1

Estoy hastiado de la vida: así que voy a dar rienda suelta a mis quejas desahogando la amargura de mi alma.

2

Pediré a Dios: No me condenes, hazme saber qué tienes contra mí.

3

¿Te parece bien oprimirme y despreciar la obra de tus manos, mientras favoreces los planes del malvado?

4

¿Tienes ojos de carne o ves como ven los hombres?

5

¿Son tus días como los de un mortal y tus años como los de un hombre

6

para que busques mi culpa y examines mi pecado,

7

aunque sabes que no soy culpable y que nadie me librará de tus manos?

8

Tus manos me formaron, ellas modelaron todo mi contorno, ¿y ahora me aniquilas?

9

Recuerda que me hiciste de barro, ¿y me vas a devolver al polvo?

10

¿No me derramaste como leche?, ¿no me cuajaste como queso?,

11

¿no me forraste de carne y piel?, ¿no me tejiste de huesos y tendones?,

12

¿no me otorgaste vida y favor y tu providencia no custodió mi espíritu?

13

Y con todo, algo te guardabas: ahora sé que pensabas esto:

14

que si pecaba, me estarías vigilando y no me dejarías sin castigo;

15

que si era culpable, ¡ay de mí!; que si era inocente, tampoco levantaría cabeza, lleno de vergüenza y embriagado de miserias;

16

que si la levantaba, me darías caza como a un león, repitiendo tus proezas contra mí,

17

renovando tus ataques contra mí, redoblando tu cólera contra mí, tus tropas de relevo sobre mí.

18

Entonces, ¿por qué me sacaste del vientre? Pude haber muerto sin que unos ojos me vieran,

19

y ser como si no hubiera existido, conducido del vientre al sepulcro.

20

¡Qué pocos son mis días! Que Dios acabe y se aparte de mí, y tendré un instante de alegría,

21

antes de partir, para no volver, al país de tinieblas y sombras,

22

a la tierra de la oscuridad y el desorden, donde la misma claridad es sombra.

Comentarios

4:1 - 14:22

Primera sesión de discursos.

Horrorizados por los lamentos de Job y sus repetidos «¿por qué?», los tres amigos abandonan su sabio silencio y creen que deben responder. Los discursos que siguen a continuación se desarrollan en tres sesiones: 4,1–14,22; 15,1–21,34; 22,1–27,23. En las dos primeras, cada uno de los amigos y Job responden de forma extensa. La tercera sesión parece un poco desordenada, quizás por la confusión del texto.

9:1 - 10:22

Respuesta de Job a Bildad.

Aunque estos capítulos presentan muchos problemas de texto y traducción, es claro que abundan en imágenes tomadas de la justicia legal. Job se asemeja, a veces, a un demandante que quiere llevar a Dios a los tribunales (9,3), pero, desafortunadamente, al ser el encausado y el juez la misma persona, ¿qué posibilidades tiene de obtener justicia? Otras veces, Job mismo es el encausa-do que tiene que responder, pues en ello le va la vida (9,14). La impotencia de nuestro héroe se va haciendo cada vez más patente, sobre todo frente al abrumador poder creador de Dios. A pesar de todo, el lenguaje de Job se vuelve cada vez más atrevido y franco. No sabe qué hacer ni qué decir, pues, diga lo que diga, no va a servir para nada. No puede salir victorioso de la contienda. Y aun en el caso de que lograra limpiar su reputación, Dios simplemente volvería a mancharla (9,25-31). Olvidado por sus amigos, Job desearía encontrar una tercera persona, un árbitro imparcial (cfr. 16,19; 19,25) que estableciera justicia entre Dios y él, pero sabe que esto es imposible. Presa de la desesperación, comienza de nuevo a aborrecer la vida (9,33-35b). Y se lamenta. Apela a la memoria de Dios, recordándole aquellos días felices en que el Creador lo formó (10,9-12). ¿Por qué Dios lo persigue ahora, acorralándolo como a un animal salvaje? (10,16). Como en 3,11 y 7,15, invoca de nuevo a la muerte de la cual no se regresa (10,18-22).


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