DECIMOSEXTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO JUEVES
“NO ENDUREZCAN SUS CORAZONES”
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios bondadoso:
Tú te preocupas por nosotros.
Tu Hijo Jesucristo nos contó este gozoso secreto
en pequeñas historias maravillosas
sobre tu perdón, tu amor y tu paciente misericordia.
No permitas que seamos tan volubles e indiferentes
que cerremos nuestros ojos y oídos a ellas,
sino más bien danos la gracia
de ver, oír y comprender con nuestro corazón
que estas sencillas historias nos están hablando
del verdadero sentido de nuestras vidas.
Cuéntanos entre la gente sencilla
que entiende lo que nos estás diciendo
por medio de Jesucristo nuestro Señor,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
Jeremías recuerda al pueblo de Dios que, en su juventud, después de que Dios hiciera una alianza con él, había sido fiel. Pero que, con el tiempo, ha abandonado a su Dios. También los sacerdotes y los profetas.
Error: Libro o formato no reconocido: Jeremίas 2, 1-3. 7-8. 12-13
Salmo Responsorial
R. (10a) Tu eres, Señor, la fuente de la vida.
Señor, tu misericordia es tan grande como el cielo
y tu fidelidad, como desde la tierra hasta las nubes.
Más grande que las montañas es tu justicia
y tus sentencias son como el océano inmenso. R.
R. Tu eres, Señor, la fuente de la vida.
Señor, qué inapreciable es tu misericordia.
Los seres humanos se acogen a la sombra de tus alas,
se nutren de lo más sabroso de tu casa
y tú les das a beber el torrente de tus delicias. R.
R. Tu eres, Señor, la fuente de la vida.
Porque tú eres, Señor, la fuente de la vida
y tu luz nos hace ver la luz.
Prolonga tu misericordia con los que te reconocen
y tu justicia con los rectos de corazón. R.
R. Tu eres, Señor, la fuente de la vida.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino
a la gente sencilla.
R. Aleluya.
Evangelio
Jesús se queja de que hay algunos que cierran su corazón a su mensaje de vida. Su mensaje es sencillo. Buena parte de él se expresa en las historias conmovedoras de las parábolas. ¿Por qué no las entendemos? Porque somos volubles e inconstantes y vivimos con los ojos puestos en nosotros y en nuestros asuntos. O bien pensamos que somos
demasiado instruidos y autosuficientes, por encima de los pequeños, de los humildes, de la gente sencilla, más receptiva a la palabra de Dios.
Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:
—¿Por qué les hablas contando parábolas?
Él les respondió:
—Porque a ustedes se les ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos, pero a ellos no se les concede.
Al que tiene le darán y le sobrará; al que no tiene le quitarán aun lo que tiene.
Por eso les hablo contando parábolas: porque miran y no ven, escuchan y no oyen ni comprenden.
Se cumple en ellos aquella profecía de Isaías:
Por más que escuchen,
no comprenderán,
por más que miren, no verán.
Se ha endurecido
el corazón de este pueblo;
se han vuelto duros de oído,
se han tapado los ojos.
Que sus ojos no vean
ni sus oídos oigan,
ni su corazón entienda,
ni se conviertan
para que yo los sane.
Dichosos en cambio los ojos de ustedes porque ven y sus oídos porque oyen.
Les aseguro que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y escuchar lo que ustedes escuchan, y no lo escucharon.
Oración de los Fieles
– Por todos los indiferentes y cerrados a la palabra de Dios. Para que la Iglesia sepa oír su silencioso anhelo y presentarles la Palabra de tal manera que les haga ver que su mensaje es importante para sus vidas y su felicidad, roguemos al Señor.
– Por los que permanecen sordos a la palabra de Dios. Para que se sientan movidos cuando la vean floreciendo y produciendo fruto en sus vidas, roguemos al Señor.
– Por los enfermos, los que se sienten solos, los que sufren o están afligidos. Para que la palabra de Dios les lleve consuelo, les dé valor y fuerza para soportar su dolor y seguir esperando en un Dios que los ama, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro,
estamos dispuestos a escuchar
los secretos del Reino de los cielos.
Te presentamos ahora
esta sencilla ofrenda de pan y vino.
Deseamos que ella exprese nuestra voluntad
de estar abiertos a esos tus misterios
con un corazón sencillo,
porque tú te revelas
a los que escuchan con su corazón.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Haznos atentos a las palabras
que Jesús nos ha dirigido en esta celebración
y sigue avivando en nosotros
el amor que nos ha mostrado.
Que nuestra fe sea mucho más que fórmulas ineficaces
que no cambian la vida.
Haz que la historia de nuestra propia vida
les muestre a los que nos rodean
que hemos entendido
cuánto te preocupas tú por nosotros
y que te respondemos con todo nuestro ser,
por Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: El Señor nos dijo hoy en el evangelio: “Benditos sus ojos porque ven, y sus oídos porque oyen”. Escuchemos y veamos al Señor con nuestro corazón. Y que él, Dios todopoderoso, nos bendiga abundantemente: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y que esta bendición permanezca para siempre.
