Job
Capítulo 17
Se me turba la mente, mis días se apagan, me espera el sepulcro:
sólo burlas me acompañan y estoy harto de provocaciones.
Sé tú mi garante ante ti mismo, ¿quién, si no, responderá por mí?
Tú has cerrado su mente al razonamiento y no los dejarás triunfar.
Si alguien denuncia al prójimo para despojarlo, a sus hijos se les consumirán los ojos.
Me ha hecho objeto de burla para la gente, como alguien a quien se escupe en la cara;
mis ojos se consumen irritados y mis miembros son todos como sombra.
Los justos se asombran al verlo y el inocente se indigna contra el malvado;
pero el justo se afirma en su camino y el de manos puras fortalece su ánimo.
Vengan todos, vuelvan: que entre ustedes no encontraré un sabio.
Pasan mis días, fracasan mis planes, y las aspiraciones de mi corazón,
pero ustedes convierten la noche en día, en luz cercana la tiniebla presente.
¡Nada espero! El Abismo es mi casa, me hago la cama en las tinieblas,
a la podredumbre la llamo madre, a los gusanos padre y hermanos.
¿Dónde ha quedado mi esperanza? Mi esperanza, ¿quién la ha visto?
Bajará a las puertas del Abismo cuando nos hundamos juntos en la tierra.

Comentarios
Respuesta de Job a Elifaz.
Job se impacienta. ¿Le gustaría que sus amigos estuvieran en su situación para administrarles la misma medicina? A veces, su pensamiento divaga entre el cielo y la tierra, ya dirigiéndose a Dios, ya a sus amigos. Job reacciona no con expresiones de arrepentimiento, sino con gestos de dolor y pesadumbre (16,15; cfr. 1,20), como quien siente la muerte cercana (16,18–17,2). En el Antiguo Testamento existía la creencia de que la sangre de una víctima inocente clamaba desde la tierra pidiendo justicia, por ejemplo, la de Abel (Gn 4,10). Job espera que, después de que la muerte haya cerrado sus labios, su sangre siga gritando. Antes, olvidado de sus amigos, buscaba un árbitro entre él y Dios; ahora espera un testigo, un intercesor allá arriba (16,19), segura-mente un miembro del Consejo celestial que, contrariamente a lo que hizo Satán, interceda a su favor. Olvidado, solo, burlado, su pensamiento retorna a la muerte (17,11-16), presentada mediante una serie de imágenes negativas: el país de los difuntos (17,13-16), la oscuridad (17,13), la corrupción y los gusanos (17,14), el polvo (17,16).