Amós
Capítulo 9
Quinta visión
Vi al Señor de pie junto al altar, que decía:
Golpea los capiteles
y temblarán los umbrales;
arrancaré a todos los capitanes
y daré muerte a espada
a los que queden
no escapará ni un fugitivo,
no se salvará ni un evadido.
Aunque perforen hasta el abismo, de allí los sacará mi mano; aunque escalen el cielo, de allí los derribaré;
aunque se escondan en la cima del Carmelo, allí los descubriré y agarraré; aunque se me oculten en lo hondo del mar, allá enviaré la serpiente que los muerda;
aunque vayan cautivos delante del enemigo, allá enviaré la espada que los mate. Tendré puestos en ellos mis ojos para mal, no para bien.
El Señor Todopoderoso, toca la tierra y la tierra se estremece, toda ella crece y disminuye como el Nilo, y hacen duelo sus habitantes;
Él construye en el cielo las gradas de su trono y cimienta su bóveda sobre la tierra; convoca las aguas del mar y las derrama sobre la superficie de la tierra; su nombre es El Señor.
¿No son ustedes para mí como nubios, israelitas? –oráculo del Señor–. Si saqué a Israel de Egipto, saqué a los filisteos de Creta y a los sirios de Quir.
Miren, yo el Señor clavo los ojos sobre el reino pecador y los extirparé de la superficie de la tierra –aunque no aniquilaré a la casa de Jacob– –oráculo del Señor–.
Miren, daré órdenes de zarandear a Israel entre las naciones, como se zarandea el trigo en un cedazo sin que caiga un grano a tierra.
Pero morirán a espada todos los pecadores de mi pueblo; los que dicen: No llega, no nos alcanza la desgracia.
Día de restauración
Aquel día levantaré
la choza caída de David,
repararé sus boquetes,
levantaré sus ruinas
hasta reconstruirla
como era en tiempos antiguos;
para que conquisten el resto de Edom y todos los pueblos que llevaron mi Nombre –oráculo del Señor, que lo cumplirá–.
Miren que llegan días –oráculo del Señor– en los que el que ara seguirá de cerca al que cosecha y el que pisa uvas al sembrador; fluirá licor por los montes y destilarán todas las colinas.
Cambiaré la suerte de mi pueblo, Israel: reconstruirán ciudades arruinadas y las habitarán, plantarán viñedos y beberán su vino, cultivarán huertos y comerán sus frutos.
Los plantaré en su tierra y ya no los arrancarán de la tierra que les di, dice el Señor, tu Dios.

Comentarios
Visiones.
La segunda parte del libro está compuesta por cinco visiones de profundo significado, en las que se insertan el incidente de Amós con el sacerdote Amasías (7,10-17) y un oráculo contra la clase poderosa del reino del Norte (8,4-14). Conviene resaltar algunas de sus características: 1. La visión como constitutiva del ministerio profético. 2. La urgencia interior del profeta, que le obliga a hablar «a tiempo y a destiempo, con ocasión y sin ella». 3. La intercesión del profeta por el pueblo. 4. La independencia del profeta respecto al poder y al poderoso de turno. 5. La conciencia de su identificación con la causa del Señor, que coincide perfectamente con la del empobrecido, del marginado, del sin-nada. 6. La experiencia profunda de Dios, que le lleva a la firme convicción de que la palabra que anuncia es Palabra de Dios. 7. El verdadero profeta no se «gana» la vida profetizando; al profeta asalariado no le importa mucho la causa del Señor, sino la de su amo, que nunca coincide con la de los empobrecidos.
Quinta visión.
Los vv. 1-4 describen la última de las visiones de Amós, en la que se cumple la amenaza de destrucción. Nótese cómo el primer golpe se da precisamente en el lugar central del culto: en el altar del templo. Como espacio concreto y como lugar institucional, este podría ser un buen sitio para refugiarse; sin embargo, ni este lugar, ni la cima del Carmelo, ni el abismo, ni el mismo cielo servirán de escondite: el ojo de Dios echará su mirada fulminante para acabar con todos. Los vv. 5-8a subrayan el poder del Señor sobre toda la tierra, los pueblos y las naciones.
Día de restauración.
Según algunos críticos, el mensaje de Amós terminaba en 9,10, dejando prácticamente cerrados el juicio y la sentencia sin apelación. Al parecer, un redactor posterior añadió esta breve sección, cuyo objetivo es ampliar un poco el horizonte. Es probable que se escribiera en una época en la que tanto Israel como Judá habían padecido invasiones y deportaciones, y por eso ahora están en condiciones de entender lo que significan el consuelo, la esperanza, la restauración, y buscar y conocer a Dios… Ante el devastador panorama, el «resto» de Israel es de nuevo acogido e impulsado a soñar con un futuro próspero marcado y guiado por la comunión serena y armónica con la creación y con su Dios.