1

Partos1 El Señor habló a Moisés:

2

 –Di a los israelitas: Cuando una mujer conciba y dé a luz un hijo, quedará impura durante siete días, como en la impureza por menstruación.

3

 El octavo día circuncidarán al hijo,

4

 y ella pasará treinta y tres días purificando su sangre: no tocará cosa santa ni entrará en el templo hasta terminar los días de su purificación.

5

 Si da a luz una hija, quedará impura durante dos semanas, como en la menstruación, y pasará sesenta y seis días purificando su sangre.

6

 Al terminar los días de su purificación –por hijo o por hija–, llevará al sacerdote, a la entrada de la tienda del encuentro, un cordero de un año en holocausto y un pichón de paloma o una tórtola en sacrificio por el pecado.

7

 El sacerdote los ofrecerá al Señor, realizará la expiación por ellos y quedará purificada del flujo de su sangre. Esta es la ley sobre la mujer que da a luz a un hijo o una hija.

8

 Si no tiene medios para comprarse un cordero, que tome dos tórtolas o dos pichones de paloma: uno para el holocausto y el otro para el sacrificio por el pecado. El sacerdote realizará la expiación por ella y quedará pura.

Comentarios

12:1 - 12:8

Partos.

Tras el manual de animales puros e impuros, comestibles y no, se trata el parto. Al igual que la menstruación, acarrea la impureza ritual—no moral—debido a la presencia de sangre. El alum-bramiento acarrea para la mujer una doble prescripción: en primer lugar, aislarse de la comunidad, del culto, y abstenerse de tocar los objetos santos (4); el aislamiento varía según el sexo de la criatura (2-4.5-7). En segundo lugar, se ordena su purificación mediante el sacrificio de un cordero para el holocausto y de un pichón o una paloma para el sacrificio expiatorio (6). El versículo 8 nos resulta familiar, ya que dos tórtolas o pichones fueron lo que María pudo ofrecer como purificación por el nacimiento de Jesús (cfr. Lc 2,22-24), una concesión para las mujeres más pobres.


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