1

Diez promesas  

El Señor Todopoderoso envió este mensaje:

2

 Así dice el Señor Todopoderoso: Siento celos de Sión, celos terribles, siento de ella unos celos que me arrebatan.

3

 Así dice el Señor Todopoderoso: Volveré a Sión, habitaré en medio de Jerusalén; Jerusalén se llamará Ciudad fiel, el monte del Señor Todopoderoso, Monte santo.

4

 Así dice el Señor Todopoderoso: Otra vez se sentarán ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, y habrá hombres tan ancianos que se apoyarán en bastones;

5

 las calles de la ciudad se llenarán de niños y niñas que jugarán en la calle.

6

 Así dice el Señor Todopoderoso: Si esto parece imposible a los ojos del resto de este pueblo, ¿será también imposible para mí?

7

 Así dice el Señor Todopoderoso: Yo salvaré a mi pueblo y lo traeré de los países de oriente y occidente, para que habite en Jerusalén.

8

 Ellos serán mi pueblo, yo seré su Dios auténtico y legítimo.

9

 Así dice el Señor Todopoderoso: Anímense a trabajar los que escucharon estas palabras, pronunciadas por los profetas, el día en que se echaron los cimientos para la construcción del templo del Señor Todopoderoso.

10

 Porque antes no había salario para hombres ni animales, no había seguridad para los que iban y venían, a causa del enemigo. Yo enfrentaba unos contra otros.

11

 Ahora no trataré al resto del pueblo como en tiempos pasados –oráculo del Señor Todopoderoso–.

12

 Sembrarán tranquilos, la viña dará su fruto, la tierra dará su cosecha, el cielo dará su rocío; todo se lo entrego como herencia al resto de este pueblo.

13

 Así como antes, pueblo de Judá y pueblo de Israel fueron maldecidos por los paganos, así ahora los salvaré y serán bendecidos. No teman, anímense.

14

 Así dice el Señor Todopoderoso: Como planeaba desgracias contra ustedes, cuando me irritaban sus padres, y no me arrepentía –dice el Señor Todopoderoso–,

15

 así cambiaré en estos días mis planes para hacer bien a Jerusalén y a Judá. No teman.

16

 Esto es lo que tienen que hacer: Decir la verdad al prójimo, juzgar con integridad en los tribunales;

17

 no tramar males unos contra otros, no acostumbrarse a jurar en falso, que yo aborrezco todo eso –oráculo del Señor–.

18

 El Señor Todopoderoso me dirigió la palabra:

19

 Así dice el Señor Todopoderoso: El ayuno de los meses cuarto, quinto, séptimo y décimo se cambiará para Judá en gozo, alegría y festividad. Amen la sinceridad y la paz.

20

 Así dice el Señor Todopoderoso: Todavía vendrán pueblos y vecinos de ciudades populosas;

21

 los habitantes de una ciudad irán a los de otra y les dirán: Vamos a apaciguar al Señor. –Yo voy contigo a visitar al Señor Todopoderoso.

22

 Así vendrán pueblos numerosos y naciones poderosas a visitar al Señor Todopoderoso en Jerusalén y a apaciguar al Señor.

23

 Así dice el Señor Todopoderoso: En aquellos días diez hombres de cada lengua extranjera agarrarán a un judío por el borde del manto y le dirán: Queremos ir con ustedes, porque hemos oído que Dios está con ustedes.

Comentarios

7:1 - 8:23

Estos dos últimos capítulos cierran la primera parte del libro de Zacarías.

En ellos encontramos varios puntos de contacto entre la profecía nueva, es decir, la que se desarrolla en la primera época del postexilio, y aquella que podría llamarse profecía clásica, la que se desarrolló antes del exilio. Por primera vez en Zacarías, encontramos una doctrina en materia de justicia social y otros aspectos que aún no habían aparecido, dado que su mensaje y su preocupación primaria fueron la reconstrucción del templo, la entronización ideal del sumo sacerdote y la coronación del «Germen» de Israel.

8:1 - 8:23

Diez promesas.

El profeta parte de una actitud de Dios: está celoso por Sión, arde en deseos de volver a habitarla (2), y decide volver; por tanto, promete establecerse de nuevo en ella (3) y poblarla de nuevo (4s). Aunque para muchos sea algo imposible lo que Dios piensa realizar (6), Él está decidido a salvar a su pueblo, Él mismo hará volver a los dispersos (7); con ellos promete restablecer en primer lugar la Alianza: «Ellos serán mi pueblo, yo seré su Dios auténtico y legítimo» (8). Con la restauración de la Alianza vienen las promesas de un cambio de situación que comienza con la normalización de las relaciones interpersonales o, si se quiere, intergrupales (10), cambio de situación en lo que atañe al necesario bienestar y prosperidad (12), que se traducen en bendición (13), y paz (15), elementos esenciales del «shalom» hebreo y del «salam» árabe. Estas promesas, fruto de la decisión divina, implican unos compromisos efectivos (16-19) que tienen que ver tanto con la relación con los demás: justicia y rectitud (16, 17a), como con las relaciones con Dios (17b, 19). Las promesas inquebrantables de Dios y el esfuerzo del pueblo por cumplir sus compromisos traerán efectos propios a la vida interna (9-15), y a la vida externa: muchos otros se animarán a regresar, pero también pueblos y naciones de otras lenguas llegarán hasta Jerusalén atraídos por las obras del Señor; allí le adorarán y pedirán también ellos su protección (20-23).


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