2 Crónicas
Capítulo 17
Josafat de Judá (870-848)
Le sucedió en el trono su hijo Josafat, que logró imponerse al reino de Israel.
Instaló guarniciones en todas las fortalezas de Judá, y nombró gobernadores en el territorio de Judá y en las ciudades de Efraín, que había conquistado su padre, Asá.
El Señor estuvo con Josafat porque imitó la antigua conducta de su padre y no servía a los baales,
sino al Dios de su padre, cumpliendo sus preceptos; no imitó la conducta de Israel.
El Señor consolidó el reino en sus manos; todo Judá le pagaba tributo, y Josafat llegó a tener gran riqueza y prestigio.
Su orgullo era caminar por las sendas del Señor, y volvió a suprimir los santuarios paganos y las piedras conmemorativas de Judá.
El año tercero de su reinado envió a algunos jefes, Ben-Jail, Abdías, Zacarías, Natanael y Miqueas, a instruir a los habitantes de las ciudades de Judá.
Iban con ellos los levitas Semayas, Natanías, Zebadías, Asael, Semiramot, Jonatán, Adonías, Tobías y Tobadonías y los sacerdotes Elisamá y Jorán.
Recorrieron como instructores de Judá todas las ciudades de Judá, llevando el libro de la ley del Señor, e instruyeron al pueblo.
Todos los reinos vecinos de Judá, presos de un pánico sagrado, se abstuvieron de luchar contra Josafat.
Los filisteos le pagaban tributo copioso en dinero; también los árabes le traían ganado menor: siete mil setecientos carneros y siete mil setecientos chivos.
Josafat se hizo cada vez más poderoso. Construyó fortalezas y ciudades de aprovisionamiento en Judá.
Tenía muchos empleados en las ciudades de Judá. En Jerusalén disponía de soldados valientes y aguerridos,
alistados por familias: Alto Mando de Judá: Adnaj, capitán general, con trescientos mil soldados;
a sus órdenes, el general Juan, con doscientos ochenta mil,
y Amasías, hijo de Zicrí, que servía al Señor como voluntario, al mando de doscientos mil.
De Benjamín: el valeroso Elyadá, con doscientos mil hombres, armados de arco y escudo;
a sus órdenes estaba Yehozabad, con ciento ochenta mil hombres disponibles.
Todos éstos se hallaban al servicio del rey, sin contar los que éste había destinado a las fortalezas de Judá.
