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DECIMONOVENO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO – AÑO A

Mateo 14,22-33

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Un saludo a todos.

Recuerden que el texto evangélico de la semana pasada concluía con la escena de los doce apóstoles quienes, después de haber servido a la muchedumbre que Jesús había hecho recostar sobre la hierba verde, recogieron doce cestas de trozos de pan. Evidentemente, una cesta para cada apóstol. Y también les hice notar que Mateo ya no habló de peces y que a los apóstoles solamente les quedaba el pan. ¿Qué han hecho? Lo han llevado consigo… ¿A dónde? Esta es la pregunta. Y el evangelista Mateo la responde en el texto de hoy con una narración enigmática, llena de simbolismos bíblicos que trataremos de descifrar.

Jesús dará una orden a los discípulos: les dirá a dónde llevar ese pan que digámoslo inmediatamente es él mismo. ¡Él es el Pan! Él es la Palabra de vida; ese pan es su Evangelio. ¿A dónde lo deben llevar? Escuchemos:

Después de la señal del compartir el pan, Jesús mandó a los discípulos embarcarse inmediatamente y pasar antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.

Hemos oído que Jesús no dio una orden a sus discípulos de partir e ir a la otra orilla. No les dio una orden, los ha obligado. El verbo griego es ἠνάγκασεν (anankasen), que traducimos como “ordenar”, “obligar”. Jesús obliga a sus discípulos a partir y cruzar a la otra orilla porque ellos se resisten a hacerlo. No quieren subirse a la barca y partir solos. En el Evangelio, la expresión “llegar a la otra orilla” significa “ir hacia Oriente”. Si miramos un mapa geográfico del Lago de Galilea, comprenderemos que “ir hacia Oriente” significa ir hacia la tierra pagana donde la gente cría cerdos y, por lo tanto, es gente impura, inmunda…Jesús les pide a sus discípulos que a esa gente le lleven el Pan que –ya hemos dicho– es Cristo mismo, es el Evangelio. Pero ellos no lo quieren llevar a la otra orilla; lo quieren retener para el pueblo santo, para su pueblo, el pueblo de Israel.

Para comprender acabadamente el texto del Evangelio de hoy, debemos hacer mención a la situación que está viviendo la comunidad del tiempo de Mateo. Las comunidades cristianas están preocupadas por un problema que les afecta mucho. Y esta vez, el problema no viene de afuera, no viene de la oposición del mundo pagano; es un problema interno a la comunidad. ¿De qué se trata? El libro de Los Hechos de los Apóstoles refiere que muchos fariseos se habían convertido a Cristo, habían entrado en la Iglesia pero habían creado problemas serios porque seguían siendo fariseos, firmes en sus posiciones tradicionalistas y se resistían a aceptar la novedad del Evangelio. La novedad del Evangelio es cosa muy grande: el amor incondicional de Dios para todos. Los fariseos seguían pensando que las bendiciones de Dios estaban reservadas a los hijos e hijas de Abrahán. No habían comprendido que la elección del pueblo de Israel no era ‘contra’ los paganos sino a favor de ellos.

En este contexto, para ayudar a resolver a la luz de Cristo este conflicto interno de la comunidad, el evangelista Mateo ha introducido el texto que estamos examinando. Se trata de una página de catequesis compuesta con imágenes, con simbolismos bíblicos que son bien conocidos a los lectores de Mateo y que también nosotros comprenderemos bien.

Por tanto, los doce parten solos, de mala gana, y se dirigen hacia la tierra pagana. Escuchemos cómo continúa el texto: 

Después de despedirla, subió él solo a la montaña a orar. Al anochecer, todavía estaba allí, solo.

Es extraño que Jesús no vaya con los discípulos a la otra orilla y se dirija solo a la montaña a orar. ¿Qué necesidad había de ir a la montaña a orar? Luego, llega la noche y se queda solo allí en la montaña. Como crónica, el hecho nos deja un tanto desconcertados y perplejos, pero si tenemos en cuenta el simbolismo del monte en la Biblia y en los Evangelios, entonces todo empieza a ser más claro. La llanura es el lugar donde se desarrolla nuestra vida; la montaña indica el mundo de Dios, y subir a la montaña significa ir al encuentro del Señor.

