Vigésimonoveno Domingo en Tiempo Ordinario – Año A

Mateo 22,15-22

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Un buen domingo para todos.

Hay una frase de Jesús que todo el mundo conoce y que nosotros también hemos oído repetir una y otra vez, normalmente fuera de contexto: “Den al césar lo que es del césar”. La hemos oído repetida por quienes defienden la laicidad del estado y dicen que la Iglesia no debe inmiscuirse en los asuntos políticos. De hecho Jesús recomendó dar al césar lo que es del césar. Tienen razón al defender la laicidad del Estado, pero no deben citar esta frase, que tiene otro significado. También la citan las autoridades religiosas para decir a los que gobiernan que deben respetar los derechos de los creyentes y citan la segunda parte de la frase de Jesús que dijo, “dar a Dios lo que es de Dios”. Tienen derecho a defender los derechos de los creyentes, pero no deberían citar esta frase de Jesús que tiene otro significado que intentaremos captar. Luego también la citan trivialmente los que exigen algo diciendo, ‘den al césar lo que es del césar’.

Situemos el episodio en el que Jesús lo pronunció. Está en Jerusalén desde hace unos días y enseguida mantuvo unas disputas muy acaloradas con los dirigentes religiosos, los sumos sacerdotes, los escribas, los ancianos; también ha expulsado a los mercaderes del templo por lo que tocó en vivo a la casta sacerdotal que gestionaba todo este comercio dentro y alrededor del templo. Pero, sobre todo, puso en tela de juicio la razón misma de la existencia de esta casta sacerdotal. ¿Por qué? Porque la gente sencilla recurría a los sacerdotes del templo, que eran los mediadores ante Dios de las ofrendas que hacían a Dios, los sacrificios, incienso, holocaustos, oraciones, cantos y entonces el Señor concedía sus beneficios pasando a través de los sacerdotes.

Ahora llega Jesús que dice que el Señor concede sus beneficios a todos, gratuitamente, incluso a los que no le ofrecen nada, porque su amor es gratuito e incondicional. La casta sacerdotal se sentía desafiada en el prestigio del que gozaban entre la gente sencilla que se inclinaba ante ellos con besamanos, genuflexiones, honores; y también era cuestionada incluso la fuente de sus ingresos. ¿Qué hicieron? Dijeron, ‘Veamos de encontrar la forma de quitar de en medio a este Jesús de Nazaret, de lo contrario ya no hay razón para nuestra profesión como sacerdotes y levitas’.

Pensaron en tender una trampa muy bien orquestada para quitar de en medio a este Jesús de Nazaret y para comprender lo que han orquestado también debemos tener presente la situación política de Palestina que en la época de Jesús formaba parte de una provincia romana, estaba subyugada, por tanto, al segundo de los emperadores, Tiberio. Lo ven junto a su madre, Livia, la tercera esposa del primero de los Emperadores, César Augusto. Livia no era muy amada por su hijo; fue ella quien lo hizo adoptar y se convirtiera así en emperador después de Octavio.

¿Cuál era la situación política en aquel momento? Había habido sublevaciones que fueron inmediatamente sofocadas con sangre y crucifixiones de los rebeldes. Una de ellas consta en los Hechos de los Apóstoles, la de Judas el Galileo que había tenido lugar en la época del censo de Quirino, o sea, cuando Jesús tenía unos doce años. Fue sofocada con sangre. Pero durante su vida pública de Jesús, la situación política era tranquila aunque a veces se oía que había zelotes que acosaban constantemente al pueblo, pero no es así, los zelotes llegaron unas décadas más tarde. En la época de Jesús, la situación era tranquila, pero vivían sometidos a Roma en una condición de gran sufrimiento porque había impuestos muy pesados sobre la tierra, sobre los edificios, sobre cada transacción se pagaba un porcentaje, luego estaban los impuestos sobre las distintas profesiones, no era como si uno pudiera ser zapatero por su cuenta sino que tenía que pagar; o para ir a pescar al mar de Galilea había que pagar, en los caminos había que pagar impuestos por todo lo que se transportaba.

