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Segundo discurso de Elihú

Elihú siguió diciendo:

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Sabios, escuchen mis palabras, préstenme atención los doctos,

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porque así como el oído distingue las palabras y el paladar aprecia los sabores,

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así nosotros buscaremos lo justo y distinguiremos lo que es bueno.

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Job ha afirmado: Aunque soy inocente, Dios no me hace justicia;

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defiendo mi derecho y paso por mentiroso; mi herida no sana, aunque no he pecado.

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¿Quién hay como Job, que suelta insolencias como quien bebe agua,

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se junta con malhechores y va en compañía de malvados?

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Afirma: De nada le sirve al hombre gozar del favor de Dios.

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Escúchenme, hombres sensatos: ¡Lejos de Dios la maldad, lejos del Todopoderoso la injusticia!

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Dios paga al hombre sus obras, lo retribuye según su conducta;

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ciertamente Dios no obra mal, el Todopoderoso no quebranta el derecho.

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¿Quién le ha encomendado a él la tierra, quién le ha confiado el universo?

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Si decidiera por su cuenta retirar su espíritu y su aliento,

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expirarían todos los vivientes y el hombre volvería al polvo.

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Si eres inteligente, escúchame, presta oído a mis palabras:

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¿Podrá juzgar uno que odia el derecho?, ¿te atreves a condenar al más justo,

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al que declara criminal a un rey y malvados a los dignatarios?

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Dios no es parcial a favor del príncipe ni favorece al rico contra el pobre, porque todos son obras de sus manos.

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De repente mueren, a media noche, los nobles se agitan y pasan, el poderoso es derribado sin esfuerzo.

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Porque los ojos de Dios miran las sendas del hombre y vigilan todos su pasos;

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no hay tinieblas ni sombras donde puedan esconderse los malhechores.

23

Y no toca al hombre señalar un plazo para presentarse a juicio con Dios.

24

Aplasta a los poderosos sin tener que indagar y en su lugar nombra a otros;

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como conoce sus acciones, los derriba en una noche y quedan deshechos;

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como a criminales los azota en la plaza pública,

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porque se apartaron de él y no siguieron sus caminos,

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haciendo que llegara a Dios el clamor de los pobres y que oyera el clamor de los afligidos.

29

Pero si Dios no interviene, ¿quién podrá condenarlo?, y si esconde su rostro, ¿quién podrá verlo? Vela sobre pueblos y hombres

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para que no reine el impío ni haya quienes engañen al pueblo.

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Dile a Dios: Me he equivocado, no pecaré;

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lo que yo no veo, enséñamelo tú, y si cometí delito, no volveré a hacerlo.

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¿Debe él retribuir según tu criterio? Como la decisión es tuya y no mía, lo que sepas dilo;

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y los hombres sensatos que me escuchan y los sabios confesarán:

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Job habla sin saber, sus palabras no tienen sentido.

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Que lo torturen hasta lo último por sus respuestas, dignas de un malvado;

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porque al pecado añade la rebelión, ante nosotros se burla y no cesa de hablar contra Dios.

Comentarios

32:1 - 37:24

Discursos de Elihú.

Job termina su defensa pidiendo una respuesta de Dios. ¿Qué va a suceder ahora? Cuando menos se esperaba, aparece un intruso llamado Elihú. Se trata de un joven colérico que, aparente-mente, ha estado escuchando el debate y ya no puede contenerse. Irritado por lo que acaba de oír, mete baza en el asunto (32,19). Y lo hace con cuatro discursos que, aunque no dicen nada nuevo, manifiestan su convicción, su pasión y su abundante verborrea.

34:1 - 34:37

Segundo discurso de Elihú.

Después de censurar a los amigos, Elihú emprende una larga defensa de la justicia y equidad de Dios (10-29). Dios lo ve todo y dicta sentencia. Aquellos que se alejan de Dios solo pueden culparse a sí mismos (24-27). Al igual que los amigos en la primera serie de discursos, el joven sugiere a Job que diga lo que tiene que decir como señal de arrepentimiento (31s). Los versículos finales (34-37) son tan duros, crueles –e irrelevantes– como los que hayan podido salir de la boca de los amigos.


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