Los discípulos que vemos partir en la barca están solos o más bien se sienten solos porque no tienen a Jesús físicamente con ellos. ¿Por qué los ha dejado Jesús? Nos lo dice el relato de Marcos con una imagen: porque la tarde ha llegado”. Es la tarde de Jesús; su día ha llegado a su fin el día de su vida y sube a la montaña. Ahora entendemos de qué atardecer se trata en el simbolismo de Mateo. Es el final de la vida de Jesús lo que se representa con esta imagen. Jesús ha dejado nuestro mundo y ha entrado en el mundo de Dios. Ha atendido a la muchedumbre, símbolo de toda la humanidad; ha concluido su misión,ha consumido toda su vida dándose a sí mismo como pan, curando todas las enfermedades, y ahora ha entrado definitivamente en el mundo de Dios.

Por eso los discípulos se encuentran solos. Jesús ya no está visiblemente con ellos.Repito que no se trata de una página de crónica sino de una parábola compuesta por Mateo con simbolismos bíblicos para dar respuesta a los problemas de sus comunidades. Veamos estos simbolismos.

La barca es la Iglesia, es la comunidad de discípulos que se mueve en el mar; y el mar es el símbolo de todo lo que se opone a la vida. En la barca están los que deben llevar a Cristo,el Evangelio, a todos sin discriminación, a cualquier pueblo, nación, cultura, a la condición social que pertenezcan; y está claro que el mal, representado por la imagen del mar, se opondrá; todas las fuerzas negativas se unirán para impedir esta travesía.

La barca con los discípulos no se mueve a la luz del sol sino durante la noche, en la oscuridad. ¿Qué significa esta oscuridad? El libro del Génesis nos dice que la primera criatura de Dios fue la luz y desde entonces, en la Biblia y también en el Nuevo Testamento, la luzsiempre indica todo lo que es bello, lo que es positivo. El Salmo 104 dice: “Dios está envuelto en luz como en un manto” (Sal 104,2). La Primera Carta de Juan, justo al principio, dice: “Dios es luz; en él no hay ninguna oscuridad” (1 Jn 1,5). Por otro lado, la oscuridad yel color negro que representa la oscuridad son símbolos del reino del mal y de la muerte. Dice Job que el sheol, el mundo de la muerte, es tierra de tinieblas y oscuridad. Por eso, la oscuridad que envuelve a los discípulos en la barca es el símbolo de su desorientación; deben cumplir una orden del Señor pero vacilan, están confundidos, parece que ya no ven con claridad a dónde deben ir.

Es una imagen del difícil momento que atraviesan las comunidades de la época de Mateo. Pero no sólo las de aquel tiempo. También es una imagen de nuestra realidad eclesialde hoy. ¿No tenemos muchas veces la sensación de estar envueltos por la oscuridad? Estamos desorientados, ¿verdad? Muchas veces no sabemos qué opciones tomar, qué posiciones adoptar, cómo debemos movernos y tantas certezas que vemos se ponen en duda y nos preguntamos qué estará bien, qué estará mal. Jesús nos aseguró que las puertas delinframundo, es decir, el mundo de las tinieblas y del mal, no resistirán el impacto con el Evangelio, atravesarán toda resistencia. Pero a menudo tenemos el sentimiento contrario, es decir, que el reino del mal es demasiado fuerte para nosotros, que es invencible, impenetrable para el Evangelio. Y, muchas veces también nos embarga la duda de que nuestro compromiso con la causa del reino de Dios ya no sea útil. Estas son las noches de nuestra Iglesia, las noches de abandonos, de desalientos, de oposiciones, de divisiones que existen en el seno de nuestras comunidades.