Se calculaba que el 50% de los beneficios acababa en impuestos, pero había un impuesto que era el más odiado de todos y es el que se menciona en el pasaje del Evangelio de hoy, que se llamaba en latín ‘tributum capitis’, el ‘testático’, es decir, la cabeza, cada persona debía pagar un denario anual; las mujeres empezaban a pagarlo a la edad de 12 años y los hombres a los 14 años hasta los 65, equivalía al salario de un día y es a este impuesto que se refiere el pasaje evangélico de hoy. Por supuesto, disputar el pago de los impuestos era lo más peligroso porque uno era acusado inmediatamente de sedición y, de hecho, entre las demás acusaciones que se presentan a Pilato contra Jesús también estará esta que incita a no pagar tributo a césar. En este contexto la casta sacerdotal, todos estos enemigos que quieren quitar de en medio a Jesús, se reúnen para tenderle una trampa Escuchemos:

“Los fariseos se reunieron para buscar un modo de enredar a Jesús con sus palabras. Le enviaron algunos discípulos suyos acompañados de herodianos, que le dijeron: Maestro, nos consta que eres sincero, que enseñas con fidelidad el camino de Dios y que no te fijas en la condición de las personas porque eres imparcial. Dinos tu opinión: ¿es lícito pagar tributo al césar o no?”

Hemos visto entrar en escena a dos grupos de opositores de Jesús, los fariseos y los herodianos. Los herodianos apenas aparecen en los Evangelios, en cambio a los fariseos los conocemos muy bien porque aparecen continuamente. Los dos grupos que ahora se alían estaban en bandos opuestos tanto desde el punto de vista religioso como desde el punto de vista político. Los fariseos eran personas piadosas, estrictos en moralidad, observantes de las tradiciones, gente religiosa, y desde el punto de vista político creían que incluso la mera presencia de los romanos en Palestina constituía una profanación de la Tierra Santa porque eran paganos idolátricos que llevaban una vida inmoral, por lo que apoyar a los ocupantes romanos, especialmente recaudando impuestos para ellos, se consideraba incluso una impiedad, un pecado grave porque el israelita piadoso es siervo de un solo Rey, de un único Señor, un único Dios.

Y los herodianos estaban exactamente en la orilla opuesta, eran los simpatizantes de Herodes Antipas, uno de los hijos de Herodes el Grande que había heredado parte de su reino y a él se le había dado Galilea y Perea. Este Herodes Antipas gobernaba por tanto la misma tierra donde vivió Jesús. También Jesús fue invitado a ir a verle y dijo, ‘Vayan y díganle a ese zorro…’. Zorro no es sinónimo de ‘astucia’ como para nosotros, no. En el lenguaje de la cultura semítica significa una persona sin personalidad, una marioneta del emperador Tiberio. De hecho, toda la familia de estos herodianos era gente que no podía esperar la oportunidad para hacer reverencias al emperador de Roma.

Cuando Herodes Antipas abandonó Séforis y quiso construir una nueva capital en el lago de Galilea, el lago de Kinneret, construyó su nueva capital y la llamó ‘Tiberías’, una reverencia a Tiberio y también el lago que era el lago de Kinneret, el lago de Genezaret, lago de Galilea, se llamó ‘lago de Tiberías, mar de Tiberías’. Su hermano Felipe hacía las mismas reverencias. Cuando Felipe construyó su capital en las surgentes del Jordán, ¿cómo la llamó? ‘Cesarea’. Ya había otra Cesarea construida por su padre a lo largo del Mediterráneo y a aquella en las surgentes del Jordán la llamó ‘Cesarea de Felipe’. Esta era la situación política de los herodianos simpatizantes y colaboracionistas de los romanos.

