MARÍA MAGDALENA
Otras Celebraciones para este Día:
Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
En contra de la creencia popular, basada en una “tradición” más bien tardía y solamente aceptada en la Iglesia occidental, María Magdalena no es la mujer pecadora descrita en Lucas 7. Sabemos que era de Magdala y había sido curada por el Señor. Después de su experiencia personal con el Cristo Resucitado, se volvió una testigo impaciente y afectuosa de la Resurrección del Señor.
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
María Magdalena buscó a tu Hijo Jesús
con el afán de una persona
que lo amaba profundamente
y que temía haberlo perdido.
Cuando ella lo hubo reconocido,
Jesús la hizo testigo de su Resurrección.
Señor Dios, ayúdanos a descubrir
la presencia de tu Hijo
en la gente que nos rodea
y que ellos, a su vez, reconozcan
que Jesucristo vive en nosotros
ahora y por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
Cantar 3, 1-4/ 2 Corintios 5, 14-17
Esto dice la esposa:
"En mi lecho, por las noches,
a mi amado yo buscaba.
Lo busqué, pero fue un vano.
Me levantaré. Por las plazas
y barrios de la ciudad
buscaré al amor de mi alma.
Lo busqué, pero fue en vano.
Y me encontraron los guardias
de la ciudad, y les dije:
'¿Qué no vieron a aquel que ama
mi alma?' Y apenas se fueron,
encontré al amor de mi alma".
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Hermanos: El amor de Cristo nos apremia, al pensar que si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
Por eso nosotros ya no juzgamos a nadie con criterios humanos. Si alguna vez hemos juzgado a Cristo con tales criterios, ahora ya no lo hacemos. El que vive según Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado; ya todo es nuevo.
Salmo Responsorial
R. (2b) Señor, mi alma tiene sed de ti.
Señor, tú eres mi Dios, a ti te busco;
de ti sedienta está mi alma.
Señor, todo mi ser te añora,
como el suelo reseco añora el agua.
R. Señor, mi alma tiene sed de ti.
Para admirar tu gloria y tu poder,
anhelo contemplarte en el santuario.
Pues mejor es tu amor que la existencia;
siempre, Señor, te alabarán mis labios.
R. Señor, mi alma tiene sed de ti.
Podré así bendecirte mientras viva
y levantar en oración mis manos.
De lo mejor se saciará mi alma;
te alabaré con júbilo en los labios.
R. Señor, mi alma tiene sed de ti.
Fuiste mi auxilio
y a tu sombra, canté lleno de gozo.
A ti se adhiere mi alma
y tu diestra me da seguro apoyo.
R. Señor, mi alma tiene sed de ti.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?
A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada.
R. Aleluya.
Evangelio
Resurrección de Jesús
El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena va al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro.
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos.
Pedro subió a la barca y arrastró hasta la playa la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aunque eran tantos, la red no se rompió.
Les dice Jesús:—Vengan a comer.Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó pan y se lo repartió e hizo lo mismo con el pescado.
Ésta fue la tercera aparición de Jesús, ya resucitado, a sus discípulos.
Misión de Simón Pedro15Cuando terminaron de comer, dice Jesús a Simón Pedro:—Simón hijo de Juan, ¿me quieres más que éstos?Él le responde:—Sí, Señor, tú sabes que te quiero.Jesús le dice:—Apacienta mis corderos.
Le pregunta por segunda vez:—Simón hijo de Juan, ¿me quieres?Él le responde:—Sí, Señor, tú sabes que te quiero.Jesús le dice:—Apacienta mis ovejas.
Por tercera vez le pregunta:—Simón hijo de Juan, ¿me quieres?Pedro se entristeció de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le dijo:—Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.Jesús le dice:—Apacienta mis ovejas.
Te lo aseguro, cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías; cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te atará y te llevará a donde no quieras.
Oración de los Fieles
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
En estos signos de pan y vino
tu Hijo se hace presente sobre el altar.
Danos la firme convicción
de que él está vivo
entre nosotros y en nosotros.
Haz que la gente pueda reconocer
que es sólo él
quien da sentido pleno a nuestras vidas.
Te lo pedimos por el mismo Cristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Te damos gracias
por esta celebración eucarística.
Hemos participado en la mesa de tu Hijo;
compartimos su vida y su amor.
Oh Dios, haz que, como María Magdalena,
sepamos dar testimonio entusiasta
de que Jesucristo, tu Hijo, resucitó y vive hoy.
Queremos que nuestras vidas
reflejen el amor y la alegría que él nos trajo,
hasta que entremos en la alegría de tu Reino.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
