Trigésimo Cuarto Domingo en Tiempo Ordinario – Año A
Mt 25,31-46
Un buen domingo para todos.
Hay una página del evangelio que incluso los que nunca van a la iglesia conocen muy bien; es la del juicio universal, con la separación de las ovejas de las cabras. En esta página del evangelio hay una frase terrible de Jesús juez: “Apártense de mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles”. Son palabras dramáticas que inspiraron a artistas que pintaron escenas de terror, desesperación, tormentos. Son palabras que han sugerido composiciones líricas como el ‘Dies irae’.
Recordamos la primera estrofa:
‘Día de la ira, aquel día en que los siglos se reduzcan a cenizas.
¡Cuánto terror habrá en el futuro
cuando el juez haya de venir a juzgar todo estrictamente!’.
¿Será así el encuentro con el Señor? ¡Un día terrible! Son palabras que también inspiraron a músicos que tradujeron en música la angustia del momento crucial cuando Cristo pronuncia la sentencia inapelable. Francamente, es difícil reconocer al Jesús del evangelio en este juez, al menos como esta página se ha leído tradicionalmente.
Es a partir de este relato evangélico que el juicio de Dios ha sido predicado y se presenta como un enfrentamiento dramático para dar cuenta. Y así el encuentro con el Señor, lejos de ser deseado y esperado, representa para todos, también para los buenos, una gran incógnita porque nunca se sabe cómo sentirse seguro frente a quien, como dice el libro de Job, descubre defectos incluso en sus ángeles.
Esta es la razón por la cual muchos cristianos, incluso los buenos, se hubieran apuntado de buena gana por unos cuantos años de purgatorio. Un Dios que condena de esta manera es extremadamente vergonzoso para un cristiano. Es difícil considerar esta justicia como un evangelio de buenas nuevas.
¿Cómo se hace para poner de acuerdo al Padre celestial del cual ha hablado Jesús, el Dios que hace salir el sol sobre los justos y sobre los injustos y pide a sus hijos e hijas que hagan como Él, que amen a justos y pecadores sin distinción? ¿Por qué, en cierto momento, hace esta separación que nos pide a nosotros que no hagamos? Ante estas preguntas, y habría muchas otras, nos debemos preguntar si estamos tan seguros de que entendemos lo que Jesús nos quiere enseñar en este famoso texto.
Generaciones enteras de cristianos han crecido aterrorizados y muchos se han alejado de la fe precisamente porque no podían creer en este Dios. Entonces, nos preguntamos si realmente no hemos tergiversado el significado de las palabras del Maestro. Acerquémonos con mucha lealtad al texto evangélico y no demos por sentado que la forma en que fue interpretado y usado es la correcta.
Concentrémonos en la primera escena:
“Cuando el Hijo del Hombre llegue con majestad, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria y todas las naciones serán reunidas en su presencia. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Colocará a las ovejas a su derecha y a las cabras a su izquierda. Entonces el rey dirá a los de la derecha: Vengan, benditos de mi Padre, a recibir el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo.Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, era emigrante y me recibieron, estaba desnudo y me vistieron, estaba enfermo y me visitaron, estaba encarcelado y me vinieron a ver”.
¿Qué es lo que hemos escuchado? Creo que muchos responderán: El comienzo de una parábola. No es una parábola, es otro género literario; es una escena de juicio. La narración está inspirada en lo que sucedía en las cortes de los grandes reyes de antiguo Oriente Medioque a menudo convocaban a sus señores feudales a la corte para evaluar su comportamiento.Si habían sido fieles eran recompensados; si habían cometido fechorías eran severamente castigados. La escena del juicio es una forma literaria que a menudo ha sido utilizada por los rabinos; la encontramos, por ejemplo, en el Talmud, donde se dice cómo el Señor en la otra vida evaluará la vida de los israelitas y, dice el Talmud, que el Señor ciertamente se sentará tomará un rollo de la Torá, se lo pondrá sobre las rodillas y luego les dirá: ‘Los que se han comportado según la ley que vengan’ y recibirán su recompensa. Así es como se evaluará la vida de los israelitas, o sea, en base de la fidelidad a la Torá.
