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El sueño de Mardoqueo  

El año segundo del reinado del emperador Artajerjes, el día uno de abril, tuvo un sueño Mardoqueo, hijo de Yaír, descendiente de Semeí, y de Quis, benjaminita,

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 un judío que vivía en la ciudad de Susa, funcionario de la corte,

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 uno de los deportados que Nabucodonosor, rey de Babilonia, había llevado cautivos desde Jerusalén con Jeconías, rey de Judá.

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 Soñó lo siguiente: gritos y estruendo, truenos, un terremoto, tumulto en la tierra.

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 Luego aparecieron dos grandes dragones dispuestos al combate; lanzaron un rugido,

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 y al oírlo, todas las naciones se armaron para atacar a la raza de los justos.

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 El día quedó oscuro y sombrío. ¡Día de tribulación y angustia, calamidades y tumultos!

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 Toda la raza de los justos se asustó, temiendo la ruina, y se dispusieron a morir; pero gritaron al Señor,

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 y en respuesta a su clamor, un río enorme y caudaloso surgió como de una fuentecilla;

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 apareció una luz y salió el sol; los oprimidos se levantaron y devoraron a los grandes.

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 Cuando Mardoqueo despertó, se le había grabado profundamente aquel sueño, en el que había visto los planes de Dios, y estuvo dándole vueltas hasta la noche, intentando descifrarlo.

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Mardoqueo delata a los golpistas  

Mardoqueo vivía en la corte con Gabazá y Zarra, los dos eunucos reales centinelas,

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 y oyendo sus conversaciones se enteró de sus planes, hasta averiguar que preparaban un atentado contra el rey Artajerjes. Mardoqueo informó al rey de todo.

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 El rey interrogó a los dos eunucos; ellos confesaron y fueron ajusticiados.

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 Entonces el rey mandó escribir este suceso en los anales, y Mardoqueo, por su cuenta, escribió una relación de todo aquello.

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 El rey dio a Mardoqueo un cargo en la corte y lo recompensó con regalos.

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 Pero Amán, el hijo de Hamdatá, de Agag, un personaje con mucho prestigio ante el rey, andaba buscando la manera de perjudicar a Mardoqueo y a su gente por el asunto de los dos eunucos del rey.


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