Si estos dos grupos que están en bandos opuestos se aliaron contra Jesús significa que estaban molestos hasta el punto de que no podían soportarlo más, querían quitarlo de en medio y ¿qué hicieron? Enviaron a sus discípulos. En la respuesta que Jesús dará a estos discípulos comprenderemos la razón por la que estos dos grupos se han aliado y cuando llegan, de hecho, estos discípulos de los herodianos y fariseos no hacen inmediatamente a Jesús la pregunta crucial sino que comienzan con un largo preámbulo; comienzan a hacer una alabanza, ‘Maestro, sabemos que eres veraz, enseñas el camino de Dios según la verdad, no tienes miedo de nadie, no te fijas en la condición de las personas, dices sólo lo que piensas’…

¿Cómo es que hacen esta alabanza, que es la más bella que nos encontramos en los Evangelios? Nadie había alabado nunca a Jesús así. Lo hicieron para poner a Jesús en una situación muy difícil. Es como decir, ‘como eres una persona que no tiene miedo de decir la verdad, queremos saber de ti, solo con una respuesta, sí o no, a la pregunta que ahora te hacemos’. Quieren obligarle, por tanto, a exponerse porque si empieza a dar argumentos entonces empieza a escabullirse, quieren un sí o un no; tú que eres una persona leal, que no temes a nadie, ‘di sí o no’ a la pregunta que te hacemos, que es esta, ¿es lícito o no pagar tributo a César?’

La trampa está muy bien pensada porque sea cual sea la respuesta que dé Jesús, diga Sí o No, se meterá en problemas porque si dice que hay que pagar impuestos, entonces eres amigo de los romanos, eres un colaborador y pierdes la simpatía del pueblo. Si dices No la cosa es incluso peor porque entonces eres un subversivo anti-romano y te acusan inmediatamente y se acabó todo para ti. Escuchemos la respuesta de Jesús:

“Jesús, adivinando su mala intención, les dijo: ¿Por qué me tientan, hipócritas?”

Tomando como ejemplo el pasaje del evangelio de hoy creo que muchos predicadores durante la homilía recordarán el deber de pagar impuestos y hacen bien porque de vez en cuando este recordatorio debe hacerse. También a los cristianos deben ser ciudadanos ejemplares en este punto. Vivimos en sociedad, no vivimos aislados por nuestra cuenta, tenemos que relacionarnos con los demás, y alguien tiene que organizar esta sociedad y de acuerdo con sus propias posibilidades es un deber moral cooperar, por lo tanto, no hay ninguna razón para justificar la evasión fiscal y el robo de bienes del estado.

Sin embargo, el deber de pagar impuestos no concierne al pasaje evangélico de hoy. Si acaso, otros textos del Nuevo Testamento hablan de ello, por ejemplo el capítulo 13 de la Epístola a los Romanos recomienda precisamente que pagar impuestos es un deber, y cuando Pablo escribe esta carta a los Romanos, en Roma manda el emperador Nerón, está al principio de su reinado, tiene 20 años y cuando empezó a gobernar era clemente y moderado, pero Pablo pone un principio que está fuera de duda, dice que es necesario someterse a la autoridad constituida no sólo por miedo al castigo sino por un deber de conciencia, por eso hay que pagar impuestos, dar a cada uno cada uno lo que le es debido, los impuestos a quien debe recaudarlos, a quien corresponde, y el temor a quien corresponde y el respeto a quien corresponde el respeto.

Este recordatorio está presente en el Nuevo Testamento, pero no concierne al pasaje del evangelio de hoy. Entremos ahora en la respuesta que da Jesús y antes de responder a la pregunta, hace un breve preámbulo y dice a sus a sus interlocutores, ‘Miren, no soy tonto, me doy cuenta de que intentan engañarme pero no tengo intención de responder de forma evasiva y deliberadamente enigmática, como suelen hacer los políticos cuando no quieren exponerse y dan respuestas muy vagas que cada uno interpreta como quiere y luego niegan y dicen que lo han malinterpretado’. Por el contrario, Jesús quiere ser muy claro.

El problema, viene a decir, no se trata de pagar impuestos, sino de si es legal o no utilizar ese dinero, que es impuro. ¿Por qué es impuro? Porque tiene la figura de un señor que no es el Dios de Israel; pagar el tributo significa reconocer como rey a esa efigie en él y la efigie como veremos es la de Tiberio y también la inscripción es la de Tiberio pero un piadoso israelita el único rey que reconoce es el Dios de Israel. Escuchemos pues lo que Jesús pide ahora a sus interlocutores:

“Muéstrenme la moneda del tributo. Le presentaron un denario. Y él les dijo: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Contestaron: Del césar”.