Una escena de juicio la encontramos representada en Egipto, pintada en los sarcófagos, en las tumbas o ilustrada en el libro de los muertos. Vemos al difunto acompañado de núbiles frente a Osiris porque su vida debe ser evaluada… ¿cómo? En la balanza. En un plato de la balanza se ponía el corazón del difunto; es el corazón desde donde partieron todas sus elecciones, y en el otro plato de la balanza se ponía la pluma, símbolo de la diosa Maat, diosa de la sabiduría. Si el corazón estaba en sintonía con la sabiduría, entonces era recompensado, entraba en el reino de los bienaventurados.
Y encontramos este género literario, de la escena del juicio, en el famoso capítulo 7 del libro de Daniel donde el Señor, el Anciano, se sienta en el trono y pronuncia su juicio.Después que aparecieron en el mundo reinos bestiales, pronuncia su sentencia. De las nubes del cielo llega el hijo del hombre y le entrega el reino a este hijo del hombre. Después de todos los reinos bestiales ahora finalmente comienza un reino humano. Y la escena es significativa porque se parece mucho a la nuestra. El gran soberano, el Anciano, se sienta en el trono, a su alrededor hay miríadas de ángeles que actúan como guardaespaldas; es una escena similar a la de las cortes orientales y es muy similar a nuestro texto.
Hemos visto que entró en escena el Hijo del hombre en su gloria, que es la entronización de este juez; hay ángeles que son los asistentes… Y nos preguntamos, ante todo: ¿Quién es este Hijo del hombre? Raramente oímos hablar de Jesús como Hijo del hombre, pero es un título muy importante porque el juez de nuestra vida será el Hijo del hombre. Encontramos 77 veces mencionado en los evangelios este título, ‘Hijo del hombre’. Y, prácticamente, siempre está en la boca de Jesús que se presenta a sí mismo como ‘Hijo del hombre’. ¿Qué quiere decir? En hebreo ‘hijo del hombre’ simplemente significa ‘hombre’.
En Jesús, ‘Hijo del hombre’ significa el hombre por excelencia, el que ha alcanzado el máximo de lo humano. En Jesús Dios ha mostrado la dignidad plena del hombre divinizado.Por tanto, o te asemejas a él o no eres hombre. Él es el hombre verdadero, el hombre exitoso.Tratemos ahora de entender cómo pronuncia su juicio este hombre exitoso, que es Jesús de Nazaret. Antes que nada, debemos aclarar bien en qué trono se sienta.
Nosotros nos imaginamos inmediatamente la escena de las cortes orientales donde el gran soberano se presenta en el esplendor de su poder. Aclaremos bien desde qué trono Jesús pronuncia su sentencia su gloria. ¿Cuándo se ha manifestado en plenitud su gloria? ¿En qué trono estaba sentado cuando finalmente mostró plenamente toda su identidad, cuando mostró su rostro glorioso?
Aquí está el malentendido del que comenzó la interpretación errónea de este pasaje del Evangelio. Todo comenzó a partir de la imagen equivocada de este trono en el que él estaba sentado. Hubiera sido suficiente leer el versículo que sigue a nuestro texto donde el Hijo del hombre apareció en el esplendor de toda su gloria. Inmediatamente después, en el siguiente versículo dice: “Cuando terminó este discurso, Jesús dijo a sus discípulos: Ya saben que dentro de dos días se celebra la Pascua y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado”.
El Hijo del Hombre les muestra sobre qué trono será elevado porque es en ese trono donde mostrará toda su gloria. El trono es la cruz; es allí donde aparece en plenitud el rostro glorioso del hombre. El hombre exitoso, el hombre que donó toda su vida por amor; y el juicio ocurrirá frente a este hombre porque él es el hombre verdadero, el que encarna la perfección de lo humano. Jesús de Nazaret es el que ha hecho de su vida un regalo de amor.
De frente a este hombre, al final de la vida todos nos tendremos que presentar; tendremos que presentar nuestra vida entregada y sobre este hombre seremos evaluados si lo hemos logrado o si nuestra vida ha sido un fracaso. Y frente a este hombre habrá una separación: las ovejas a la derecha y las cabras a la izquierda. La imagen está inspirada en la práctica de los pastores que en la tarde separaban las ovejas de las cabras ¿por qué razón? Porque las cabras no tienen lana y por lo tanto tenían que ser resguardadas, mientras que las ovejas podían quedarse en la intemperie. Notemos bien que durante todo el día ovejas y cabras permanecen juntas, en la misma grey y en la noche llega la separación.
