1

Vuelta a Sión

El desierto y la tierra reseca se regocijarán,

el arenal de alegría florecerá,

2

como flor de narciso florecerá, desbordando de gozo y alegría; tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarón; ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios.

3

Fortalezcan las manos débiles, afirmen las rodillas vacilantes.

4

Digan a los cobardes: Sean fuertes, no teman; ahí está su Dios, que trae el desquite, viene en persona, los desagraviará y los salvará.

5

Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán,

6

saltará como ciervo el tullido, la lengua del mudo cantará; porque ha brotado agua en el desierto, arroyos en la estepa,

7

el arenal será un estanque, lo reseco un manantial, la hierba cañas y juncos, en la cueva donde se tumbaban chacales.

8

Lo cruzará una calzada que llamarán Vía Sacra, no pasará por ella el impuro, los inexpertos no se extraviarán.

9

No habrá por allí leones, no se acercarán bestias feroces, sino que caminarán los redimidos

10

y volverán por ella los rescatados del Señor: volverán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua, siguiéndolos, gozo y alegría; pena y aflicción se alejarán.

Comentarios

34:1 - 35:10

Escatología de Isaías II.

Estos dos capítulos, que reflejan un trasfondo histórico posterior al tiempo de Isaías, son como una recopilación, en clave escatológica, de los temas de Is 1-33. Primero, se presentan imágenes del día del Señor. Su venganza conlleva la desolación, la pérdida de cosechas, espinas, caos y la adueñación de la tierra vacía por parte de animales salvajes. Como contrapunto, en el capítulo 35, el Señor viene personalmente para revertir esa situación, trayendo la fertilidad de la tierra, la exuberancia de la vegetación del Líbano, del Carmelo y del Sarón, así como la curación de los ciegos, sordos y tullidos (cfr. Lc 7,18-23). La animosidad contra Edom reaparece (5-6), probablemente provocada por la infiltración de este pueblo en el sur de Judá tras la destrucción de Jerusalén (cfr. Is 34,5-9; 63,1). Como en el tiempo de Josué (cfr. Jos 14-21), el Señor reparte la tierra entre los que vuelven del exilio (17).


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