También a nivel personal experimentamos la experiencia de estas noches angustiosas; la vida a veces nos enfrenta a acontecimientos desconcertantes, a grandes dramas, a traiciones e injusticias hasta el punto de que incluso nuestra fe a veces se tambalea, entramos en crisis y nos preguntamos si todavía vale la pena seguir comportándonos según el Evangelio; nos sentimos solos, tenemos la inquietante experiencia de lo que se llama el silencio de Dios; ya no sentimos su presencia a nuestro lado y en nuestros corazones ya no oímos su voz que resuene fuerte y clara.

Escuchemos ahora lo que le está pasando a esa barca que, moviéndose en la noche, estádirigiéndose hacia la meta indicada por Jesús:

La barca se encontraba a buena distancia de la costa, sacudida por las olas, porque tenía viento contrario.

La barca era zarandeada por las olas. El verbo griego que se utiliza es βασανιζόμενον(basanozómenon) que viene de βάσανος (básanos), una piedra durísima utilizada en Asia Menor para comprobar si un metal era valioso o vil. El metal se frotaba con básanos. Pero aquí el significado de este verbo no es sólo frotar sino que significatorturar para probar la resistencia de esta barca.

¿Qué son estas olas? Son las pruebas que toda comunidad cristiana debe afrontar hoy y hay que afrontarlas. ¿Cuáles son hoy estas olas que nos sacuden y nos zarandean? Lasconocemos bien: las olas de la mundanidad, que te proponen como bueno lo que gusta, como correcto lo que hace todo el mundo, que te propone como un ideal de ser humano a aplaudiral exitoso, es decir, todo lo contrario de lo que proponen las Bienaventuranzas de Jesús de Nazaret.

Y son las olas de las dificultades que vienen de dentro de la Iglesia, las olas de los escándalos, de la dureza de corazón a la hora de escuchar la palabra de Dios, las olas de esas tradiciones obsoletas que algunos aún se empeñan en mantener, ciertas credulidades que nada tienen que ver con el Evangelio. Esto pone a dura prueba a la comunidad cristiana que quiere, en cambio, abrirse plenamente a la propuesta del Evangelio. Estas son las pruebas que nos hacen sufrir pero que pueden y deben purificarnos porque revelan el oro de la verdadera fe ycuáles son los metales comunes que no tienen nada que ver con ella. Son las olas que experimentamos continuamente y que también golpean fuera de la barca a aquellos cristianos inseguros, indecisos, no convencidos. Y luego está el viento en contra. No sólo las olas sino la oposición del viento. Las comunidades cristianas no tienen el viento en la popa del mundo.

En la Biblia se habla a menudo del viento que sopla contra los barcos. El Salmo 48, por ejemplo, habla del viento del Este que rompe los barcos de Tarsis; y el Salmo 107 dice queexiste el viento que causa tormentas en el mar, tormentas que arrastran barcos a los abismos y hacen que los marineros se tambaleen como borrachos. Creo que aquí hay una presentación muy eficaz de lo que ocurre también hoy en nuestras comunidades cristianas. Es la experiencia que todos hacemos y que estamos llamados a enfrentar. La mundanidad nunca sopla a favor del Evangelio. Si ante ciertas oposiciones empezamos a dudar de las elecciones que hemos hecho, significa que nuestra fe en Cristo es débil y frágil.

Pero ¿realmente, como los Doce, creemos que nos enfrentamos solos a la travesía,abandonados, olvidados por Jesús? Escuchemos:

Ya muy entrada la noche Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago. Al verlo caminar sobre el lago, los discípulos comenzaron a temblar y dijeron: ¡Es un fantasma! Y gritaban de miedo. Pero Jesús les dijo: ¡Ánimo! Soy yo, no teman”.

En todas las culturas del Antiguo Medio Oriente se consideraba que el mar era el símbolo del mal, de lo demoníaco, de la muerte. En Babilonia había una fiesta muy famosa de Año Nuevo, el Akitu. Durante esta fiesta, el día más solemne, el sumo sacerdote de Marduk cantaba el Enuma Elish, es decir, el relato mítico de la Creación en el que se narra una lucha titánica entre el dios supremo, Marduk, y Yam, el mar imaginado como un monstruo que quiere perpetuar el caos e impedir la vida.