Es la misma imagen que encontramos en las parábolas de Jesús donde el grano crece con la cizaña, los peces buenos y los peces malos están en la misma red; las vírgenes prudentes y las vírgenes necias. Tengamos en cuenta que aquí pasa lo mismo. Lo esclareceremos mejor más adelante, pero ovejas y cabras se quedan juntas. Al final se produce una separación.
Comencemos a preguntarnos: ¿Las ovejas son solo ovejas o en algún momento de su vida también son cabras? ¿Las cabras son solo cabras o hay momentos en su vida en las que han sido ovejas? ¿Cómo sucederá la separación si en cada persona está presente el cordero, en ciertos momentos, y el cabrito en algunos otros momentos? Si fueran dos grupos bien distintos de gente sería fácil de separar, pero es como el trigo y la cizaña, está presente en cada persona. Luego veremos, más adelante, cómo se lleva a cabo el juicio.
Y también nos preguntamos: ¿Por qué Jesús elige la imagen de las ovejas y las cabras?Tal vez pensamos porque las ovejas son buenas y las cabras son malas. NO. Es solo una cuestión de color. Un libro famoso de la época de Jesús, el primer libro de Enoc, presenta en algunas páginas, la imagen de los hombres como bestias, como animales, y también está la imagen de los hombres como corderos o como cabras. Dice claramente que por su color las ovejas son blancas y las cabras son oscuras, negras. Símbolos de la luz: los corderos, y de la oscuridad: las cabras. El cordero es el que deja transparentar la luz que lo asemeja al Hijo del hombre exitoso. El cabrito es oscuridad, no hay luz, no sale de él la luz que le hace asemejarse al Hijo del hombre.
¿En qué se revela lo humano en nosotros y por tanto el parecido con el Hijo del Hombre, el hombre real? Esto es lo que la narración nos lo dice con toda claridad. Serás semejante al Hijo del hombre, al hombre exitoso, si has practicado estas seis obras de amor; si le has dado comida a que tenía hambre, de beber al que tenía sed, si has acogido al forastero, si vestiste a quien estaba desnudo, asistido al enfermo, visitado al que estaba en la cárcel. Luego de esta sentencia, pronunciada por el Hijo del hombre, hubiéramos esperado saltos de alegría, cantos y bailes de los que estaban a la derecha. En vez, los corderos hacen una objeción extraña y preguntan: ¿Cuándo hemos hecho todas estas cosas?
Es un artificio literario. ¿Por qué se introduce? Para hacernos escuchar las seis obras de misericordia nuevamente, para que las tengamos bien grabadas en la mente porque en eso se va nuestra vida. Si las practicamos somos personas, si las descuidamos no somos personas. Escuchemos: “Los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber, emigrante y te recibimos, desnudo y te vestimos?¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y fuimos a visitarte? El rey les contestará: Les aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de éstos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mí”.
Tal vez nos aburrimos un poco escuchando la lista de las seis obras de misericordia la segunda vez, pero preparémonos: Jesús nos dejará escuchar esta lista dos veces más porque es el centro del mensaje que quiere inculcar, nos quiere enseñar cómo llegar a ser personas auténticas, amando, prestando atención a las necesidades del hermano. Y esta lista de personas a ayudar no la inventó Jesús, ya era conocida en todo el antiguo Medio Oriente.
La encontramos en la biblia, en el libro de Job; la encontramos sobre todo en el capítulo 58 de Isaías donde se presenta el ayuno que agrada a Dios: dar de comer a quien tenga hambre, de beber a quien tenga sed, vestir al desnudo, compartir el pan… es la misma lista de obras de amor.
Y también la encontramos fuera de Israel. Es célebre lo que está escrito en el capítulo 125 del libro de los muertos. En Egipto era un texto que desde el segundo milenio se colocaba junto al difunto para acompañarlo en el difícil viaje hacia la eternidad, al reino de los muertos. Este libro era un conjunto de fórmulas mágicas religiosas que tenía que ser pronunciado por el difunto a lo largo de este viaje. Está escrito lo que tendrá que decir cuando se encuentre frente a Osiris: ‘Hice lo que hace regocijarse a los dioses: di pan a los hambrientos, di agua a los sedientos, vestí a los que estaban desnudos, ofrecí un pasaje a los que no tenían embarcación; hice lo que los hombres notan y lo que complace a los dioses’. Esto es lo que tenía que decir el difunto delante de Osiris; exactamente nuestra misma lista; esta lista de buenas obras estaba muy extendida.