Si Jesús pide la moneda a sus interlocutores significa que no la tiene, si en cambio ellos la sacan significa que la utilizan normalmente, la reciben por sus servicios y cuando van al mercado a comprar los productos utilizan esta moneda. Tienen escrúpulos sólo cuando hay que pagar la moneda del tributo al César. A estos interlocutores Jesús les pregunta dos cosas ¿de quién es la imagen que está en esta moneda? Y ¿de quién es la inscripción que tiene? Y ellos responden, del césar. Examinemos la moneda del tributo que he puesto en el fondo. Para un piadoso judío esta moneda es repugnante sólo de verla.

¿Por qué? Porque en el Antiguo Testamento, en el Deuteronomio, y en el capítulo 20 del libro del Éxodo, donde se presentan los 10 mandamientos, las 10 palabras, la primera de estas 10 palabras es esta, ‘No te harás ninguna imagen de lo que hay arriba en el cielo’. Todos los pueblos del Antiguo Medio Oriente se hacían imágenes del dios sol, del dios luna, del dios lucero del alba, Ishtar; ‘Tú, Israel, no te harás ninguna imagen de lo que está allá arriba en el cielo, ni de lo que está aquí abajo en la tierra’, el dios Dagan que se adoraba en Mesopotamia. ‘No te harás imagen alguna ni de lo que está en las aguas, ni de lo que está debajo de la tierra’.

Está severamente prohibido a los israelitas hacer imágenes. El motivo es el peligro de que se conviertan en ídolos ante los que se postren a adorar como hacen los paganos. El Dios de Israel es un Dios celoso; no quiere que haya ídolos que roben el corazón de los israelitas que deben estar ligados a él totalmente; el Dios de Israel debe ser adorado con todo su corazón.

Veamos este dinero acuñado por Tiberio; es una celebración de la idolatría. En un lado tiene la imagen del emperador de Roma, y luego está la inscripción que dice ‘Tiberio Cesar Augusto hijo del Divino Augusto’, Octavio, naturalmente. Luego, en el reverso dice ‘Pontifex Maximus – Sumo Pontífice, con la imagen de una mujer sentada, que es el símbolo de la paz; tal vez Livia, la madre de Tiberio. Se lo retrata a él como Júpiter y a ella como Juno.

El Judío piadoso cuando ve esta moneda se enfrenta a una manifiesta idolatría. Observemos dónde ha colocado Tiberio su efigie y dónde colocó Dios su efigie (lo veremos más adelante). Tiberio colocó su efigie en el dinero; si quieres saber qué rostro tiene Tiberio tienes que mirar el dinero, concéntrate en el dinero. Tiberio es el representante en la tierra y es el sumo pontífice del culto al dinero, es el que organiza esta religión del dinero. Él es el ídolo que todos adoran en el Imperio Romano. Y sabemos que Jesús ha establecido como irreconciliable el culto al Dios verdadero con el culto al dinero; y en esa moneda está la efigie del sumo pontífice de esta religión que adora al dinero. Nadie es ateo en el mundo.

En la Biblia no hay miedo al ateísmo; el peligro es otro, es la idolatría porque nadie es ateo, todos tienen su propio Dios, es decir, tienen a alguien o algo que es el punto de referencia de todos los pensamientos, de todas las decisiones, de todas las elecciones. Si este Dios es el Dios de Jesús de Nazaret este Dios te sugerirá continuamente a quién puedes hacer el bien; si, por el contrario, tus dioses son el éxito, la carrera, el dinero, ellos serán los que te indiquen lo que debes hacer, las amistades que debes cultivar, a quienes debes adular, a quién ayudar para que te pueda ayudar después. Por supuesto todo dios también hace sus promesas a los adoradores y sabemos que el dios dinero promete mucho y también cumple, y por eso tiene tantos adoradores. Pero ten cuidado porque el dinero también da órdenes que van contra la persona. El dinero también puede decirte que explotes, incluso a los niños; el dinero puede decirte que mates; el dinero puede decirte que hagas guerras; el dinero puede decirte que cometas injusticias y tienes que adorarlo, y entonces el dinero cumple sus promesas. Aquí Tiberio ha puesto su efigie, su imagen, en el dinero; él es el sumo pontífice de los que adoran a este dios.

