1

¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién mostró el Señor su brazo?

2

Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida: no tenía presencia ni belleza que atrajera nuestras miradas ni aspecto que nos cautivase.

3

Despreciado y evitado de la gente, un hombre habituado a sufrir, curtido en el dolor; al verlo se tapaban la cara; despreciado, lo tuvimos por nada;

4

a él, que soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores, lo tuvimos por un contagiado, herido de Dios y afligido.

5

Él, en cambio, fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Sobre él descargó el castigo que nos sana y con sus cicatrices nos hemos sanado.

6

Todos errábamos como ovejas, cada uno por su lado, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.

7

Maltratado, aguantaba, no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante el esquilador, no abría la boca.

8

Sin arresto, sin proceso, lo quitaron de en medio, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron.

9

Le dieron sepultura con los malvados y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca.

10

El Señor quería triturarlo con el sufrimiento: si entrega su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años y por su medio triunfará el plan del Señor.

11

Por los trabajos soportados verá la luz, se saciará de saber; mi siervo inocente rehabilitará a todos porque cargó con sus crímenes.

12

Por eso le asignaré una porción entre los grandes y repartirá botín con los poderosos: porque desnudó el cuello para morir y fue contado entre los pecadores, él cargó con el pecado de todos e intercedió por los pecadores.

Comentarios

52:13 - 53:12

Cuarto cántico del siervo: Su pasión y gloria.

Este último cántico del siervo fue considerado por la primera comunidad cristiana como la profecía más importante sobre la muerte y exaltación de Jesús (cfr. He 8,32-35). Al comienzo del poema, Dios presenta a su siervo, a quien ha llamado para una misión destinada a Israel y a las naciones (42,4; 49,5-6). El Señor también concluye el oráculo, calificándolo de inocente/justo, ofrecido por el pueblo (11). El «nosotros» del poema representa a Israel, que es redimido por el sufrimiento de este siervo inocente, quien asume el castigo que le correspondería al pueblo (4-5). El sufrimiento del siervo es redentor, es decir, justifica al pueblo rebelde (5). Esta idea se refuerza con la comparación del siervo con el cordero que será sacrificado (cfr. Lv 9,3; 14,13.21.24; Jn 1,29.36; 19,33). Entre la exaltación del siervo, pronunciada por el Señor al comienzo y al final del poema, se muestran los distintos momentos de su vida: nacimiento y vida oculta (2), sufrimiento (3-7), condena y muerte (8), sepultura (9) y exaltación (10-11; cfr. Fil 2,6-11). La entrega del siervo, herido y traspasado por los pecados del pueblo, logra la conversión y el cambio de actitud de este (cfr. Zac 12,10).


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