1

La vida del hombre en la tierra es como un servicio militar, sus días son los de un jornalero:

2

como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, espera el salario.

3

Mi herencia son meses vacíos, me han sido asignadas noches de sufrimiento.

4

Al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré?; se hace larga la noche y me canso de dar vueltas hasta el alba;

5

tengo el cuerpo cubierto de gusanos y costras, la piel se me rompe y me supura.

6

Mis días corren más que la lanzadera del telar y se consumen sin esperanza.

7

Recuerda que mi vida es un soplo y que mis ojos no verán más la dicha.

8

No me verás, ojo del que mira, cuando me mires tú, ya no estaré.

9

Como la nube pasa y se deshace, el que baja a la tumba ya no sube;

10

no retorna a su casa ni vuelve a contemplarlo su morada.

11

Por eso no frenaré mi lengua, hablará mi espíritu angustiado, se quejará mi alma entristecida.

12

¿Soy el Océano o el Dragón para que así me vigiles?

13

Cuando pienso que el lecho me aliviará y la cama compartirá mis quejidos,

14

entonces me espantas con sueños y me aterrorizas con pesadillas.

15

Preferiría morir asfixiado, la muerte, antes que vivir con este cuerpo.

16

No he de vivir para siempre: déjame, que mis días son un soplo.

17

¿Qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él,

18

para que lo visites por la mañana y lo examines a cada momento?

19

¿Hasta cuándo seguirás vigilándome sin dejarme ni siquiera tragar saliva?

20

Si he pecado, ¿qué te he hecho? Centinela del hombre, ¿por qué me has tomado como blanco y me he convertido en carga para mí?

21

¿Por qué no me perdonas mi delito y alejas mi culpa? Si muy pronto me acostaré en el polvo, me buscarás y ya no existiré.

Comentarios

4:1 - 14:22

Primera sesión de discursos.

Horrorizados por los lamentos de Job y sus repetidos «¿por qué?», los tres amigos abandonan su sabio silencio y creen que deben responder. Los discursos que siguen a continuación se desarrollan en tres sesiones: 4,1–14,22; 15,1–21,34; 22,1–27,23. En las dos primeras, cada uno de los amigos y Job responden de forma extensa. La tercera sesión parece un poco desordenada, quizás por la confusión del texto.

6:1 - 7:21

Respuesta de Job a Elifaz.

Job replica en un fuerte arrebato emocional. Su angustia y sufrimiento son demasiado grandes como para expresarlos en palabras mesuradas (6,1s), pero puede hablar; es más, debe hablar. Job, entonces, recurre a la oración. Como en el capítulo 3, aún anhela la muerte, pero ese deseo nunca le lleva a contemplar el suicidio. Job no es una estatua de piedra o de bronce sin senti-mientos (6,12), sino una persona de carne y hueso que ha tocado fondo. Al reconocer por fin la presencia de sus amigos, les da una lección sobre lo que la amistad significa para él. Se espera que de un amigo se deriven lealtad y amabilidad en tiempos de aflicción. Por el contrario, estos amigos suyos se parecen a los arroyos de Palestina que tan pronto se llenan de lluvia como se secan. No se puede fiar de ellos (6,14-21): vinieron, vieron y se marcharon (6,21). Job les desafía a decirles en qué ha pecado para merecer tal situación (6,24). Job no guarda silencio. En el contexto del libro como un todo, los versículos 7 y 11 son verdaderamente importantes. La finalidad de la apuesta sugerida por Satán era ver cómo reaccionaría Job y qué diría. Ahora habla. ¿Por qué Dios no lo deja en paz, o al menos durante el tiempo suficiente para recobrar el aliento? (7,19). Incluso en el caso de que haya pecado (¡otra vez la cuestión!), ¿no puede Dios simplemente perdonar? Un abismo separa toda posible culpa de Job de sus sufrimientos. Pronto estará muerto y entonces ya será demasiado tarde (7,20s).


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