Es sobre este culto deshumanizador en el que Jesús quiere centrar la atención, no en el pago de los impuestos, que está fuera de cuestión. En ese dinero, con esa efigie, con esa inscripción está toda la filosofía que dirige la vida y las elecciones de todos los habitantes del imperio que está sometido a Tiberio, que es el sumo sacerdote de esta religión. Entonces, ¿qué hacer con ese dinero y esa filosofía que está estampada en ese dinero? Ahora Jesús nos lo dice. Escuchemos:

“Entonces les dijo: ‘Devuelvan, pues, al césar lo que es del césar’”.

Los enviados de los fariseos y herodianos le habían hecho la pregunta a Jesús ¿es lícito dar tributo al césar? Y Jesús respondió, ‘Devuelvan al césar lo que es del césar’, no dijo. ‘Den al césar lo que es del césar’, sino restituyan al césar. El verbo griego es Ἀπόδοτε – Apódote, del verbo ‘apodídomi’; es importante este verbo utilizado por Jesús, ‘Devolver al césar lo que es del césar’. Nos preguntamos, ¿de qué se han posesionado los israelitas que no era suyo sino del césar? Lo tienen que devolver.

Volvamos a la raíz del problema dice Jesús, ‘son unos hipócritas; les da escrúpulos usar un trozo de metal porque tiene una inscripción y una efigie. Pero solo tienen problemas cuando hay que pagar los impuestos, pero cuando van al mercado no tienen escrúpulos en utilizar esta moneda. ¿Cuál es el verdadero problema? No es la moneda material la que es diabólica sino la filosofía que hay detrás de esa figura y de esa inscripción; una filosofía pagana del uso del dinero y ustedes, sin darse cuenta, han asimilado esta concepción pagana del uso del dinero’. Sobre esto es lo que tienen que reflexionar.

En el imperio romano se rende culto al dinero y este es el dios adorado por todos; y este dios pone al hombre a su servicio. La esclavitud, en la que se basa la economía de todo el imperio – 20% de la población del imperio eran esclavos. ¿De qué se deriva la esclavitud? Del culto al dinero. En una sociedad dirigida por un emperador que estampa su propio rostro en el dinero, ¿quién es el que cuenta? El que tiene dinero, el que produce dinero; el que no tiene dinero no es nadie. El proverbio latino que circulaba en el imperio era ‘homo sine pecunia imago est mortis’ – ‘quien no tiene dinero es la imagen de la muerte’, es decir, uno se aleja de él igual que uno se aleja de la muerte.

¿Dónde se rinde culto al dinero? ¿Cuánto vale el pobre? El profeta Amós dice que vale tanto como un par de sandalias; y Jesús dice que vale menos que una oveja… ‘hipócritas, dense cuenta de que se han convertido en paganos’. Este es el verdadero problema, tienen el corazón contaminado por el culto al anti-dios, ¿Qué dice Jesús? ‘Devuelvan esta filosofía al césar, él introdujo este ídolo en Israel, no pertenece a la identidad espiritual de los hijos de Abrahán; mantengan su pureza como pueblo consagrado al único Dios y devuelvan al césar pagano su religión idolátrica, vayan al meollo de la cuestión, no sean hipócritas; un trozo de metal vale un trozo de metal; lo que les debe repugnar es la filosofía inhumana que hay detrás de esa efigie. Es esta filosofía la que hay que rechazar y devolver lo que es suyo a Tiberio y a los que practican su religión, de la que se proclama sumo sacerdote.

Y Jesús va más allá. Introduce otra restitución que debe ser hecha. Escuchemos a quién: 

“Y restituyan a Dios lo que es de Dios”.