Hay, sin embargo, un detalle que solo encontramos en la boca de Jesús. En ninguna otra lista aparece la solicitud para visitar a los prisioneros; solo Jesús recomienda atención hacia estas personas. Los prisioneros no despertaban piedad; ellos habían perdido el honor, la dignidad, los afectos; eran abandonados por todos porque a diferencia de los otros necesitados, los hambrientos, sedientos, enfermos, los presos son los responsables de su miserable condición; fueron a buscar la desgracia. La lista que hizo Jesús, la lista conocida por todos, es muy significativa. Entenderemos más adelante la razón por la que insertó la visita a los presos.
Ahora somos capaces de definir el objetivo de este género literario. Es una invitación urgente a tomarnos la vida en serio y quiere enseñarnos cómo comportarnos si queremos ser persona. Como ejemplo quiero leerles una famosa escena de juicio rabínico. Es el midrash al salmo 118 y en este texto encontraremos una analogía impresionante con la narración que hemos escuchado de la boca de Jesús. Dice: ‘En el mundo futuro a quien sea juzgado se le preguntará cuáles han sido tus obras. Si responde: He dado de comer a los hambrientos, se le dirá: esta es la puerta del Señor entra por ella. Si contesta que ha dado de beber a los sedientos, se le dirá: esta es la puerta del Señor, entra por ella. Si responde que vistió al desnudo, se le dirá: esta es la puerta del Señor, entrar por ella. Lo mismo pasará con los que criaron huérfanos, con los que dieron limosna y con cualquiera que haya hecho obras de amor’. Al referirse a este diálogo, los rabinos no pretendieron revelar las palabras que Dios habría pronunciado al fin del mundo. Querían inculcar los valores en los que enfocar la vida en este mundo.
Y ahora llega la sentencia de condena para los que están a la izquierda, para las cabras;es la condenación de la oscuridad, de lo inhumano, presente en nosotros cuando no nos parecemos a Jesús de Nazaret, cuando no amamos como él amaba. Estamos en la oscuridad. Escuchemos la sentencia:
“Después dirá a los de su izquierda: Apártense de mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, era emigrante y no me recibieron, estaba desnudo y no me vistieron, estaba enfermo y encarcelado y no me visitaron”.
Los rabinos solían repetir sus enseñanzas dos veces para imprimirlas mejor en la mente de los discípulos. Algunas veces ellos simplemente las repetían con otras palabras. Esto nosotros lo llamamos ‘paralelismo sinonímico’. Otras veces, en cambio, volvían a presentar su mensaje de forma negativa, que es el caso de nuestro pasaje del Evangelio de hoy. Jesús ya ha utilizado esta forma de comunicar el mensaje, por ejemplo, cuando habla de la casa construida sobre la roca que no colapsa, aunque lleguen los ríos, luego dice, que si construyes una casa en la arena… Esta segunda parte no agrega nada nuevo al mensaje, sólo sirve para que se destaque mejor.
¿Qué es lo que Jesús quiere resaltar al proponer en forma negativa lo que ya ha dicho?Nos ha hecho escuchar por tercera vez la lista de obras de amor y lo que les pasa a quienes no las practican, a quienes se comportan como una cabra, a quienes no se interesan por el necesitado. Sencillamente, no se parece al Cordero, al Hijo del hombre, no tiene nada que vercon el que ha hecho de su vida un regalo de amor; no es una persona. Esta condición, se expresa diciendo que es un maldito.
Maldecir, en la biblia, significa declarar que uno está alejado de la vida, ha elegido la muerte. Pero notemos que no es el Padre el que maldice. Anteriormente Jesús dijo: “Vengan benditos de mi Padre”. No se dice que aquí maldice. NO. Son estas personas que no practican las obras de amor las que se maldicen, se han distanciado del hombre triunfador. Y ¿cuál es su destino? El fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.
