Sabiduría
Capítulo 9
Envíala desde el cielo
Dios de los padres, Señor de misericordia, que todo lo creaste con tu palabra
y con tu Sabiduría formaste al hombre para que dominara todas tus criaturas,
gobernara el mundo con justicia y santidad y administrara justicia rectamente:
dame la Sabiduría que reina junto a ti, y no me excluyas de entre tus siervos.
Porque soy siervo tuyo, hijo de tu sierva, hombre débil y de existencia breve, incapaz de entender el derecho y la ley.
Por perfecto que sea un hombre, si le falta tu Sabiduría, no valdrá nada.
Tú me has elegido como rey de tu pueblo y jefe de tus hijos e hijas,
me encargaste construirte un templo en tu monte santo y un altar en la ciudad de tu morada, copia del santuario que fundaste al principio.
Contigo está la Sabiduría, que conoce tus obras, a tu lado estaba cuando hiciste el mundo; ella sabe lo que a ti te agrada, lo que responde a tus mandamientos.
Envíala desde el cielo sagrado, mándala desde tu trono glorioso, para que esté a mi lado y trabaje conmigo, enseñándome lo que te agrada.
Ella, que todo lo sabe y lo comprende, me guiará prudentemente en mis empresas y me custodiará con su gloria;
Bien que podías haber entregado a los impíos en manos de los justos, en batalla campal, o haberlos aniquilado de una vez por medio de fieras terribles, o con una severa orden de mando;
Porque, ¿qué hombre conoce los planes de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere?
Los pensamientos de los mortales son mezquinos y nuestros razonamientos son inseguros;
porque el cuerpo mortal es un peso para el alma y la tienda terrestre abruma la mente que reflexiona.
A duras penas adivinamos lo que hay en la tierra y con trabajo encontramos lo que está a nuestro alcance: ¿quién podrá rastrear las cosas del cielo?
¿Quién conocerá tu designio, si tú no le das la Sabiduría enviando tu santo espíritu desde el cielo?
Sólo así fueron rectos los caminos de los que están sobre la tierra, así los hombres aprendieron lo que te agrada y la Sabiduría los salvó.

Comentarios
Juicio definitivo.
El sabio y el necio son los polos antagónicos de esta primera sección. El primero se reconoce como parte del proyecto de Dios; el segundo, por el contrario, confía exclusivamente en sus propias fuerzas. Para el libro de la Sabiduría, el juicio de Dios caerá implacablemente sobre los malvados como castigo. Dos mil años después, este mensaje sigue siendo actual: conocen a Dios quienes se saben en sus manos, formando parte de su plan, que él estableció desde antiguo.
Envíala desde el cielo.
Las palabras del capítulo nueve recuerdan la oración de Salomón cuando Dios se le aparece en sueños para que le pida lo que desee (1 Re 3,5-9; 2 Cro 1,8-10). El rey invoca la sabiduría (4.10.17) que requiere especialmente para su oficio de administrador de la justicia (3.5.9.12.18), pues ella es la verdadera transmisora de la voluntad divina. Este texto está dirigido a cualquier gobernante. El ser humano es poca cosa sin la asistencia de la sabiduría, sobre todo en la administración de la justicia, su tarea principal.