1

Los diez mandamientos(Éx 20)1 Moisés convocó a los israelitas y les dijo:–Escucha, Israel, los mandatos y decretos que hoy les predico, para que los aprendan, los guarden y los pongan en práctica.

2

 El Señor, nuestro Dios, hizo alianza con nosotros en el Horeb.

3

 No hizo esa alianza con nuestros padres, sino con nosotros, con quienes estamos vivos hoy, aquí.

4

 Cara a cara habló el Señor con ustedes en la montaña, desde el fuego.

5

 Yo mediaba entonces entre el Señor y ustedes, anunciándoles la Palabra del Señor, porque les daba miedo aquel fuego y no subieron a la montaña.

6

El Señor dijo: 6 Yo soy el Señor, tu Dios. Yo te saqué de Egipto, de la esclavitud.

7

 No tendrás otros dioses rivales a mí.

8

 No te harás imágenes: figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra.

9

 No te postrarás ante ellos ni les darás culto, porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso: castigo la culpa de los padres en los hijos, nietos y bisnietos cuando me aborrecen.

10

 Pero actúo con lealtad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos.

11

 No pronunciarás el Nombre del Señor, tu Dios, en falso, porque el Señor no dejará sin castigo a quien pronuncie su Nombre en falso.

12

 Guarda el día del sábado, santificándolo, como el Señor, tu Dios, te ha mandado.

13

 Durante seis días trabaja y haz tus tareas;

14

 pero el día séptimo es día de descanso dedicado al Señor, tu Dios. No harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu buey, ni tu asno, ni tu ganado, ni el emigrante que viva en tus ciudades, para que descansen, así como tú, el esclavo y la esclava.

15

 Recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que el Señor, tu Dios, te sacó de allí con mano fuerte y brazo extendido. Por eso te manda el Señor, tu Dios, guardar el día del sábado.

16

 Honra a tu padre y a tu madre, como te mandó el Señor; así prolongarás la vida y te irá bien en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar.

17

 No matarás.

18

 Ni cometerás adulterio.

19

 Ni robarás.

20

 Ni darás testimonio falso contra tu prójimo.

21

 Ni pretenderás a la mujer de tu prójimo. Ni codiciarás su casa, ni sus tierras, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él.

22

 Éstos son los mandamientos que el Señor pronunció con voz potente ante toda la asamblea, en la montaña, desde el fuego y los nubarrones. Y, sin añadir más, los grabó en dos tablas de piedra y me las entregó.

23

Temor del pueblo23 Al escuchar la voz que salía de las tinieblas, mientras el monte ardía, se acercaron a mí sus jefes de tribu y autoridades.

24

 Y me dijeron: El Señor, nuestro Dios, nos ha mostrado su gloria y su grandeza; hemos oído su voz que salía del fuego. Hoy vemos que Dios puede hablar a un hombre y seguir con vida.

25

 Pero ahora tememos morir devorados por ese fuego violento; si seguimos oyendo la voz del Señor, nuestro Dios, moriremos.

26

 Porque, ¿qué mortal es capaz de oír, como nosotros, la voz de un Dios vivo, hablando desde el fuego, y salir con vida?

27

 Acércate tú y escucha todo lo que tenga que decirte el Señor, nuestro Dios. Luego, tú nos comunicarás todo lo que te diga el Señor, nuestro Dios. Nosotros escucharemos y obedeceremos.

28

 El Señor oyó lo que me decían, y me dijo: “He oído lo que te dice ese pueblo; tiene razón.”

29

 Ojalá siempre mantengan esa actitud, respetándome y guardando mis preceptos; así, les irá bien a ellos y a sus hijos por siempre.

30

 Ve y diles: “Vuelvan a las tiendas.”

31

 Pero tú quédate aquí conmigo, y te daré a conocer todos los preceptos, los mandatos y decretos que has de enseñarles, para que los cumplan en la tierra que les voy a dar, para que tomen posesión de ella.

32

 Pongan por obra lo que les mandó el Señor, su Dios; no se aparten ni a la derecha ni a la izquierda.

33

 Sigan el camino que les marcó el Señor, su Dios, y vivirán, les irá bien y prolongarán la vida en la tierra que van a ocupar.

Comentarios

5:1 - 5:22

Los diez mandamientos.

Los versículos 1-5 actualizan el compromiso del pueblo con el Señor (3). Los versículos 6-21, con algunas leves variaciones, son el mismo decálogo que encontramos en Éx 20,1-17. Se inicia con la autorrevelación de Dios. La respuesta del pueblo a este Dios queda fijada en el decálogo.
El primer mandamiento reclama la primacía absoluta del único que puede salvar, liberar y dar vida.
El segundo mandamiento lo complementa. El nombre de Dios no debe ser manipulado, es santo.
Los demás mandamientos, del tercero al décimo, giran en torno al ideal de comportamiento ético y moral del pueblo. El tercer mandamiento (12-15), que aparente-mente es de orden religioso, tiene en realidad un sentido de justicia social (14b); la motivación del descanso sabático es la esclavitud en Egipto, lo que equivale a decir que la experiencia de Egipto constituye un verdadero obstáculo para la auténtica realización de las personas y de la comunidad. En efecto: Israel en Egipto no es un pueblo, sino un colectivo de esclavos que solo adquiere identidad al salir de la esclavitud. Por tanto, este mandato es, junto con los dos anteriores, el punto de partida, la base fun-damental para construir una sociedad donde se respeta y se defiende la vida en todas sus formas: en primer lugar, la de nuestros más cercanos, como nuestros padres (16), y luego la de quienes forman parte de nuestra comunidad y sociedad (17-21).

5:23 - 5:33

Temor del pueblo.

Moisés recuerda al pueblo la actitud de temor y miedo que habían sentido en el Sinaí cuando Dios se había dirigido a ellos. El pueblo no había soportado escuchar la voz del Señor, y por eso había decidido que Moisés oficiara como su mediador (cfr. Éx 20,18-26). Esta función de mediador con plena autoridad es aprobada por el mismo Dios, quien manda retirar al pueblo para quedarse solo con Moisés, instruirlo y que este luego transmita al pueblo su ley (30s).
La tradición religiosa de Israel, que sostiene este carácter mediador de Moisés, es especialmente subrayada aquí por la corriente deuteronomista (D) para otorgar mayor autoridad a las inserciones y ampliaciones que introduce en el s. VIII a.C. El pueblo, que ha decidido espontáneamente atribuirle a Moisés esta función mediadora (27ab), queda comprometido a escuchar y obedecer (27c), y ese es precisamente el motivo de esta exhortación de Moisés (32s).


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