Aquí nos enfrentamos a una amenaza y a una buena noticia, al evangelio. Comencemos a aclarar las impresionantes imágenes que usó Jesús. No las inventó porque eran las que usaban todos los predicadores de la época. De estas imágenes está llenas la literatura apocalíptica y tengamos en cuenta que son imágenes, no son información. No confundamos el contenido,que es el mensaje, con la cubierta que lo envuelve que son las imágenes.
¿Dónde se encuentran abundantemente estas imágenes? En un libro muy famoso en la época de Jesús; ya habían comenzado a escribirlo dos siglos antes. El primer libro de Enoc,donde se habla de los malvados que son arrojados en la gehena, en el valle profundo donde arde un gran horno perennemente. Dice este libro que este fuego fue preparado para Hazazel,el líder de los demonios, y para el ejército de todos los ángeles malignos. Porque ellos imaginaban que Dios tenía sus ángeles buenos, pero también Hazazel tenía su ejército.
En la apocalíptica judía, los ángeles buenos, el ejército que Dios tiene no permanece inactivo. En el libro de Enoc se dice que estos ángeles preparan las cadenas para atar a satanás. Luego están Miguel, Gabriel, Rafael, Fanuel quienes encadenan los espíritus aliados de satanás y los arrojan al horno de fuego. ¿Cómo nació esta imagen del valle de la gehena,del fuego perenne?
Tengamos en cuenta que Jesús habla precisamente de la gehena con esta imagen que tomó del libro de Enoc y que era una imagen corriente entre los predicadores. Jesús nunca habla del infierno; en los evangelios este término no aparece. Se habla de este valle malditoque es el que se encuentra al sur de la ciudad de Jerusalén, en la confluencia con el valle del Cedrón. Lo ven detrás de mí, ese es el lugar maldito. Pueden ver el convento de san Onofrio que era el ‘tofet’, el lugar maldito porque allí se ofrecían sacrificios humanos al dios Moloc; por lo tanto, un lugar maldito por los profetas. Y allí estaba también el basurero de la ciudad; ardía un perenne fuego nauseabundo porque allí llegaban todos los desperdicios; y allí también estaban las tumbas por lo que un lugar impuro. En esas cuevas hasta los leprosos se refugiaban. Y precisamente allí, donde está el convento de san Onofrio, se ubica también el lugar donde Judas se ahorcó.
Este valle se convirtió en la imagen del lugar donde son arrojados los que cometen algún error. Y son atormentados por el fuego. Y existían diversas opiniones sobre la duración de estos tormentos. En la religión persa los malvados simplemente eran consumidos por el fuego. En vez, el aspecto punitivo era típico de las narraciones apocalípticas de los judíos. Pero, ¿cuánto tiempo duraba este castigo? El rabino Iba, el grande, decía que duraba 12 meses. En cambio, el rabino Johanan Benhur, decía que solo duraba desde Pascua hasta Pentecostés.
Si no tenemos en cuenta que Jesús está usando las imágenes conocidas por todos, y que no está dando información, se corre el riesgo de interpretar el texto del Evangelio de manera blasfema y de atribuir a Dios la justicia del verdugo; pero esta es nuestra justicia, no la suya.
Ciertamente, las imágenes son fuertes. Existe una amenaza: ten cuidado porque la parte de tu vida en la que no has construido el amor, termina en el basurero de la gehena; allí se quema y de esa parte no queda nada. Y sería dramático tener que verificar al final de tu vidaque quizás una gran parte no fue vivida de manera humana porque no amabas. En este punto la pregunta: ¿Está condenando Jesús a estas personas infelices o está condenando las elecciones erradas de vida que hicieron?
Jesús nos enseñó que el Padre celestial odia el mal, nadie odia el pecado como él porque el pecado desfigura el rostro de sus hijos que no se parecen a Él porque Él es amor. El Padre celestial ama y siempre amará incondicionalmente al pecador porque es su hijo, su hija, que lamentablemente ha tomado decisiones infelices.
Tengamos presente que nadie hace solamente el mal, nadie es siempre y solamente una cabra. Todos, mucho o poco, también aman, son corderos y esta parte de cordero de su vida¿terminará también en la gehena? Si son las personas las que acaban en la gehena, no hay duda que también el divino que existe en ellas, se acaba quemado. Pero sería una locura pensar así. En el fuego de la gehena no terminan las personas, lo que acaba allí es todo y solamente el mal presente en cada persona. De cada uno permanecerá, en vez, lo que es fruto del Espíritu de Cristo.
