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Respuesta de Job a Elifaz

Respondió Job:

2

He oído ya mil discursos semejantes, todos ustedes son unos consoladores inoportunos.

3

¿No hay límite para los discursos vacíos? ¿Qué te impulsa a replicar?

4

¿Hablaría yo como ustedes si ustedes estuvieran en mi lugar? ¿Compondría discursos contra ustedes moviendo burlonamente la cabeza?

5

¿Los reconfortaría con la boca?, ¿o la compasión frenaría mis labios?

6

Pero aunque hable, no se alivia mi dolor, aunque calle, no se aparta de mí,

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y al fin Dios ha acabado con mis fuerzas, su guardia me ha prendido

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y se levanta a testimoniar contra mí acusándome en falso en mi cara.

9

El furor de Dios me ataca y me desgarra, rechina los dientes contra mí y me clava sus ojos agresivos.

10

La gente abre la boca para acusarme, me abofetean con desprecio, todos se confabulan contra mí.

11

Dios me entrega a los malvados, me arroja en manos criminales.

12

Vivía yo tranquilo cuando me destrozó, me agarró por la nuca y me descuartizó, hizo de mí su blanco;

13

de todos lados me dispara, me atravesó los riñones sin piedad y derramó por tierra mi hiel;

14

me abrió herida tras herida y me asaltó como un guerrero.

15

Me he cosido un sayal sobre la piel y he hundido mi frente en el polvo.

16

Tengo la cara enrojecida de llorar y la sombra me rodea los párpados;

17

aunque en mis manos no hay violencia y es sincera mi oración.

18

¡Tierra, no cubras mi sangre! ¡No se detenga mi pedido de justicia!

19

En el cielo está mi testigo, en la altura mi defensor,

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el que interpreta mis pensamientos ante Dios: a él alzo los ojos llorosos;

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que juzgue entre este mortal y Dios, como se juzga un pleito entre los humanos;

22

porque mis años están contados y emprenderé el viaje sin retorno.

Comentarios

16:1 - 17:16

Respuesta de Job a Elifaz.

Job se impacienta. ¿Le gustaría que sus amigos estuvieran en su situación para administrarles la misma medicina? A veces, su pensamiento divaga entre el cielo y la tierra, ya dirigiéndose a Dios, ya a sus amigos. Job reacciona no con expresiones de arrepentimiento, sino con gestos de dolor y pesadumbre (16,15; cfr. 1,20), como quien siente la muerte cercana (16,18–17,2). En el Antiguo Testamento existía la creencia de que la sangre de una víctima inocente clamaba desde la tierra pidiendo justicia, por ejemplo, la de Abel (Gn 4,10). Job espera que, después de que la muerte haya cerrado sus labios, su sangre siga gritando. Antes, olvidado de sus amigos, buscaba un árbitro entre él y Dios; ahora espera un testigo, un intercesor allá arriba (16,19), segura-mente un miembro del Consejo celestial que, contrariamente a lo que hizo Satán, interceda a su favor. Olvidado, solo, burlado, su pensamiento retorna a la muerte (17,11-16), presentada mediante una serie de imágenes negativas: el país de los difuntos (17,13-16), la oscuridad (17,13), la corrupción y los gusanos (17,14), el polvo (17,16).


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