1

Primer discurso de Bildad

Bildad de Suj habló a su vez y dijo:

2

¿Hasta cuándo hablarás de esa manera y serán tus palabras un huracán?

3

¿Puede Dios falsear el derecho o el Todopoderoso torcer la justicia?

4

Si tus hijos pecaron contra él, ya los entregó en poder de sus delitos.

5

Pero si tú madrugas por buscar a Dios y suplicas al Todopoderoso,

6

si te conservas puro y recto, él cuidará de ti y restaurará tu legítima morada;

7

tu pasado será una pequeñez comparado con tu magnífico futuro.

8

Pregunta a las generaciones pasadas, atiende a lo que averiguaron tus padres;

9

nosotros somos de ayer, no sabemos nada; nuestros días son una sombra sobre el suelo.

10

Pero ellos te instruirán, te hablarán con palabras salidas del corazón.

11

¿Brota el papiro fuera del pantano, crece sin agua el junco?

12

Todavía verde, sin que lo arranquen, se seca antes que otras hierbas.

13

Tal es el destino del que olvida a Dios, en eso acaba la esperanza del impío.

14

Su confianza es frágil, una telaraña su seguridad;

15

si uno se apoya en ella, no lo resiste; si se agarra a ella, no lo sostiene.

16

Lleno de savia, al sol, echa retoños por su huerto,

17

enreda las raíces entre piedras y se agarra al cerco de piedras.

18

Pero si lo eliminan de su sitio, éste reniega de él diciendo: Nunca te he visto.

19

Así acaba su alegre carrera, y otra planta brota de la tierra.

20

Dios no rechaza al hombre justo ni da la mano a los malvados:

21

puede aún llenar tu boca de risas y tus labios de gritos de júbilo;

22

tus enemigos se cubrirán de vergüenza y la tienda del malvado desaparecerá.

Comentarios

4:1 - 14:22

Primera sesión de discursos.

Horrorizados por los lamentos de Job y sus repetidos «¿por qué?», los tres amigos abandonan su sabio silencio y creen que deben responder. Los discursos que siguen a continuación se desarrollan en tres sesiones: 4,1–14,22; 15,1–21,34; 22,1–27,23. En las dos primeras, cada uno de los amigos y Job responden de forma extensa. La tercera sesión parece un poco desordenada, quizás por la confusión del texto.

8:1 - 8:22

Primer discurso de Bildad.

Con una observación insultante, el segundo amigo de Job entra en la refriega y se lanza de inmediato a defender la justicia de Dios. Aunque estaba implícita antes, ahora es cuando la cuestión aparece con tanta claridad (3). De acuerdo con la mejor tradición sapiencial, Bildad apela a la sabiduría acumulada en el decurso de los tiempos y transmitida por los antepasados (8-10). Haciéndose eco de ella, cita un proverbio: así como las plantas necesitan del agua para desarrollarse y florecer, así los humanos necesitan de Dios para crecer y prosperar (11s). A continua-ción, Bildad desarrolla el ejemplo de la persona que se olvida de Dios. Semejante amnesia espiritual solo puede acarrear tristes consecuencias; y aun en el caso de que esa persona alcance cierta prosperidad, esta estará siempre pendiente de un hilo (13-19). Por el contrario, Dios no se olvida del justo (20-22). Si Job se arrepintiera, su vida se llenaría de nuevo de risas y alegría. Irónicamente, Bildad nos hace entrever lo que efectivamente ocurrirá al final del libro (42,7-17).


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