TRIGÉSIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Dios está en nuestro prójimo / A ustedes los conocerán como discípulos míos por su amor
Ciclo Litúrgico: A
Introducción
Saludo (Ver la Segunda Lectura)
Nos hemos hecho imitadores del Señor
y, con la alegría del Espíritu,
aceptamos el Evangelio.
Hemos llegado a ser siervos del Dios vivo y real.
Que Jesús, el Señor a quien esperamos,
esté siempre con ustedes.
Introducción del Celebrante (Dos opciones)
1. Dios está en nuestro prójimo
Hermanos: ¿Amamos a Dios? Desde luego, decimos; ¡qué pregunta tan tonta! Pero, ¿es realmente tan obvio que amamos a Dios con toda nuestra mente y alma, con todo nuestro corazón? Hay un buen test para medir nuestro amor a Dios: ¿Qué paciencia tienes con tu malhumorado o maníaco esposo o esposa? ¿Puedes perdonar al viejo amigo que te engañó en un importante negocio? ¿Puedes amar todavía al vecino que te llevó injustamente a los tribunales a causa de los límites de tu propiedad? Tu prójimo es la configuración visible del Dios invisible. Pidamos a Jesús en esta eucaristía que lo reconozcamos en nuestro prójimo.
2. A ustedes los conocerán como discípulos míos por su amor
¿Acaso dice la gente, hablando de nuestras comunidades de hoy, lo que decían de las primeras comunidades cristianas: “¡Miren cómo se aman unos a otros!”? ¡Qué diferente sería nuestro mundo si hubiéramos puesto en práctica un amor como ése de los primeros cristianos! El amor cristiano, con el que amamos a Dios, a los hermanos y a nosotros mismos, es un amor que tiene a Dios como su fuente y su fuerza. Éste es el amor que Jesús nos enseña y el que nos exige en esta eucaristía.
Acto Penitencial
Es difícil amar a Dios en la gente.
Pidamos a Dios y a nuestros hermanos
que nos perdonen donde hemos faltado.
(Pausa)
El niño pobre en las chabolas, en las villas,
en los suburbios más desamparados…
o pidiendo junto a los semáforos
eras tú, Señor, pero nosotros no te acogimos.
R/Señor, ten piedad de nosotros.
El tímido extranjero que vive entre nosotros
eres tú, Señor,
pero no hemos aprendido a amarte en él.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Los la familia vecina que dejó de pagar sus deudas
eres tú, Señor, pero es difícil amarlos.
R/Señor, ten piedad de nosotros.
Con tu gran misericordia,
perdónanos, Señor;
ayúdanos a amarte en nuestros hermanos,
y llévanos a la vida eterna.
Oración Colecta
Oremos para que el amor de Dios
llegue a hacerse real y tangible
en nuestro amor al prójimo.
(Pausa)
Oh Dios:
Tú despliegas tu fuerte poder
amándonos sin arrepentirte de ello.
En el corazón humano de tu Hijo Jesús
tú nos has mostrado cuán lejos puede llegar tu amor.
Otórganos un amor que esté dispuesto a perdonar,
generoso y amable como el suyo,
para que sepamos reconocerlo
y amarlo en nuestros hermanos.
Que nuestros corazones alcancen primero
a los más pobres y a los que parecen menos dignos de amor,
y que los alcancemos
con el amor gratuito que tú nos has dado
en Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Amen a los pobres en nombre de la Alianza
En nombre de la Alianza, se pide al pueblo de Dios que haga por los más necesitados lo mismo que Dios ha hecho por su pueblo: mostrar amor para con los pobres, extranjeros y extraños, huérfanos y viudas, y para con los atrapados en deudas.
»No oprimirás ni maltratarás al emigrante, porque ustedes fueron emigrantes en Egipto.
»No explotarás a viudas ni a huérfanos,
porque si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé.
Se encenderá mi ira contra ustedes y los haré morir a espada, dejando a sus mujeres viudas y a sus hijos huérfanos.
»Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole de intereses.
»Si tomas en prenda la ropa de tu prójimo, se la devolverás antes de ponerse el sol,
porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo y para acostarse. Si grita a mí, yo le escucharé, porque yo soy compasivo.
Salmo Responsorial
Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab
R. (2) Tu, Señor, eres mi refugio.
Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza,
el Dios que me protege y me libera.
R. Tu, Señor, eres mi refugio.
Tú eres mi refugio,
mi salvación, mi escudo, mi castillo.
Cuando invoqué al Señor de mi esperanza,
al punto me libró de mi enemigo.
R. Tu, Señor, eres mi refugio.
Bendito seas, Señor, que me proteges;
que tú, mi salvador, seas bendecido.
Tú concediste al rey grandes victorias
y mostraste tu amor a tu elegido.
R. Tu, Señor, eres mi refugio.
Segunda Lectura
La fe es contagiosa
La fe de los cristianos de Tesalónica es modelo para todos los que creen, e inspira a otras comunidades, ya que la fe genuina es contagiosa.
porque, cuando les anunciamos la Buena Noticia, no fue sólo con palabras, sino con la eficacia del Espíritu Santo y con fruto abundante. Ya saben cómo procedimos cuando estuvimos allí al servicio de ustedes.
Y ustedes, por su parte, siguieron nuestro ejemplo y el del Señor, recibiendo el mensaje con el gozo del Espíritu Santo en medio de graves dificultades;
hasta el punto de convertirse en modelo de todos los creyentes de Macedonia y Acaya.