Por tanto, para Jesús hay algo que pertenece a Dios que le ha sido quitado y debe serle devuelto. El discurso trata siempre sobre la imagen y la inscripción. ¿Dónde puso Tiberio su propia imagen y la inscripción? En el dinero, y es a partir de ahí que nació el culto a este ídolo. ¿Dónde ha colocado Dios su propia imagen e inscripción? La respuesta todos la saben, conocen la respuesta del libro del Génesis, donde se dice que es en el hombre donde Dios colocó su imagen.

Se cuenta del rabino Hillel, un famoso rabino que vivió una generación anterior a la de Jesús, que un día al final de la lección los discípulos le preguntaron, ‘Rabino, ¿a dónde vas ahora?’ Y él respondió: ‘Voy a cumplir una Mishnáh (מִשְׁנָה), un precepto. Le preguntaron, ‘Qué precepto?’ Y él les respondió: ‘Voy a bañarme’. Le respondieron maravillados, ‘nunca habíamos oído que entre las Mitzvot esté también el precepto de bañarse’. Y el rabino Hillel continuó, ‘miren, cuando van a los teatros o circos ven que hay imágenes, las estatuas de los reyes, y están bien cuidadas, se las lava, se las protege, se las honra y se paga a quienes realizan este servicio porque estas imágenes deben ser respetadas como si fueran personajes nobles del reino; cuánto más nosotros que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, debemos cuidarnos y lavarnos para honrar al Creador de quien somos imagen’.

Esta historia era bien conocida en la época de Jesús y probablemente se contaba a todos los niños precisamente para que fueran conscientes de lo que dice el libro del Génesis: ‘el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios’, Dios no quiere ninguna otra representación porque la imagen ya se ha hecho en él y mirando al hombre podemos comprender quién es su Señor. Y ¿sobre quién ha puesto Dios la inscripción – sobre quien ha puesto su nombre? Nos lo dice el Antiguo Testamento, ‘sobre ustedes israelitas he puesto mi nombre’. Es siempre sobre el hombre que Dios ha puesto su inscripción; y también en el Nuevo Testamento, en el capítulo 14 del Apocalipsis se dice que los elegidos llevaban escrito en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre.

¿Quién debe ser devuelto a Dios? El hombre del que los tiranos, los faraones, los superhombres se han apoderado; debe ser devuelto a Dios. Jesús tiene ante él como interlocutores a los herodianos y ellos han alejado al hombre de Dios porque son colaboradores del poder despótico de Tiberio que se sirvió del hombre, tomó posesión del hombre. En el reinado de Tiberio el hombre es explotado, es esclavizado, es humillado. El hombre debe ser devuelto a Dios. Donde hay superhombres que para construir su poder y sus reinos se alzan como dioses y esclavizan al hombre, éstos son llamados a devolver al hombre al único Señor que es Dios.

Los rabinos de la época de Jesús decían que cuando estaban construyendo la torre de Babel si caía un hombre no pasaba nada, caía uno, pero cuando se rompía un ladrillo, todos rompían a llorar. Un ladrillo valía más que el hombre. Donde existe el poder, el dominio, los que quieren ser superhombres esclavizan al hombre que vale menos que un ladrillo. Los faraones no sirven al hombre, pueden usar caballos, carros, bueyes pero no pueden usar al hombre. Esto es lo que Jesús pide, ‘devuelvan a Dios el hombre que ustedes han esclavizado’.

Y también los fariseos deben devolver el hombre al Dios verdadero porque han entregado el hombre a un ídolo, ese ídolo que concede sus favores a los que le ofrecen sacrificios, ofrendas, oraciones, holocaustos; este no es el Dios verdadero, deben devolver el hombre al Dios verdadero, no al ídolo que han inventado.

El texto concluye diciendo que al oírlo sus interlocutores se asombraron, se maravillaron, se apartaron y le dejaron. Este relato no está hablando del deber de pagar o no pagar los impuestos, no. Está diciendo que el hombre no debe servir al dinero y al poder; el hombre pertenece sólo a Dios y debe ser devuelto a su único Señor.

Les deseo a todos un buen domingo y una buena semana.

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