2 Crónicas
Capítulo 14
Asá de Judá (911-870)
Asá hizo lo que el Señor, su Dios, aprueba y estima.
Suprimió los altares de los cultos extranjeros y los santuarios de los lugares altos, destrozó las piedras conmemorativas y cortó los pilares sagrados.
Animó a Judá a servir al Señor, Dios de sus padres, y a observar la ley y los preceptos.
Suprimió los santuarios paganos y los altares de incienso en todas las ciudades de Judá. El reino gozó de paz en su época.
Aprovechando esta paz que le concedió el Señor, la calma que reinaba en el país y la ausencia de guerras durante aquellos años, construyó fortalezas en Judá.
Para ello propuso a los judíos: –Podemos disponer libremente del país porque hemos servido al Señor, nuestro Dios, y él nos ha concedido paz con los vecinos. Vamos a construir estas ciudades y a rodearlas de murallas con torres, puertas y cerrojos. Así lo hicieron con pleno éxito.
Asá dispuso de un ejército de trescientos mil judíos, armados de escudo y lanza, y doscientos ochenta mil benjaminitas, armados de escudos pequeños y arco. Todos eran buenos soldados.
Zéraj de Cus salió a su encuentro con un ejército de un millón de hombres y trescientos carros. Cuando llegó a Maresa,
Asá le hizo frente y entablaron batalla en el valle de Sefatá, junto a Maresa.
Asá invocó al Señor, su Dios: –Señor, cuando quieres ayudar no distingues entre poderosos y débiles. Ayúdanos, Señor, Dios nuestro, que en ti nos apoyamos y en tu nombre nos dirigimos contra esa multitud. Tú eres nuestro Dios. No te dejes vencer por un hombre.
El Señor derrotó a los cusitas ante Asá y Judá. Los cusitas huyeron,
pero Asá los persiguió con su tropa hasta Guerar. El Señor y sus huestes los destrozaron. Murieron tantos cusitas, que no pudieron rehacerse. El botín fue enorme.
Aprovechando que los poblados de la región de Guerar eran presa de un pánico sagrado, los asaltaron y saquearon porque había en ellos gran botín.
Mataron también a unos pastores y volvieron a Jerusalén con gran cantidad de ovejas y camellos.

Comentarios
Los reyes de Judá hasta el exilio.
La última parte de la obra del cronista está dedicada a la historia del reino de Judá, desde Salomón hasta los tiempos del exilio, y elimina casi por completo toda referencia al reino del Norte. Para el cronista, el reino de Judá representará todo Israel. El criterio de valoración de cada rey será su fidelidad a Dios. Como modelos de esa fidelidad, destacan cuatro figuras ideales: Asá, Josafat, Josías y, sobre todo, Ezequías. Junto a los reyes aparecen los profetas, cuyo anuncio se condensa en advertencias e insistentes invitaciones a la fidelidad al Señor. En realidad, el cronista invita a la comunidad postexílica a buscar a Dios, a mantenerse fiel a Aquel que se ha mantenido fiel a su pueblo, a pesar de las dificultades.
Asá de Judá.
Los tres capítulos del reinado de Asá reelaboran las noticias de 1 Re 15,9-24. En el Libro de los Reyes la figura de Asá es ambigua. El cronista resuelve las contradicciones introduciendo una división temporal. La primera etapa (14s) está sellada por una reforma religiosa y culmina en una magnífica victoria. Luego sucede un doble pecado: buscar apoyo en una potencia extranjera (16,1-6), lo cual es una deslealtad porque indica desconfianza en el Señor; y perseguir a un profeta que lo invita al arrepentimiento y a la búsqueda de Dios (16,7-10). Como consecuencia, vienen las guerras continuas y una enfermedad que acaba con él (16,11-14). Recurriendo exclusivamente a remedios humanos, el rey demuestra que no ha comprendido el sentido de la dolencia y agrava el pecado. De esta manera su reinado se convierte en un ejemplo viviente del principio de la retribución.