A partir de ustedes la Palabra del Señor, no sólo se difundió en Macedonia y Acaya, sino que a todas partes llegó la fama de su fe en Dios, de manera que no es necesario hablar de esto.
Ellos mismos, cuentan cómo ustedes me han recibido y cómo, dejando los ídolos, se convirtieron a Dios para servir al Dios vivo y verdadero,
y esperar la venida desde el cielo de su Hijo, al que resucitó de la muerte: Jesús, que nos libra de la condena futura.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
El que me ama cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará
y haremos en él nuestra morada, dice el Señor.
R. Aleluya.
Evangelio
Por encima de todo: Amor
Jesús hace del amor al prójimo el signo del amor a Dios. Lo que importa sobre todo es el amor de Dios y del prójimo.
Sobre el precepto más importante
Al enterarse los fariseos de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron alrededor de él;
y uno de ellos, [doctor en la ley] le preguntó maliciosamente:
—Maestro, ¿cuál es el precepto más importante en la ley?
Le respondió:
—Amarás al Señor tu Dios
con todo tu corazón,
con toda tu alma,
y con toda tu mente.
Éste es el precepto más importante;
pero el segundo es equivalente:
Amarás al prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos dependen la ley entera y los profetas.
Oración de los Fieles
Pidamos a nuestro Dios, amable y misericordioso, que su amor por nosotros anime todo lo que hacemos, y que nuestro amor llegue a ser contagioso. Y así digamos: R/Señor, haznos instrumentos de tu amor.
– Para que la Iglesia, Pueblo de Dios, no cese nunca de proclamar por medio de su enseñanza, su vida y su liturgia que el amor a Dios y al prójimo es el corazón del
Evangelio y que los hermanos son dones de Dios para nosotros, roguemos al Señor.
– Para que la gente no se desanime ni se ahogue frente a los sistemas económicos actuales de ganancia y beneficio, eficiencia, producción y competición, sino que siga dando lugar preferencial a las relaciones humanas de amistad y respeto, roguemos al Señor.
– Para que en nuestros corazones y en nuestros hogares hagamos espacio para refugiados y extranjeros; para que aprendamos a compartir nuestros bienes y a nosotros mismos con los humildes y pequeños, queridos por Dios: los pobres, los que viven en soledad y los que sufren, roguemos al Señor.
– Para que los que no saben cómo perdonar, los que no han experimentado mucha felicidad en la vida o cuyos anhelos no se han cumplido, encuentren un poco de la bondad de Dios en nuestra atención y cuidado por ellos, roguemos al Señor.
– Para que en nuestras comunidades cristianas nos sostengamos unos a otros en vez de destrozarnos; nos aceptemos con confianza y afecto, nos perdonemos de corazón y caminemos juntos con esperanza y amor, roguemos al Señor.
Oh Dios Padre, siempre amable y bondadoso con todos, ayúdanos a amarte a ti y a amarnos unos a otros con tu misma medida, es decir, sin medida, en Jesucristo nuestro Señor.
Oración para las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
En esta eucaristía recordamos y hacemos memorial
de cómo Jesús, tu Hijo,
se dio a sí mismo con un amor sin medida,
entregándose completamente
a través del sufrimiento y de la muerte.
Haz nuestro amor creativo, como el suyo,
para que nosotros tampoco quebremos la caña cascada
ni apaguemos la mecha humeante,
sino que sostengamos a los débiles
y nos apoyemos unos a otros con esperanza.
Que ésta sea nuestra respuesta a tu amor,
por el poder de Jesucristo nuestro Señor.
Introducción a la Plegaria Eucarística
En esta eucaristía recordamos cómo Jesús se sacrificó por nosotros porque nos amó sin límite. Demos gracias al Padre por este amor y ofrezcámosle nuestra buena disposición para vivir para él y para los hermanos.
Introducción al Padre Nuestro
Sabemos que el Padre nos ama,
y por eso le dirigimos la oración confiada de Jesús, su Hijo:
R/ Padre nuestro
Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de la frialdad del pecado
que nos impide caldearnos
para amarte a ti y a nuestro prójimo.
Líbranos de la soberbia
que nos induce a despreciar a otros.
Destierra de entre nosotros toda envidia y odio,
y únenos a todos en tu amor,
para que nos preparemos, con gozo y esperanza,
para la gloriosa venida entre nosotros
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/Tuyo es el reino…
Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor, que dijo:
“Ama al Señor tu Dios
con todo tu corazón y con toda tu alma;
ámense unos a otros como yo los he amado.
Por este amor los hombres conocerán
que ustedes son discípulos míos.”
R/Señor, no soy digno…
Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú has saciado nuestra hambre de amor
dándonos a tu Hijo Jesucristo.
Siguiendo su ejemplo,
no queremos dejar a nadie marchar de vacío,
ni excluir ni clasificar a nadie,
ni levantar muros,
tanto alrededor nuestro
como entre nosotros y los hermanos.
Que nuestra felicidad no sea completa
mientras haya hermanos y hermanas que sufren.
Ayúdanos a asumir todos los riesgos del amor,
porque no es tanto nuestro amor
el que queremos compartir,
sino el tuyo, que se hizo tangible y visible
en Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: En esta eucaristía hemos experimentado el amor de Dios hacia nosotros. Ahora que él nos ha caldeado con su amor, ¡que sepamos irradiar su calor vivo a todos los que nos rodean! Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
