1

Fin del exclusivismo

Así dice el Señor:

Observen el derecho, practiquen la justicia,

que mi salvación está para llegar

y se va a revelar mi victoria.

2

Dichoso el hombre que obra así, dichoso el mortal que persevera en ello, que guarda el sábado sin profanarlo y guarda su mano de hacer cualquier mal.

3

No diga el extranjero que se ha unido al Señor: El Señor me excluirá de su pueblo. No diga el eunuco: Yo soy un árbol seco.

4

Porque así dice el Señor: A los eunucos que guarden mis sábados, que escojan lo que me agrada y perseveren en mi alianza,

5

les daré en mi casa y en mis murallas un monumento y un nombre mejores que hijos e hijas; nombre eterno les daré que no se extinguirá.

6

A los extranjeros que se hayan unido al Señor, para servirlo, para amar al Señor y ser sus servidores, que guarden el sábado sin profanarlo y perseveren en mi alianza,

7

los traeré a mi Monte Santo, los alegraré en mi casa de oración; aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y a mi casa la llamarán todos los pueblos Casa de Oración.

8

Oráculo del Señor, que reúne a los dispersos de Israel, y reunirá otros a los ya reunidos. Perros mudos

9

Perros mudos

Fieras salvajes, vengan a comer;

fieras todas de la selva:

10

que los guardianes están ciegos y no se dan cuenta de nada, son perros mudos incapaces de ladrar, vigilantes tumbados, amigos de dormir,

11

son perros con un hambre insaciable, son pastores incapaces de comprender; cada cual va por su camino y a su ganancia, sin excepción.

12

¡Vengan! Voy a buscar vino, emborrachémonos de licor; y mañana lo mismo que hoy, hay provisión abundante.


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