Isaías
Capítulo 53
¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién mostró el Señor su brazo?
Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida: no tenía presencia ni belleza que atrajera nuestras miradas ni aspecto que nos cautivase.
Despreciado y evitado de la gente, un hombre habituado a sufrir, curtido en el dolor; al verlo se tapaban la cara; despreciado, lo tuvimos por nada;
a él, que soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores, lo tuvimos por un contagiado, herido de Dios y afligido.
Él, en cambio, fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Sobre él descargó el castigo que nos sana y con sus cicatrices nos hemos sanado.
Todos errábamos como ovejas, cada uno por su lado, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.
Maltratado, aguantaba, no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante el esquilador, no abría la boca.
Sin arresto, sin proceso, lo quitaron de en medio, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron.
Le dieron sepultura con los malvados y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca.
El Señor quería triturarlo con el sufrimiento: si entrega su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años y por su medio triunfará el plan del Señor.
Por los trabajos soportados verá la luz, se saciará de saber; mi siervo inocente rehabilitará a todos porque cargó con sus crímenes.
Por eso le asignaré una porción entre los grandes y repartirá botín con los poderosos: porque desnudó el cuello para morir y fue contado entre los pecadores, él cargó con el pecado de todos e intercedió por los pecadores.

Comentarios
Cuarto cántico del siervo: Su pasión y gloria.
Este último cántico del siervo fue considerado por la primera comunidad cristiana como la profecía más importante sobre la muerte y exaltación de Jesús (cfr. He 8,32-35). Al comienzo del poema, Dios presenta a su siervo, a quien ha llamado para una misión destinada a Israel y a las naciones (42,4; 49,5-6). El Señor también concluye el oráculo, calificándolo de inocente/justo, ofrecido por el pueblo (11). El «nosotros» del poema representa a Israel, que es redimido por el sufrimiento de este siervo inocente, quien asume el castigo que le correspondería al pueblo (4-5). El sufrimiento del siervo es redentor, es decir, justifica al pueblo rebelde (5). Esta idea se refuerza con la comparación del siervo con el cordero que será sacrificado (cfr. Lv 9,3; 14,13.21.24; Jn 1,29.36; 19,33). Entre la exaltación del siervo, pronunciada por el Señor al comienzo y al final del poema, se muestran los distintos momentos de su vida: nacimiento y vida oculta (2), sufrimiento (3-7), condena y muerte (8), sepultura (9) y exaltación (10-11; cfr. Fil 2,6-11). La entrega del siervo, herido y traspasado por los pecados del pueblo, logra la conversión y el cambio de actitud de este (cfr. Zac 12,10).