Deuteronomio
Capítulo 12
SEGUNDO DISCURSO DE MOISÉS – CUERPO LEGALHe aquí el llamado «Código Deuteronómico», conformado por los capítulos 12–26, que reúne, sin orden aparente, varias colecciones de leyes de épocas y de redacciones o redactores distintos. Para algunos biblistas, el libro de la Ley hallado en el Templo en tiempos de Josías (2 Re 22,8) se refleja en él, pero las repeticiones y los desarrollos homiléticos lo hacen improbable. 1 – Estos son los mandatos y decretos que ustedes deberán poner en práctica mientras vivan en la tierra que el Señor, Dios de sus padres, les da en posesión.
El culto centralizado(2 Re 23)2 Destruirán todos los santuarios donde esos pueblos, que ustedes van a conquistar, daban culto a sus dioses, en lo alto de los montes, sobre las colinas, bajo cualquier árbol frondoso;
demolerán sus altares, destrozarán sus piedras conmemorativas, quemarán sus postes sagrados, derribarán las imágenes de sus dioses y borrarán sus nombres de aquel lugar.
Al Señor, su Dios, no le darán culto de esa manera.
Irán a buscarlo al lugar que él elija entre todas las tribus, para constituirlo en morada de su nombre.
Allí ofrecerán sus holocaustos y sacrificios: los diezmos, votos y ofrendas voluntarias y también los primogénitos de sus ganados y rebaños.
Allí comerán tú y tu familia, en la presencia del Señor, tu Dios, y festejarán todas las empresas que el Señor, tu Dios, haya bendecido.
Allí no deberán hacer ustedes lo que ahora hacemos aquí, donde cada uno hace lo que mejor le parece,
porque todavía no han entrado en el lugar del descanso y en la herencia que el Señor, tu Dios, te dará.
Cuando crucen el Jordán, y habiten la tierra que el Señor, su Dios, va a repartirles en herencia, y ponga fin a las hostilidades con los enemigos que los rodean, y vivan tranquilos,
llevarán al lugar que el Señor, su Dios, se elija para morada de su Nombre todo lo que les tengo ordenado: sus holocaustos, sacrificios, diezmos, ofrendas y lo mejor de sus votos que hayan hecho al Señor.
Harán fiesta en presencia del Señor, su Dios, ustedes, sus hijos e hijas, sus siervos y siervas, y también el levita que vive en tu vecindad, ya que él no ha recibido entre ustedes ninguna tierra en propiedad.
Ten cuidado. No ofrecerás sacrificios en cualquier santuario que veas,
sino sólo en el lugar que el Señor se elija en una de tus tribus: allí ofrecerás tus holocaustos y allí harás lo que te tengo ordenado.
Puedes matar y comer carne en cualquier pueblo cuando tengas ganas, según los dones que el Señor, tu Dios, te conceda; pueden comerla el puro y el impuro, como si se tratase de gacela o ciervo;
pero la sangre no la comerán; la derramarás por tierra, como el agua.
En tu residencia no puedes comer los diezmos del trigo, del mosto y del aceite; los primogénitos de tus reses y ovejas; los votos, las ofrendas y ofertas voluntarias.
Sólo los comerás en presencia del Señor, en el lugar que el Señor, tu Dios, elija, junto con tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva y el levita que viva en tu vecindad. En presencia del Señor celebrarás el éxito de tus tareas.
Ten cuidado. No abandones al levita mientras dure tu vida en la tierra.
Cuando el Señor, tu Dios, ensanche tus fronteras, como te ha prometido, y decidas comer carne porque te viene ganas de comerla, puedes comerla a voluntad.
Si el lugar que elijas el Señor, tu Dios, para poner allí su Nombre, queda lejos, tú mismo podrás matar, conforme a mis prescripciones, las reses u ovejas que te dé el Señor, y comerás en tu ciudad siempre que te venga en gana;
comerás esa carne como si se tratase de gacela o ciervo; pueden comerla el puro y el impuro.
Pero de ningún modo comas sangre, porque la sangre es la vida, y no comerás la vida con la carne.
No la comas, derrámala en tierra, como agua.
No la comas, y te irá bien a ti y a tus hijos que te sucedan por haber hecho lo que Dios aprueba.
Lo que hayas consagrado u ofrecido por voto, llévalo al lugar que el Señor escoja.
De los holocaustos ofrecerás carne y sangre sobre el altar del Señor, tu Dios; de los sacrificios de comunión derramarás la sangre sobre el altar del Señor, tu Dios, y comerás la carne.
Escucha atentamente todas estas cosas que yo te mando hoy, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, por haber obrado bien y hacer lo que es recto a los ojos del Señor, tu Dios.
Advertencia contra las prácticas idolátricas29 Cuando el Señor, tu Dios, extirpe a los pueblos cuyas tierras vas a ocupar, cuando los desalojes para instalarte en su tierra, una vez quitados de en medio,
no caigas en la trampa detrás de ellos; no consultes a sus dioses ni averigües cómo les daban culto dichos pueblos, para hacer tú lo mismo.
Tú no harás lo mismo con el Señor, tu Dios, porque él considera abominable y detesta todo lo que ellos hacen para honrar a sus dioses, ya que llegan incluso a quemar a sus hijos e hijas en honor de sus dioses.

Comentarios
El culto centralizado.
Al «sistema faraónico» que sometía y esclavizaba a los más débiles, se opuso el modelo emprendido por Israel al salir de Egipto. Este modelo pretendía implementar leyes que respetasen la dignidad humana. Pero con el paso de los años, se fue diluyendo. Así pues, una de las primeras preocupaciones del pueblo fue eliminar el culto cananeo y propagar el culto al Señor en distintas partes del país (cfr. Gn 28,18-22; Éx 20,24; 24,4; Jos 24,26). Pues bien, esta pluralidad de santuarios locales se deroga al imponer una nueva ley que ordena centralizar el culto exclusivamente en Jerusalén (4-12). Esta nueva ley corresponde a una época distinta de la de las leyes más simples y antiguas. Corresponde al período de Josías, quien retoma la línea de reforma religiosa de su abuelo, Ezequías, y está muy de cerca secundado por la corriente deuteronomista (D). Es probable que la reforma religiosa haya tenido efectos positivos en la política del rey, pero no en el pueblo, que ya no pudo realizar su culto ni sus fiestas en los lugares más cercanos. Tampoco lo hicieron los miembros de la tribu de Leví y sus familias que, aparte de no poseer una heredad (12), tuvieron que someterse a un turno riguroso en Jerusalén, no ya para oficiar en el culto, sino para prestar servicios menores en el Templo.
Los versículos 13-18 regulan todos los aspectos de la ley de centralización del culto y el consumo de la carne de los sacrificios o de los frutos de la tierra ofrecidos en el Santuario. Cabe resaltar dos cosas: la exigencia de comer en familia la carne de los sacrificios y no olvidar a los levitas (cfr. 14.27.29). Se trata de compartir con ellos porque han perdido su empleo en los santuarios locales y porque la única porción que poseen es el Señor, cuya Palabra deben actualizar y enseñar en las comunidades.
Advertencia contra las prácticas idolátricas.
Estos versículos son programáticos, en cuanto se dan para «cuando el Señor extirpe a los pueblos cuya tierra vas a ocupar» (29). Israel no puede imitar esos cultos ni siquiera debe averi-guar cómo los practican, porque todos resultan abominables a los ojos del Señor.