También encontramos en la Biblia esta imagen mítica del mar como monstruo enemigo al que se enfrenta el Señor. El Dios de Israel no lo vence al final de una lucha épica; lo domina de forma muy pausada con su palabra. En el libro de Job, en el que el profeta expresa su tremendo dolor y se lamenta fuertemente a un Dios que parece indiferente, Dios interviene finalmente para responderle y, en un momento dado, le pregunta: “¿Dónde estabas cuando creé el mundo, cuando puse los cimientos de la tierra? ¿Dónde estabas cuando formaba las montañas? Y luego: ¿Dónde estabas cuando dije al mar: «Llegarás hasta aquí no más;aquí romperé el orgullo de tus olas?» (Job 38,11). Aquí está Dios, así manifiesta Dios quedomina tranquilamente el mar con su palabra.

Es necesario tener presente este simbolismo para comprender la historia que estamos examinando. Los discípulos no temen ahogarse en las aguas del Mar de Tiberíades o el laguito de Tiberíades; después de todo, ellos son hábiles nadadores. El único que probablemente no sabía nadar era Jesús, porque venía de las montañas de la Baja Galilea, de Nazaret. Son otras aguas las que asustan a los discípulos; ellos temen ser sumergidos por las aguas del paganismo, temen ir al fracaso de su misión. Es la situación de las comunidades a finales del siglo I y también la situación de nuestras comunidades hoy.

En esta dramática situación aparece Jesús caminando sobre las aguas del mar. Este hecho se recuerda dos veces porque es muy importante. Él no teme estas olas que, en cambio,asustan a los discípulos, camina tranquilamente sobre las aguas, las pisa como quien puedetranquilamente poner al enemigo bajo sus pies. ¿Quién es este? El libro de Job nos dice que solo Dios camina sobre las olas del mar (Job 9,8). Los discípulos lo ven pero no lo reconocen; creen que se trata de un fantasma. Mateo no está relatando un hecho material; está describiendo con imágenes bíblicas la situación de las comunidades cristianas atormentadas por tantas pruebas, angustiadas por las dudas y sobre todo desorientadas por el hecho de que ya no tienen visiblemente con ellos al Maestro que les habría infundido seguridad y valor.

El evangelista quiere iluminar a estas comunidades y también a las nuestras, y por ello les recuerda una verdad que ellos saben muy bien y que deben mantener siempre presente: el Resucitado no se ha alejado, no les ha abandonado a su suerte; está a su lado siempre, como prometió, hasta el fin del mundo. No físicamente, como cuando recorrió las calles dePalestina sino de forma diferente pero no menos real. Además, está al lado de cada unoporque ya no está condicionado por las limitaciones de espacio y tiempo. Antes, cuando estaba en Nazaret no estaba en Cafarnaún, y su madre lo sentía lejano; ahora ya no, porque todos los límites del espacio y del tiempo se han derrumbado. Pero no hay que confundirlo con los fantasmas. El día de Pascua, cuando el Resucitado se presenta en medio de los discípulos reunidos, estos se asustan, se asombran, creen ver un fantasma. Es él, pero en una condición completamente diferente, y los ojos materiales no pueden verlo; sólo la mirada de la fe es capaz de reconocerle.

Intentemos preguntarnos si somos realmente conscientes de esta presencia real delResucitado a nuestro lado o esta presencia es más bien vaga, muy evanescente, un poco como la de un fantasma. Si, de hecho, no incide realmente en nuestras elecciones, si no lo sentimos realmente presente, entonces no es no es de extrañar que, en los momentos difíciles, al sentirnos solos, nos asustemos.

