VIGESIMONOVENA SEMANA DEL TIEMPO OREDINARIO SÁBADO
CONSTRUYENDO COMUNIDAD
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Es alentador para nosotros oír que,
seamos o no conocidos e influyentes en este mundo,
tanto si nuestros talentos son muchos como si son pocos,
todos somos importantes para ti
y tú nos necesitas para construir el Cuerpo de tu Hijo, la Iglesia.
Gracias por esta confianza que nos das.
Haznos capaces de construir unidad y comunidad
por medio de las gracias y dones
con las que tú nos enriqueces
en Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
La Primera Lectura de la Carta a los Efesios nos dice hoy que se nos dieron los dones a todos y a cada uno de nosotros para edificar el Cuerpo de Cristo. Construir comunidad es nuestra tarea, y cada uno es importante, aun cuando parezca secundario o de poca monta lo que podemos aportarle. Cada miembro añade su propia fuerza.
Cada uno de nosotros recibió su propio don, en la medida en que Cristo los ha distribuido.
Él nombró a unos apóstoles, a otros profetas, evangelistas, pastores y maestros.
Así preparó a los suyos para los trabajos del ministerio, para construir el cuerpo de Cristo;
hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto y a la madurez de la plenitud de Cristo.
Así no seremos niños, juguete de las olas, arrastrados por el viento de cualquier doctrina, por el engaño de la astucia humana y por los trucos del error.
Por el contrario, viviendo en la verdad y el amor, crezcamos hasta alcanzar del todo al que es la cabeza, a Cristo.
Gracias a él, el cuerpo entero, recibe unidad y cohesión gracias a los ligamentos que lo vivifican y por la acción propia de cada miembro; así el cuerpo va creciendo y construyéndose en el amor.
Salmo Responsorial
R. (1) Vamos a la casa del Señor.
íQué alegría sentí, cuando me dijeron:
“Vayamos a la casa del Señor”!
Y hoy estamos aquí, Jerusalén,
jubilosos, delante de tus puertas. R.
R. Vamos a la casa del Señor.
A ti, Jerusalén, suben las tribus,
las tribus del Señor,
según lo que a Israel se le ha ordenado,
para alabar el nombre del Señor. R.
R. Vamos a la casa del Señor.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
No quiero la muerte del pecador,
sino que se arrepienta y viva, dice el Señor.
R. Aleluya.
Evangelio
Somos pecadores, pero Dios es un Dios paciente, dispuesto siempre a dar nuevas oportunidades.
Exhortación al arrepentimiento
En aquella ocasión se presentaron algunos a informarle acerca de unos galileos cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios.
Él contestó:
—¿Piensan que aquellos galileos, sufrieron todo eso porque eran más pecadores que los demás galileos?
Les digo que no; y si ustedes no se arrepienten, acabarán como ellos.
¿O creen que aquellos dieciocho sobre los cuales se derrumbó la torre de Siloé y los mató, eran más culpables que el resto de los habitantes de Jerusalén?
Les digo que no; y si ustedes no se arrepienten acabarán como ellos.
La higuera sin higos
Y les propuso la siguiente parábola: —Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar fruto en ella y no lo encontró.
Dijo al viñador:
—Hace tres años que vengo a buscar fruta en esta higuera y nunca encuentro nada. Córtala, que encima está malgastando la tierra.
Él le contestó:
—Señor, déjala todavía este año; cavaré alrededor y la abonaré,
a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.
Oración de los Fieles
– Para que nuestras comunidades locales sean profundamente conscientes de que están unidas en fe y amor, en esperanza y servicio, con el Papa y con la Iglesia Universal, roguemos al Señor.
– Para que en nuestra Iglesia y en nuestras comunidades nos aceptemos unos a otros en toda nuestra diversidad, roguemos al Señor.
– Para que cada uno de nosotros, en su lugar y con su propia misión, sea profundamente consciente de que es aceptado y requerido para el bien de todo la Iglesia, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Esta nuestra comunidad te ofrece
en este pan y este vino
su deseo de ser una.
Que este banquete eucarístico nos una todavía más
y nos haga el signo visible
de la unidad a la que tú llamas a tu Pueblo
bajo la única cabeza
que es Jesucristo, nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Es hermoso estar aquí unidos
por encima de nuestras diferencias
con una sola fe y un solo amor
junto a Jesús, tu Hijo.
Que la variedad de nuestros talentos
de mente y corazón,
de nuestras inclinaciones y funciones,
e incluso de nuestras deficiencias,
contribuya al crecimiento en Amor
de la Iglesia de Jesucristo, nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Como miembros de un mismo Cuerpo, tenemos que trabajar entusiasta y generosamente todos juntos para edificar la Iglesia. Si dejamos de hacerlo, la Iglesia se desploma. Pero trabajando juntos, en la presencia del Señor, podemos hacerla fuerte y robusta. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
