Isaías
Capítulo 31
Contra el pacto con Egipto
¡Ay de los que bajan a Egipto por auxilio
y buscan apoyo en la caballería!
Confían en los carros,
porque son numerosos,
y en los jinetes,
porque son muy fuertes;
sin fijarse en el Santo de Israel
ni consultar al Señor.
Pero él también es hábil para enviar desgracias y no ha cambiado su palabra. Se alzará contra la casa de los malvados, contra la ayuda de los malhechores.
Los egipcios son hombres y no dioses, sus caballos son carne y no espíritu. El Señor extenderá su mano: tropezará el protector y caerá el protegido, los dos juntos perecerán,
porque me ha dicho esto el Señor: Como gruñe el león o el cachorro con su presa y se reúne contra él un tropel de pastores, pero él no se asusta de sus voces ni se intimida por su tumulto, así bajará el Señor Todopoderoso a combatir sobre el Monte Sión y sobre su cima.
Como un ave aleteando, el Señor Todopoderoso protegerá a Jerusalén: protección liberadora, rescate salvador.
Hijos de Israel, vuelvan a él
de lo hondo de su rebelión.
Conversión de Judá y fin de Asiria
Aquel día todos rechazarán
los ídolos de plata y los ídolos de oro
que hicieron sus manos pecadoras.
Asiria caerá a espada no humana, espada no de mortal la devorará; y si sus mozos escapan de la espada, caerán en trabajos forzados.
Despavorida escapará su Roca, sus jefes quedarán espantados de su bandera –oráculo del Señor, que tiene una hoguera en Sión, un horno en Jerusalén–.

Comentarios
Oráculos variados.
Los capítulos 28-33 se refieren esencialmente a los acontecimientos provocados por los asirios entre el 701 y el 691 a. C. Algunos proponen como hilo conductor de los mensajes contenidos en esta sección el «¡Ay!», que encabeza cada uno de los seis mensajes: 28,1; 29,1.15; 30,1; 31,1; 33,1.
Contra el pacto con Egipto.
En este nuevo «ay», Isaías condena de nuevo los intentos de aliarse con Egipto contra Asiria como una falta de confianza en la protección del Señor.
Conversión de Judá y fin de Asiria.
No será la fuerza militar la que cause la derrota de Asiria, sino la presencia del Señor en Jerusalén, que los hará huir en pánico.