Y ahora Mateo introduce en la narración, que también encontramos en Marcos y en Juan,este relato de Jesús caminando sobre las aguas. Pero sólo Mateo introduce una extraña petición de Pedro a Jesús. Escuchemos:

Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir por el agua hasta ti. Ven, le dijo. Pedro saltó de la barca y comenzó a caminar por el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir el fuerte viento, tuvo miedo. Entonces empezó a hundirse y gritó: ¡Señor, sálvame!Al momento Jesús extendió la mano, lo sostuvo y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”

La pregunta de Pedro no solo es extraña sino que es completamente improbable. ¿Cómo puede un nadador experimentado como él tener miedo de hundirse en las aguas del Lago de Galilea? Aquí estamos en la cúspide del simbolismo de este relato. El miedo de Pedro es otro: es que, después de dar su vida como Jesús le pide, sea tragado para siempre por las aguas del mar que es la muerte. Esta es una imagen que se repite en la Biblia. El salmista, el autor del Salmo 18, relata el drama que vivió cuando le sobrevino una enfermedad mortal y lo describe así: “Me cercaban lazos mortales, torrentes destructores me aterraban”. “El sheol, las olas del océano, estaban a punto de sumergirme”.

El temor de Pedro es este: “Si yo voy hacia Jesús, es decir, si hago lo que me pide, es decir, dar mi vida como él ha hecho, ¿no la perderé? ¿No seré devorado para siempre por las aguas de la muerte? Y, al final, ¿no me quedaré acaso con el remordimiento de no haber disfrutado de la vida como los paganos?’ Éste es el temor de Pedro, el de dar la vida.

Pedro sabe que Jesús no fue tragado por las aguas de la muerte. Este relato fue compuesto después de que los discípulos tuvieran la experiencia del Resucitado. Pero Pedro quiere estar seguro de que le ocurrirá lo mismo que vio que le ocurrió a Jesús, es decir, la entrada en la vida, en el mundo de Dios. Y Jesús le invita a ir hacia él, le pide que haga lo que él ha hecho. Pedro lo intenta pero después empieza a dudar de haber tomado la decisión correcta. Empieza a tener miedo.

Pedro es la imagen de nuestra condición de discípulos indecisos, dudosos. Nosotroscreemos en Jesús pero hasta cierto punto; entonces, en cierto momento, ya no confiamos en dar la vida, o no estamos dispuestos a darla toda; en cierto momento incluso queremos quedárnosla para nosotros. La duda no es que Jesús no tenga razón, que el don de la vida por amor no sea la elección correcta; la duda es otra. Es que no nos sentimos muy seguros de poder llegar hasta el final. Entonces, ¿qué hace Pedro? Pide ayuda al Señor. Es lo que se nos invita a hacer; él puede darnos esta fuerza que es su Espíritu para vivir la vida donada, como Jesús lo hizo. Esta duda, dice Jesús, es el signo de escasez de fe; tenemos un poco de fe pero no mucha. En él confiamos pero sólo hasta cierto punto.

Tal vez hubiera sido mejor para Pedro no salir de la barca, quedarse con los otros discípulos, haber hecho otra la elección. Escuchemos:

Cuando subieron a la barca, el viento amainó. Los de la barca se postraron ante él diciendo: Ciertamente eres Hijo de Dios.

Hay muchos momentos oscuros por los que tenemos que pasar en nuestra vida y son muchas las tormentas que sacuden la barca de la Iglesia. ¿Qué hacer en esos momentos?Pedro toma la decisión de salir de la barca; debería haberse quedado con sus hermanos y hacer lo que Jesús le había pedido: “Confirma a tus hermanos en la fe”. Es esta la tarea que Jesús le encomendó pero él salió de la barca. Debía acoger a Jesús en la barca, es decir, hacer que todos sus hermanos tomen conciencia de que el Resucitado no es un fantasma sino una presencia real en la comunidad cristiana y en la vida de cada uno de nosotros.

El mensaje que se nos da en este pasaje es precisamente éste: En los momentos difíciles de tu vida, en los momentos borrascosos de la Iglesia, acoge el Evangelio, acoge a Cristo en tu vida, acoge a Cristo en la vida de la Iglesia, y te darás cuenta de que, entonces, las tormentas amainarán.

Les deseo a todos un buen domingo y una buena semana.

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