1

Exordio: el poder les viene del Señor

Escuchen, reyes, y entiendan; aprendan, gobernantes de todo el mundo;

2

pongan atención, ustedes los que dominan a los pueblos y están orgullosos de esa multitud de súbditos;

3

el poder les viene del Señor, y la autoridad, del Altísimo: él juzgará sus obras y examinará sus intenciones;

4

porque siendo ministros de su reino, no gobernaron rectamente, ni guardaron la ley, ni obraron según la voluntad de Dios.

5

Él vendrá sobre ustedes de manera repentina y terrible, porque a los poderosos los juzga implacablemente.

6

A los más humildes se los compadece y perdona, pero los poderosos serán examinados con rigor;

7

Porque el Dueño de todos no retrocede ante nadie, ni lo intimida la grandeza: él creó al pobre y al rico y se preocupa de todos por igual,

8

pero a los poderosos les aguarda un riguroso examen.

9

Se lo digo a ustedes, soberanos, a ver si aprenden sabiduría y no pecan:

10

los que cumplen sensatamente su santa voluntad serán declarados santos; los que se la aprendan encontrarán quien los defienda.

11

Deseen, entonces, mis palabras; búsquenlas ardientemente y serán instruidos.

12

padres asesinos de vidas indefensas, decidiste eliminarlos por medio de nuestros padres,

13

ella misma se da a conocer a los que la desean.

14

Quien madruga por ella, no se cansa: la encuentra sentada a la puerta.

15

Meditar en ella es la perfección de la prudencia, el que se desvela por ella pronto estará libre de preocupaciones;

16

ella misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen, los aborda benigna por los caminos, y les sale al paso en todo proyecto.

17

Su comienzo auténtico es un deseo de instrucción; el afán por la instrucción es amor;

18

el amor es la observancia de sus leyes; la custodia de las leyes es garantía de inmortalidad;

19

la inmortalidad acerca a Dios;

20

por tanto, el deseo de la Sabiduría conduce al reino.

21

Así que, si les gustan los tronos y los cetros, soberanos de las naciones, respeten la Sabiduría y reinarán eternamente.

22

Les voy a explicar lo que es la Sabiduría y cuál es su origen, sin ocultarles ningún secreto me voy a remontar al comienzo de la creación, dándola a conocer claramente, sin pasar por alto la verdad.

23

No haré el camino con la podrida envidia, que no tiene nada que ver con la Sabiduría.

24

Muchedumbre de sabios salva al mundo y rey prudente da bienestar al pueblo.

25

Por tanto, déjense instruir por mi discurso, y sacarán provecho.

Comentarios

1:1 - 10:21

Juicio definitivo.

El sabio y el necio son los polos antagónicos de esta primera sección. El primero se reconoce como parte del proyecto de Dios; el segundo, por el contrario, confía exclusivamente en sus propias fuerzas. Para el libro de la Sabiduría, el juicio de Dios caerá implacablemente sobre los malvados como castigo. Dos mil años después, este mensaje sigue siendo actual: conocen a Dios quienes se saben en sus manos, formando parte de su plan, que él estableció desde antiguo.

6:1 - 6:11

Exordio: el poder les viene del Señor.

En este nuevo apartado, se vuelve al estilo con el que comenzó el libro (1,1): discurso directo, exhortación a escuchar las palabras para adquirir sabiduría y demostración de que la sabiduría conduce a la inmortalidad. Al dirigirse a los reyes, se asume la doctrina del origen divino del poder (Sal 2,10-12; Prov 8,15s; Rom 13,1-7) y se expone, desde una perspectiva universalista, el modo en que estos aseguren la estabilidad de sus tronos.
¿Sabiduría o inteligencia? Actualmente, en nuestro mundo, ambas cosas son lo mismo. Se valora la sagacidad de quien alcanza los más altos puestos de la sociedad. El texto, sin embargo, exhorta a quienes están ahí a reconocer que Dios está cerca del humilde y que Él es el dueño de la vida. Esa es la verdadera sabiduría.

6:12 - 6:25

La Sabiduría conduce al reino.

Se hace más explícita la idea de cómo se encuentra la sabiduría. Este pasaje puede dividirse en dos partes: 1. Personificación de la sabiduría (12-20): la sabiduría aparece con características personales, como una cualidad o atributo divino –como en Prov 8,22-31– que sale al encuentro de quienes la buscan. 2. Anuncio del discurso del rey (21-25): donde se prepara el deseo del autor de compartir con otros los misterios de la sabiduría –la atribución del libro de la Sabiduría a Salomón se inspira en el discurso anunciado aquí y desarrollado más tarde–. Aquí se encuentran algunas alusiones a las religiones mistéricas de la antigüedad, en las que la revelación de la sabiduría se reservaba a los iniciados (22.23). La sabiduría es un don de Dios. Pertenece a esas realidades que encuentran su lugar en quienes las buscan con un corazón sincero.


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