Sabiduría
Capítulo 1
JUICIO DEFINITIVO
La justicia es inmortal
Amen la justicia, ustedes, los que gobiernan la tierra; tengan rectos pensamientos sobre el Señor y búsquenlo con sencillez de corazón.
Lo encuentran los que no exigen pruebas y se revela a los que no desconfían.
Los razonamientos retorcidos alejan de Dios, y su poder, cuando es puesto a prueba, confunde a los necios.
La Sabiduría no entra en un alma perversa ni vive en un cuerpo entregado al pecado.
El santo espíritu que nos instruye huye del engaño, se aparta de los razonamientos sin sentido y se aleja cuando está presente la injusticia.
La Sabiduría es un espíritu amigo de los hombres que no deja sin castigo las palabras del blasfemo; Dios es testigo de sus sentimientos, vigila puntualmente su corazón y escucha lo que dice su lengua.
Porque el Espíritu del Señor llena la tierra y el que todo lo contiene conoce cada voz.
Por eso quien dice cosas malas no quedará oculto, no podrá evitar la acusación de la justicia.
Los planes del impío serán investigados, el informe de sus palabras llegará hasta el Señor y quedarán probados sus delitos,
porque un oído celoso lo escucha todo y no le pasan inadvertidos cuchicheos ni protestas.
Cuídense, por tanto, de murmuraciones inútiles y absténganse de hablar mal; porque aun la palabra más secreta tiene sus consecuencias; y la boca mentirosa lleva a la muerte.
Todos llevan tu soplo incorruptible.
Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes.
Todo lo creó para que existiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte ni el Abismo impera en la tierra.
Porque la justicia es inmortal.
Los impíos llaman a la muerte con obras y palabras, creyéndola su amiga, se perdieron por ella; y han hecho con ella un pacto, porque son dignos de formar parte de ella.

Comentarios
Juicio definitivo.
El sabio y el necio son los polos antagónicos de esta primera sección. El primero se reconoce como parte del proyecto de Dios; el segundo, por el contrario, confía exclusivamente en sus propias fuerzas. Para el libro de la Sabiduría, el juicio de Dios caerá implacablemente sobre los malvados como castigo. Dos mil años después, este mensaje sigue siendo actual: conocen a Dios quienes se saben en sus manos, formando parte de su plan, que él estableció desde antiguo.
La justicia es inmortal.
Este título resume el contenido del capítulo y, al mismo tiempo, es la enseñanza de toda la obra. Aunque el libro se dirige a los gobernantes, ámbito común de los discursos sapienciales de la antigüedad (Sal 2,10; Prov 31,1s), en realidad, va dirigido a los judíos amenazados por el ambiente pagano. Con la imagen de la sabiduría personificada (cfr. Prov 8,22-31) y asumiendo la función de los maestros (cfr. Prov 1–9), se describe el comportamiento recto (2-5) y el conocimiento que Dios tiene de todas las cosas (6-10). Detrás está el problema típicamente sapiencial de las suertes cambiadas de los fieles y los malvados, cuya solución se plantea al identificar la justicia con la vida y la inmortalidad (Prov 8,31.36; Hch 2,2-4), y la injusticia con la muerte y la separación definitiva de Dios (Ap 6,8; 20,14). Los impíos son la heredad de la muerte, como Israel lo es de Dios (Dt 32,9; Sal 16,5; 73,26). La justicia, ya sea desde el punto de vista indivi-dual o colectivo, grita desde todos los lugares y desde todos los tiempos, y su voz se silencia con toda suerte de recursos. La verdadera sabiduría se hace eco de ello y pone a Dios por testigo mientras existan quienes sufran y quienes trabajen por ella.