Job
Capítulo 27
Job siguió entonando sus versos y dijo:
¡Por Dios, que me niega mi derecho, por el Todopoderoso, que me llena de amargura,
mientras haya en mí un soplo de vida y el aliento de Dios esté en mis narices,
mis labios no dirán falsedades ni mi lengua pronunciará mentiras!
¡Lejos de mí darles la razón! Hasta el último aliento mantendré mi honradez,
me aferraré a mi inocencia sin ceder: la conciencia no me reprocha ni uno de mis días.
Que mi enemigo tenga la suerte del culpable y mi adversario, la del hombre injusto. Sofar tomó la palabra y dijo:
¿Qué esperanza le queda al impío cuando le cortan la trama, cuando Dios le arranca la vida?
¿Oirá Dios sus reclamos cuando lo sorprenda la angustia?
¿Era el Todopoderoso su delicia?, ¿invocaba a Dios en toda ocasión?
Les explicaré el poder de Dios, no les ocultaré lo que dispone el Todopoderoso;
si todos ustedes ya lo han comprobado, ¿por qué se pierden en discursos sin sentido?
Ésta es la suerte que Dios reserva al malvado, la herencia que los tiranos reciben del Todopoderoso:
si tiene muchos hijos, serán para la espada, sus descendientes no se saciarán de pan;
a los supervivientes los enterrará la peste y sus viudas no los llorarán;
si amontona plata como tierra y apila vestidos como barro,
el inocente usará esa ropa y el justo heredará su plata;
la casa que se construya será frágil como telaraña, como choza de pastor;
si se acuesta rico, es por última vez, al abrir los ojos no le queda nada.
De día lo asaltan los terrores, de noche lo arrebata el huracán,
se lo lleva el viento del este, el torbellino lo arranca de su sitio;
Dios lo empuja sin piedad, y él intenta huir por todas partes.
La gente lo aplaude por su ruina y lo silban cuando marcha de su sitio.

Comentarios
Tercera sesión de discursos.
Esta sesión de discursos resulta desordenada y confusa. Elifaz habla y Job responde. El discurso de Bildad, de solo cinco versículos, está seguramente truncado; Sofar permanece en silencio. Es más, parte de lo que Job dice parece más propio de la boca de sus amigos. Los expertos siguen intentando llegar a una conclusión coherente, pero da la impresión de que Job y sus amigos están gritando todos al mismo tiempo, lo cual podría ser, muy bien, el final adecuado de un «diálogo» de sordos acerca del orden cósmico y moral.
Respuesta final de Job.
Los dos siguientes capítulos son problemáticos; parecen ser más bien el resultado de fragmentos recogidos y yuxtapuestos. Job comienza con la típica mofa de sus amigos y los increpa con la abundancia de la clásica terminología sapiencial: consejos, avisos, reflexiones (26,2s). La magnífica descripción de la creación (26,5-14) podría muy bien ser la continuación del himno de Bildad al Creador (25,2-6). Tal como está el texto, parece que Job interrumpe a Bildad para terminar él mismo el himno iniciado por su amigo. Con un solemne juramento, Job vuelve a afirmar su inocencia. Es Dios quien le hace injusticia a él, pero, a diferencia de sus amigos, Job no servirá a Dios con mentira y falsedad (27,4; cfr. 13,7-9). El texto de 27,7-21 parece más bien el eco de lo que los amigos le reprochan. Algunos expertos han tratado de reconstruir, a partir de ellos, un tercer discurso perdido de Sofar. Intentando buscar un sentido al texto tal y como está, este podría ser su significado: según la ley del antiguo Israel, a quien ha sido reconocido culpable de falso testimonio contra una persona inocente se le deberá imponer el mismo castigo que habría recibido la parte inocente. Esa es la suerte que Job desea a sus pretendidos amigos (27,7), especificando después los castigos con los que ellos le han amenazado (27,8-23).