1

 Aquel día se abrirá un manantial para que puedan lavar en él sus pecados e impurezas la dinastía de David y los vecinos de Jerusalén.

2

 En aquel día –oráculo del Señor Todopoderoso– arrancaré del país los nombres de los ídolos y no serán invocados más; también apartaré del país sus profetas y el espíritu que los contamina.

3

 Si uno vuelve a profetizar, los mismos padres que lo engendraron le dirán: No quedarás vivo, por haber profetizado mentiras en nombre del Señor. Sus mismos padres lo apuñalarán por hacerse pasar por profeta.

4

 En aquel día se avergonzarán los profetas de sus visiones y profecías y no se vestirán mantos peludos para engañar.

5

 Dirán: No soy profeta, sino labrador; la tierra es mi ocupación desde la juventud.

6

 Le preguntarán: ¿Y qué son esas heridas que llevas entre los brazos? Contestará: Es que me hirieron en casa de mis amantes.

7

 ¡Levántate, espada, contra mi pastor, contra mi ayudante! –oráculo del Señor Todopoderoso–. Hiere al pastor, que se dispersen las ovejas; volveré mi mano contra los pequeños.

8

 En todo el país –oráculo del Señor– dos tercios serán arrancados y perecerán, y quedará sólo un tercio.

9

 Ese tercio lo pasaré por fuego, lo purificaré como al oro, lo limpiaré como a la plata. Después me llamará y yo le contestaré; diré: Son mi pueblo, y ellos dirán: El Señor es mi Dios.

Comentarios

12:1 - 14:21

Aquel día.

Sección final cargada de promesas de salvación y gloria para Jerusalén. El tono de estos capítulos es eminentemente apocalíptico y escatológico, lo cual se deduce de su reiterada fórmula «entonces aquel día…», «sucederá aquel día…». El profeta alude a imágenes y sucesos que están por venir. Hay quienes ven en estos capítulos una unidad independiente del resto del libro por el cambio de tema y de tono; sin embargo, otros autores afirman que hay una cierta coherencia con el pensamiento desarrollado a partir del capítulo 9.

13:1 - 13:6

La Jerusalén futura no solo podrá contar con una primacía militar.

Ya en 12,10 anunciaba la efusión del Espíritu de gracia y de súplica como anticipo de lo que también formará parte de la ciudad futura: la purificación de los pecados e impurezas, incluyendo el mismo culto (1), porque se extirparán del país los ídolos y sus profetas, considerados automáticamente falsos (2), hasta el punto de que incluso los mismos familiares de estos profetas se encargarán de perseguirlos. La mención de las heridas en los brazos (6) alude a prácticas de incisión en la piel para alcanzar el trance y obtener visiones. El contexto nos ayuda a entender que en la Jerusalén del futuro no habrá profetas falsos, porque los ídolos a quienes sirven serán extirpados.


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