Levítico
Capítulo 6
Derechos y deberes sacerdotales1 El Señor habló a Moisés:
–Da estas órdenes a Aarón y a sus hijos:Rito del holocausto:El holocausto arderá sobre el fuego del altar de la noche a la mañana, y el fuego del altar arderá sin apagarse.
El sacerdote, vistiéndose con su túnica de lino, se cubrirá con un pantalón también de lino, retirará del altar la ceniza que deja el fuego al consumir el holocausto y la dejará junto al altar.
Después se cambiará de vestiduras para llevar la ceniza fuera del campamento a un lugar puro.
El fuego del altar tiene que arder sin apagarse, el sacerdote lo alimentará con leña cada mañana; sobre ella colocará el holocausto y dejará que se queme la grasa de los sacrificios de comunión.
Es un fuego que debe arder continuamente sobre el altar, sin apagarse.
Rito de la ofrenda:Los aaronitas llevarán la ofrenda al altar, a la presencia del Señor.
Y tomando de la ofrenda un puñado de harina de la mejor calidad con aceite y todo el incienso, lo dejará quemarse sobre el altar en obsequio de aroma que aplaca al Señor.
El resto de la ofrenda lo comerán Aarón y sus hijos. Se comerá sin levadura, en lugar sagrado, en el atrio de la tienda del encuentro lo comerán.
No se cocerá fermentado; es la parte que les doy de mi ofrenda. Es una porción sagrada, como en el sacrificio expiatorio y en el penitencial.
La pueden comer todos los varones aaronitas: es su porción de las ofrendas del Señor, a lo largo de las generaciones. El que las toque queda consagrado.
El Señor dijo a Moisés:
–Ofrenda de Aarón y sus hijos el día de su unción: La décima parte de una medida de la mejor harina como ofrenda permanente, la mitad por la mañana y la mitad al atardecer.
La presentarás preparada con aceite en la sartén, y la ofrenda hecha migajas la ofrecerás en aroma que aplaca al Señor.
Igualmente hará el sacerdote ungido que le suceda. Esta es una ley perpetua: toda ella se quemará en honor al Señor.
Toda ofrenda sacerdotal se ha de quemar por completo, no se comerá.
El Señor habló a Moisés:
–Di a Aarón y a sus hijos:Rito del sacrificio expiatorio:La víctima, por el pecado, se degollará en el matadero de los holocaustos, en presencia del Señor. Es una porción sagrada.
El sacerdote que la ofrece la comerá. Se comerá en un lugar sagrado: el atrio de la tienda del encuentro.
El que toque su carne queda consagrado. El vestido sobre el que se salpique sangre de aspersión se lavará en un lugar sagrado.
La vasija en que se cueza, si es de barro, se romperá; si es de bronce, se fregará y se enjuagará.
Pueden comer la carne todos los sacerdotes varones. Es una porción sagrada.
Pero ninguna víctima expiatoria cuya sangre haya de llevarse a la tienda del encuentro, para expiar en el santuario, se comerá; debe ser quemada.

Comentarios
Derechos y deberes sacerdotales.
Estos dos capítulos cierran la sección sobre el ritual de los sacrificios estipulados en los capítulos 1–5. El tema principal es la carne ofrecida en sacrificio y las condiciones de pureza para su consumo. La escuela sacerdotal (P) sistematiza y regula algo que ya funcionaba, pero con el fin de alcanzar la máxima perfección.
Hay muchos aspectos interesantes en esta legislación; algunos incluso recuperan actualidad, pero el gran peligro que ha estado siempre latente y el error en que seguramente se incurrió a menudo fueron absolutizar la norma, desubicarla de su función como medio para convertirla en un fin en sí misma. La consecuencia más directa es la grave injusticia en la que se incurre al desplazar y alejar cada vez más a un gran número de personas del «círculo» de los buenos, de quienes sí pueden contar con la amistad y la presencia de Dios.
Ante este panorama, podemos imaginar el impacto que tendrá Jesús. A esta gente maldita, impura, desheredada de Dios, Jesús les dice que Dios los ama; les anuncia que Él es Padre y que así se le debe invocar, «Padre nuestro…»; ¿no es esa la «Buena Noticia» por excelencia?