Escuchemos ahora la objeción de los que están en la izquierda y la respuesta que da el Hijo de hombre:
“Ellos replicarán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, emigrante o desnudo,enfermo o encarcelado y no te socorrimos? Él responderá: Les aseguro que lo que no hicierona uno de estos más pequeños no me lo hicieron a mí. Éstos irán al castigo perpetuo y los justos a la vida eterna”.
Los que están a la izquierda entonces se sorprenden, desconcertados, por la sentencia de condena. Parece que no se lo esperaban. La pregunta que hicieron le brindó a Jesús la oportunidad de hacerse escuchar, por cuarta vez, la lista de trabajos por hacer si uno quiere parecerse al Hijo del hombre.
Y esta sorpresa de la gente de la izquierda es una invitación a la reflexión porque podría ser la sorpresa de muchos creyentes que son escrupulosos en la observancia de prácticas devotas, pero quizás han olvidado que lo que los hace parecer al Maestro son las obras de amor. Por esto las repitió cuatro veces.
Con respecto a todas las listas de obras de misericordia que se conocían en todo el antiguo Medio Oriente, en la boca de Jesús hay una novedad absoluta. Es esta: él dice que considera a estas personas necesitadas sus hermanos y hermanas, y agrega que lo que se les hace a ellos se le hace a él, ‘me lo hicieron a mí’, al Hijo de Dios. ¿Qué quiere decir?
Tratemos de aclarar un malentendido que se desprende de ciertas frases que oímos repetir: ’esa persona me es antipática… y, de hecho, es antipática a todos, pero la amo porque en ella veo a Jesús, en ella amo a Jesús… no lo amo a él porque es un desgraciado, pero amo a Jesús en él’. O también, ‘lo amo por el amor de Dios’. Si alguien me ama por el amor de Dios, simplemente no me agrada… si, en vez, él me ama porque Dios le hizo entender que soy digno de ser amado, entonces acepté su amor y Jesús nos hizo entender que toda personaes digna de ser amada, adorable, porque en él o en ella está el hijo o la hija de Dios.
Esta es la razón por la cual Jesús ha introducido en su lista entre los necesitados al encarcelado; es diferente de todos los demás necesitados porque los demás son así sin culpa y los presos, en cambio, son responsables de su condición porque es uno que ha cometido delitos, crímenes. Jesús dice: ‘en él está presente la dignidad del hijo de Dios’. Y cuando lo reconoces como hijo de Dios te pones a su servicio, lo amas. Es una persona necesitada de cariño, comprensión y estima.
La filiación divina no puede ser cancelada ni siquiera por el más grande pecado. La conclusión: “Éstos irán al castigo (suplicio) perpetuo y los justos a la vida eterna”. Es la única vez en los evangelios que aparece este término ‘castigo’. Si consultamos el texto griego original, aparece el término “κόλασιν’ – ‘kolasin’, que no significa suplicio o castigo. El primer significado que tiene esta palabra en griego es ‘podar’. Viene del verbo ‘kolatzo’ que significa limpiar. Es lo que dijo Jesús cuando hablaba de la vid, de las ramas, una vid que tiene ramas secas y, después, estas ramas se echan al fuego porque se hace limpieza.
El podar es doloroso, llamémosla ‘purgatorio’ si queremos usar lenguaje tradicional. Una poda dolorosa porque frente al Hijo del hombre, al final de la vida, todos pasaremos por la poda de las ramas muertas de nuestra vida. Cuando no hayamos servido al hermano necesitado esos son momentos de nuestra vida que no han producido amor, se han quedado secos, no ha pasado por estas ramas la savia del Espíritu de Cristo; y estas ramas serán arrojadas al fuego y no quedará nada de ellas.
Es esa parte de nuestra vida que se cancela, pero la poda ciertamente no podrá tocar la identidad del hijo o la hija de Dios presente en cada persona. Y cuando el Hijo del hombre,como dice Pablo escribiendo a los corintios: “Entregará el reino en manos del Padre”, seguro que no faltará ningún hijo suyo, de lo contrario la fiesta no podrá comenzar.
Este es el evangelio, esta es la buena noticia.
Les deseo a todos un buen domingo y una buena semana.
