1

Pleito con el pueblo

Así dice el Señor:

¿Dónde está el acta de divorcio

con que despedí

a la madre de ustedes?

¿O a cuál de mis acreedores

los he vendido?

Miren, por sus culpas fueron vendidos,

por sus crímenes fue repudiada su madre.

2

¿Por qué cuando vengo no hay nadie, cuando llamo nadie responde? ¿Tan corta es mi mano que no puede redimir? ¿O es que no tengo fuerza para librar? Miren: con un bramido seco el mar, convierto los ríos en desierto; por falta de agua se pudren sus peces, muertos de sed.

3

Yo visto el cielo de luto, lo cubro de sayal.

4

Tercer cántico del siervo: Sufrimiento y confianza

Mi Señor

me ha dado una lengua de discípulo,

para saber decir al abatido

una palabra de aliento.

Cada mañana me despierta el oído,

para que escuche como un discípulo.

5

El Señor me abrió el oído: yo no me resistí ni me eché atrás:

6

ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que me arrancaban la barba; no me tapé el rostro ante ultrajes y salivazos.

7

El Señor me ayuda, por eso no me acobardaba; por eso endurecí el rostro como piedra, sabiendo que no quedaría defraudado.

8

Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque.

9

Miren, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará? Miren, todos se gastan como ropa, los roe la polilla.

10

¿Quién de ustedes respeta al Señor y obedece a su siervo? Aunque camine en tinieblas, sin un rayo de luz, que confíe en el Señor y se apoye en su Dios.

11

Atención, ustedes, los que atizan el fuego y preparan flechas encendidas: caerán a la hoguera de su fuego, bajo las flechas que han encendido. Así los tratará mi mano, quedarán tendidos en el tormento.

Comentarios

50:1 - 50:3

Pleito con el pueblo.

Otra vez, el Señor responde a las quejas del pueblo. En realidad, Dios no lo ha abandonado; el destierro fue la consecuencia de sus pecados. Sin embargo, Israel no debe desesperarse porque el Señor no ha firmado ningún acta de divorcio. El vínculo de la alianza sigue vigente y Dios tiene el poder para liberar a su pueblo.

50:4 - 50:11

Tercer cántico del siervo: Sufrimiento y confianza.

A diferencia de los otros cánticos, aquí el Siervo se introduce a sí mismo (4-9). Como discípulo y profeta, está íntimamente vinculado a la Palabra de Dios: la escucha con atención y la proclama valientemente. No se amedrenta ante los insultos y golpes. Confía en que el Señor lo defenderá (8-9). Las dificultades que el siervo había encontrado para cumplir su misión en el segundo cántico se vuelven más concretas en este, que funciona como un puente hacia el cuarto. Respetar al Señor implica obedecer a su siervo (10). Quienes siembran discordia y violencia (atizan el fuego) contra la palabra profética se destruirán a sí mismos y serán castigados por el Señor: «Así os tratará mi mano» (11).


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