VIGESIMASEXTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO SÁBADO

EL SUFRIMIENTO y LA SABIDURÍA DE DIOS

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
En tu desconcertante sabiduría
permites a veces que estemos
totalmente solos ante ti con nuestras miserias
y apenas sabemos dónde estás.
Danos, pues, valor
para conservar siempre bien viva
nuestra confianza en ti,
como gente sin pretensiones, humilde, sin dolor,
pero conscientes de que tú también tienes un Hijo,
que, totalmente solo y desfigurado,
murió un día por nosotros en una cruz,
Jesucristo nuestro Señor,
que ahora vive y reina por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

Job 42, 1-3. 5-6. 12-16

Hoy oímos las últimas palabras que cierran el libro de Job. En sus sufrimientos, Job ha gritado sus quejas. Sus amigos han tratado de justificar a Dios, pero él no acaba de entender plenamente. Hasta que, por fin, sus ojos ven, acepta que Dios es más grande y más sabio, y que Dios sabe mejor. Nosotros podemos entender mejor que Job, porque hemos visto el rostro sufriente de Cristo crucificado.

1

Respuesta de Job al Señor

Job respondió al Señor:

2

–Reconozco que lo puedes todo y ningún plan es irrealizable para ti.

3

Yo que nada comprendía, puse en duda tu providencia. Es cierto, hablé de cosas que no entendía, de maravillas que superan mi comprensión.

5

Te conocía sólo de oídas, ahora te han visto mis ojos;

6

por eso retiro todas mis palabras y me arrepiento echándome polvo y ceniza.

12

El Señor bendijo a Job en sus últimos años más abundantemente que al principio; sus posesiones fueron catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil borricas.

13

Tuvo siete hijos y tres hijas:

14

la primera se llamaba Paloma, la segunda Acacia, la tercera Azabache.

15

No había en todo el país mujeres más bellas que las hijas de Job. Su padre les repartió heredades como a sus hermanos.

16

Después Job vivió ciento cuarenta años y conoció a sus hijos, nietos y bisnietos.

Salmo Responsorial

Salmo 118, 66. 71. 75. 76. 91. 125. 130

R. (135a) Enséñame, Señor, tus mandamientos.
Enséñame a gustar y a comprender tus preceptos,
pues yo me fío de ellos.
Sufrir fue provechoso para mí,
pues aprendí, Señor, tus mandamientos. R.
R. Enséñame, Señor, tus mandamientos.
Yo bien sé que son justos tus decretos
y que tienes razón cuando me afliges.
Todo subsiste hasta hoy por orden tuya
y todo está a tu servicio. R.
R. Enséñame, Señor, tus mandamientos.
Yo soy tu siervo:
Instrúyeme y conoceré tus preceptos.
La explicación de tu palabra
Da luz y entendimiento a los humildes. R.
R. Enséñame, Señor, tus mandamientos.

Aclamación antes del Evangelio

Cfr Mateo 11, 25

R. Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino
a la gente sencilla.
R. Aleluya.

Evangelio

Lucas 10, 17-24

En el evangelio, los discípulos, y Jesús con ellos, se regocijan porque el pueblo ha sido liberado del poder del maligno en el nombre de Jesús.

17

Vuelven los setenta y dos 

Volvieron los setenta [y dos] muy contentos y dijeron:

—Señor, en tu nombre hasta los demonios se nos sometían.

18

Les contestó:

—Estaba viendo a Satanás caer como un rayo del cielo.

19

Miren, les he dado poder para pisotear serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada los dañará.

20

Con todo, no se alegren de que los espíritus se les sometan, sino de que sus nombres están escritos en el cielo.

21

El Padre y el Hijo 

En aquella ocasión, con el júbilo del Espíritu Santo, dijo:

—¡Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla! Sí, Padre, ésa ha sido tu elección.

22

Todo me lo ha encomendado mi Padre: nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo decida revelárselo.

23

Volviéndose aparte a los discípulos, les dijo:

—¡Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven!

24

Les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; escuchar lo que ustedes escuchan, y no lo escucharon.

Oración de los Fieles

– Por los pobres y los que sufren, por las víctimas de la injusticia y la explotación; por los que viven solos, por los desesperados… Para que nosotros no solo les mostremos compasión, sino que los ayudemos a aligerar sus pesadas cargas, roguemos al Señor.
– Por los moribundos en su hora de lucha interior. Para que el Señor Jesús, por los méritos de su agonía en Getsemaní, les dé fortaleza y esperanza, roguemos al Señor.
– Por todos nosotros. Para que aprendamos a aceptar nuestras cruces y a llevarlas animosamente con Jesucristo, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios Padre nuestro:
Traemos ante ti este pan y este vino
para nosotros llegar a ser uno con Jesús, tu Hijo.
No permitas que a los que sufren los insultemos
con huecas palabras piadosas,
sino que estemos a su lado,
quizás en silencio escuchando sus lamentos,
y sencillamente haciéndoles sentir
que estamos allí acompañándolos,
junto con el agonizante del Calvario,
Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Padre de nuestro Señor Jesucristo:
Tu Hijo Jesús,
que dio su vida por nosotros,
se ha hecho presente
en esta eucaristía.
En él esperamos
y confiamos en que ningún dolor es en vano
asumido con nuestro Redentor,
Jesucristo, nuestro Señor,
que vive y reina, resucitado, por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: El sufrimiento y el mal son uno de los grandes y más problemáticos misterios de nuestra existencia. Para muchas de nuestras preguntas, no hallamos respuestas. Y esta situación nos rebela, aun cuando entendamos que buena parte del dolor del mundo es consecuencia del pecado humano. Mientras abrazamos el misterio de la Cruz, abracemos también la promesa de Vida del Resucitado, con la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Que ella descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

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