2 Crónicas
Capítulo 21
Jorán de Judá (848-841)
Murió Josafat y lo enterraron con sus antepasados en la Ciudad de David. Su hijo Jorán le sucedió en el trono.
Tenía varios hermanos de padre: Azarías, Yejiel, Zacarías, Azarías, Miguel y Sefatías, todos ellos hijos de Josafat de Judá.
Su padre les dejó gran cantidad de plata, oro y objetos de valor, además de fortalezas en Judá; pero el trono se lo dejó a Jorán por ser el primogénito.
Cuando se afianzó en el trono de su padre, asesinó a todos sus hermanos y también a algunos jefes de Israel.
Tenía treinta y dos años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén ocho años.
Imitó la conducta de los reyes de Israel, las acciones de la casa de Ajab, porque se casó con una hija de éste. Hizo lo que el Señor reprueba.
Pero el Señor no quiso destruir la casa de David, a causa del pacto que había hecho con David, y porque le había prometido mantener siempre encendida su lámpara y la de sus hijos.
En su tiempo, Edom se independizó de Judá y se nombró un rey.
Jorán fue con sus generales y todos sus carros, se levantó de noche, y aunque desbarató al ejército idumeo, que lo había envuelto a él y a los oficiales del escuadrón de carros,
Edom se independizó de Judá hasta hoy; también Libná consiguió entonces la independencia. Esto ocurrió por haber abandonado al Señor, Dios de sus padres.
Levantó santuarios paganos en los montes de Judá, arrastró a la idolatría a los habitantes de Jerusalén y descarrió a Judá.
El profeta Elías le mandó a decir por escrito: Así dice el Señor, Dios de tu padre, David: Por no haber imitado la conducta de tu padre, Josafat, y la de Asá, rey de Judá,
sino la conducta de los reyes de Israel; por haber fomentado la idolatría en Judá y entre los habitantes de Jerusalén, copiando las prácticas idolátricas de la casa de Ajab, y por haber asesinado a tus hermanos, la casa de tu padre, que valían todos más que tú,
el Señor herirá a tu pueblo, tus hijos, tus mujeres y tus posesiones con una plaga terrible.
Y tú mismo padecerás muchas dolencias y una enfermedad maligna te consumirá las entrañas día tras día.
El Señor excitó contra Jorán la hostilidad de los filisteos y de los árabes que habitaban junto a los cusitas.
Subieron a Judá, la invadieron y se llevaron todas las riquezas que encontraron en palacio junto con sus mujeres e hijos. Sólo le quedó el más pequeño, Joacaz.
Después de esto, el Señor le hirió las entrañas con una enfermedad insanable.
Pasaron los días y al cabo de dos años la enfermedad le consumió las entrañas; murió entre atroces dolores. Su pueblo no le encendió una hoguera, como había hecho con sus predecesores.
Tenía treinta y dos años cuando subió al trono y reinó en Jerusalén ocho años. Desapareció sin que nadie lo añorase. Lo enterraron en la Ciudad de David, pero no en el panteón real.

Comentarios
Los reyes de Judá hasta el exilio.
La última parte de la obra del cronista está dedicada a la historia del reino de Judá, desde Salomón hasta los tiempos del exilio, y elimina casi por completo toda referencia al reino del Norte. Para el cronista, el reino de Judá representará todo Israel. El criterio de valoración de cada rey será su fidelidad a Dios. Como modelos de esa fidelidad, destacan cuatro figuras ideales: Asá, Josafat, Josías y, sobre todo, Ezequías. Junto a los reyes aparecen los profetas, cuyo anuncio se condensa en advertencias e insistentes invitaciones a la fidelidad al Señor. En realidad, el cronista invita a la comunidad postexílica a buscar a Dios, a mantenerse fiel a Aquel que se ha mantenido fiel a su pueblo, a pesar de las dificultades.
Jorán de Judá.
Para el cronista, el reinado de Jorán es uno de los momentos más oscuros del reino de Judá; un período que termina con la regencia de la reina Atalía, a quien sucede Joás tras una revuelta. Indudablemente Jorán fue un mal rey. El reinado inicia con un fratricidio en masa (4) y termina con una idolatría declarada (11-15). Su muerte se presenta como un castigo de Dios: prematura, dolorosa, sin funeral ni sepultura real (18-20). La referencia al profeta Elías es anacrónica.