1

Pues bien, su esperanza queda defraudada. ¿También Dios al verlo quedará derribado?

2

No será cruel cuando lo provoque. ¿Quién resistirá frente a mí?

3

¿Quién me hará frente y saldrá ileso? Cuanto hay bajo el cielo es mío.

4

No dejaré de describir sus miembros ni su fuerza incomparable.

5

¿Quién le abrió su dura piel y penetró por su doble coraza?

6

¿Quién abrió las dos puertas de sus fauces rodeadas de dientes espantosos?

7

Su espalda son hileras de escudos cerrados y duros como la piedra,

8

tan unidos unos con otros que el aire no pasa entre ellos;

9

soldado cada uno con el vecino, se traban y no se pueden separar.

10

Su estornudo es como relámpago, sus ojos parpadean como la aurora;

11

de sus fauces salen antorchas y se escapan chispas de fuego;

12

de sus narices sale una humareda como de un caldero hirviente;

13

su aliento enciende carbones y saltan llamaradas de sus fauces.

14

En su cuello se asienta la fuerza, ante él danza el terror.

15

Su carne es compacta, firmemente pegada a su cuerpo;

16

su corazón es duro como roca, duro como piedra para moler.

17

Cuando se levanta, tiemblan los héroes, y se rinden consternados.

18

La espada que lo alcance no resiste, ni la lanza, ni el dardo, ni el asta,

19

pues para él el hierro es paja y el bronce madera carcomida;

20

no lo ahuyentan las flechas, polvo son para él las piedras de la honda;

21

para él la maza es pelusa, se ríe del silbido de la flecha.

22

Su panza de tejuelas afiladas araña el barro como un rastrillo;

23

hace hervir el fondo como una caldera y humear el agua como una caldera hirviente;

24

detrás deja estela brillante, el agua como barba encanecida.

25

En la tierra nadie se le iguala a él, que fue creado intrépido.

26

Se encara con todo lo elevado y es el rey de todas las fieras.

Comentarios

38:1 - 42:6

Discursos del Señor.

El Señor ha estado oyendo y tomando nota (35,13), ahora habla. Los amigos pensaban que no había necesidad de que Dios hablara. Job, por el contrario, sí; le ha pedido, o bien una lista de cargos, o bien un veredicto. Todos quedan sorprendidos. El Señor entra como uno más en el debate y responde con dos discursos (38,1–40,2; 40,6–41,26), a los que Job, a su vez, contestará brevemente con otros dos (40,3-5; 42,1-6). El Señor no responde a ninguna de las cuestiones planteadas; en realidad, sus palabras ofrecen solamente una serie de contrapregun-tas encaminadas a sacar a Job de su pequeño mundo y a abrirle un horizonte más amplio.

40:6 - 41:26

Segundo discurso del Señor.

El Señor lanza de nuevo un desafío. ¿Es realmente necesario que Job condene a Dios para afirmar su inocencia? (40,8). A continuación, se presenta la descripción de dos grandes mons-truos: Behemoth (40,15-24) y, más extensamente, Leviatán (40,25–41,26). Los expertos desean ver en ellos al hipopótamo y al cocodrilo –y así lo hemos traducido–, pero en la cultura del Medio Oriente también son mitos y símbolos del caos primordial, a los que el Señor, al crearlos, domina y controla. Probablemente estamos ante una mezcla de zoología y mitología. Dios desafía a Job: ¿Puedes tú, acaso, pasar una soga por sus narices? ¿Puedes capturarlos? (40,24). Ambos se pavonean por el mundo, embistiendo y atacando para hacer que todo vuelva al caos, pero no son ellos quienes mandan: ¡es Dios! Y Dios no los destruye; los controla.


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