desgracia aun el amigo se aparta.
No te fíes nunca del enemigo, su maldad es como bronce que se oxida;
aunque te haga caso y se porte con modestia, ten cuidado y desconfía de él; haz como quien limpia un espejo; a ver si la herrumbre no terminó de corroerlo.
No le des un puesto a tu lado, porque te dará un empujón y ocupará tu puesto; no lo hagas sentarse a tu derecha, porque procurará ocupar tu asiento. Entonces me darás la razón y gemirás recordando mis advertencias.
¿Quién compadece al encantador de serpientes mordido o al que se acerca a una fiera carnicera?
Lo mismo al que se junta con el arrogante y se mancha con sus delitos. Mientras va contigo, no se te revela; cuando caes, no se agacha a librarte;
mientras tú estás de pie, no se da a conocer; cuando tropiezas, no se contiene.
El enemigo habla con labios dulces, y por dentro planea traiciones siniestras; el enemigo llora con los ojos, llega su ocasión, y no se sacia de sangre;
te ocurre una desgracia, y allí lo encuentras; fingiendo apoyarte, te pondrá una zancadilla;
después sacude la cabeza, agita la mano, y hablando entre dientes, cambia de expresión.
