Ben Sirá
Capítulo 32
Banquetes
Si te toca presidir un banquete,
no presumas, sé como los demás;
ocúpate de ellos antes de sentarte, mira qué necesitan antes de ocupar tu puesto; así te alegrarás con la concurrencia y te darán la corona de la cortesía.
Tú, anciano, habla cuando te corresponda, pero refrena tu talento y no interrumpas el canto,
en el momento de brindar no sueltes un discurso, y aunque no haya música, no exhibas tu sabiduría.
Joya de azabache en collar de oro es el canto en medio del banquete,
sello de esmeralda engarzado en oro es la música entre la delicia del vino.
Tú, joven, habla si es indispensable; y no más de dos y tres veces, si te lo piden;
resume tus palabras, di mucho en poco espacio, sé como quien sabe y se calla.
Con los ancianos no discutas, con los que mandan no insistas.
Antes del granizo brilla el relámpago, antes de la modestia, la simpatía.
A la hora de despedirte no te entretengas, saluda al huésped y vuelve a casa;
allí podrás entretenerte respetando a Dios y sin cometer faltas;
da gracias por todo a tu Creador, que te ha colmado de bienes.
Temor de Dios
El que consulta a Dios, recibirá su enseñanza;
el que madruga por él, obtendrá respuesta.
El que estudia la ley llegará a dominarla, pero el hipócrita se enredará en ella.
El que teme al Señor aprenderá a juzgar, sus buenas acciones brillarán como luz.
El hombre perverso rechaza la corrección y acomoda la ley a su conveniencia;
el hombre prudente no esconde la sabiduría, mientras que el insolente no guarda la lengua; el sabio no acepta soborno, el arrogante no acepta el mandato.
No hagas nada sin aconsejarte, y una vez hecho no te arrepentirás.
No sigas camino peligroso y no tropieces dos veces en una piedra;
no te animes por camino de salteadores y guárdate las espaldas.
el que así obra guarda el mandato.
En todas tus obras vigílate.
El que guarda la ley se guarda a sí mismo, el que confía en el Señor no queda defraudado.
