VIGESIMOTERCER SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO JUEVES
AMOR SIN CONDICIONES NI FRONTERAS
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios, Padre nuestro,
de quien procede todo lo bueno
y hacia quien orientamos nuestra vida:
cólmanos con tu propio amor gratuito,
el mismo que nos has mostrado en Cristo Jesús.
Enséñanos a amar y a bendecir
incluso a los que nos maltratan o maldicen.
Y, de verdad, profundiza y ensancha nuestro limitado amor.
Modela nuestro corazón sin medida, como el tuyo,
para que nos llamemos hijos e hijas tuyos,
tú, que eres Dios Altísimo y Padre nuestro,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
En tiempos antiguos, en el mundo griego, mucha carne de los animales sacrificados se vendía para alimento del pueblo. Al comer esta carne ¿participaban los cristianos en la idolatría? Pablo les dice que ellos no honran a falsos dioses, ya que éstos no existen. Pero, como algunos cristianos son escrupulosos, es mejor no ofenderlos. Y, por lo tanto, será mejor abstenerse de carne procedente de los sacrificios a falsos dioses; abstenerse de algo que pudieran hacer legítimamente. Eso es amor, y es el amor el que ha de gobernar la comunidad.
Víctimas sacrificadas a los ídolos
En cuanto a la carne inmolada a los ídolos, todos tenemos el conocimiento debido, ya lo sabemos, pero el conocimiento llena de orgullo mientras que el amor edifica.
Si alguien cree conocer algo, aún no lo conoce como se debe conocer.
En cambio, si uno ama a Dios, es conocido por Dios.
En cuanto a comer carne sacrificada a los ídolos, sabemos que no existen los ídolos del mundo, y que no hay más que un solo Dios.
Aunque existiesen en el cielo o en la tierra los llamados dioses, y hay muchos dioses y señores de ésos,
para nosotros existe un solo Dios, el Padre, que es principio de todo y fin nuestro, y existe un solo Señor, Jesucristo, por quien todo existe y también nosotros.
Pero no todos poseen este conocimiento. Algunos, acostumbrados a la idolatría, comen la carne como realmente sacrificada a los ídolos, y su conciencia débil se contamina.
No es la comida lo que nos acerca a Dios: nada perdemos si no comemos, nada ganamos si comemos.
Pero, tengan cuidado no sea que esa libertad se convierta en tropiezo para los débiles.
Porque si alguien te ve a ti, que sabes cómo se debe obrar, sentado a la mesa en un templo pagano, ¿no se animará su conciencia débil a comer carne sacrificada a los ídolos?
Y así por tu conocimiento se pierde el débil, un hermano por quien Cristo murió.
De ese modo, pecando contra los hermanos e hiriendo su conciencia débil, pecan contra Cristo.
En conclusión, si un alimento escandaliza a mi hermano, no comeré jamás carne, para no escandalizar al hermano.
Salmo Responsorial
Salmo 138, 1b-3. 13-14ab. 23-24
R. (24b) Señor, no dejes que me pierda.
Tú me conoces, Señor, profundamente:
tú conoces cuándo me siento y me levanto,
desde lejos sabes mis pensamientos,
tú observas mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R.
R. Señor, no dejes que me pierda.
Tú formaste mis entrañas,
me tejiste en el seno materno.
Te doy gracias por tan grandes maravillas;
soy un prodigio y tus obras son prodigiosas. R.
R. Señor, no dejes que me pierda.
Examíname, Dios mío, para conocer mi corazón,
ponme a prueba para conocer mis sentimientos,
y si mi camino se desvía,
no dejes que me pierda. R.
R. Señor, no dejes que me pierda.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Si nos amamos los unos a los otros,
Dios permanece en nosotros
y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.
R. Aleluya.
Evangelio
El amor no se basa en simpatías solamente. Un amor de Evangelio, un amor de fe, no pone condiciones ni marca fronteras. Quien ama da más de lo que le piden, y ama también a los “no-dignos-de-amor”, incluso a los enemigos. El verdadero amor no juzga ni condena, sino que está siempre listo para mostrar compasión y perdón. Cuando tenemos en cuenta todas estas implicaciones, seguramente debemos confesar con vergüenza que estamos muy lejos de este ideal que nos propone nuestro Señor. ¿En qué medida somos nosotros en este mundo, con nuestra vida y conducta, el signo viviente del amor mismo de Dios?
Amor a los enemigos
A ustedes que me escuchan yo les digo:
—Amen a sus enemigos, traten bien a los que los odian;
bendigan a los que los maldicen, recen por los que los injurian.
Al que te golpee en una mejilla, ofrécele la otra, al que te quite el manto no le niegues la túnica;
da a todo el que te pide, al que te quite algo no se lo reclames.
Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes.
Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a sus amigos.
Si hacen el bien a los que les hacen el bien, ¿qué mérito tienen? También los pecadores lo hacen.
Si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan para recobrar otro tanto.
Por el contrario amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Así será grande su recompensa y serán hijos del Altísimo, que es generoso con ingratos y malvados.
Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes.
No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados. Perdonen y serán perdonados.
Den y se les dará: recibirán una medida generosa, apretada, sacudida y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos.
Oración de los Fieles
– Por todos los cristianos. Para que nuestra disponibilidad para perdonar y nuestra búsqueda constante de tolerancia y paz hagan referencia explícita a Cristo y al Evangelio, roguemos al Señor.
– Por los que difícilmente creen en el perdón, por los que no dan oportunidades a los demás, por los que guardan sentimientos de rencor, por los cegados por el odio. Para que el Señor los enriquezca a todos con su gran don de la misericordia, roguemos al Señor.
– Por nuestras comunidades cristianas. Para que sepamos oír el llamado de Jesús y así superar divisiones y deshacernos de egoísmos y vencer al mal por la bondad y el bien, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Tú tratas del mismo modo,
con el pan y el vino de alegría de tu Hijo,
tanto a los pecadores y como a los que te aman.
Todos están invitados; a todos los quieres.
Ayúdanos a tender mesas fraternas
para acoger igualmente a amigos y enemigos,
a los que amamos y a los que tememos.
Que éste sea para ti nuestro ofertorio vivo,
que tú aceptas con bondad por medio de tu Hijo,
Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Padre bueno y compasivo:
Por medio de tu Hijo nos has pedido hoy,
en esta celebración eucarística,
no juzgar ni condenar,
e incluso perdonar generosamente
a quienes sentimos que nos han ofendido.
Que tu Hijo Jesucristo nos haga capaces
de dar y darnos sin buscar reembolso o recompensa,
de no reclamar mérito o crédito alguno por nuestras obras,
sino simplemente amar sin fronteras ni condiciones,
como tú nos has amado
en Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Esto nos ha dicho hoy el Señor: “Si ustedes aman sólo a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Amen a sus enemigos.” Esto es algo muy difícil de realizar, pero está en el corazón mismo del cristianismo. Pidamos al Señor que nos dé fuerza, y que nos conceda un amor cristiano lo bastante generoso y profundo que nos disponga a amar así. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.
