Oseas
Capítulo 14
Samaría pagará la culpa de rebelarse contra su Dios: los pasarán a cuchillo, estrellarán a las criaturas, abrirán el vientre de las embarazadas.
Conversión
Conviértete, Israel, al Señor, tu Dios,
que tropezaste en tu culpa.
Preparen su discurso y conviértanse al Señor; díganle: Perdona del todo nuestra culpa; acepta el don que te ofrecemos, el fruto de nuestros labios.
Asiria no nos salvará, no montaremos a caballo; no volveremos a llamar dios nuestro a las obras de nuestras manos; en ti encuentra compasión el huérfano.
Sanaré su infidelidad, los querré sin que lo merezcan, mi cólera ya se ha apartado de ellos.
Seré rocío para Israel: florecerá como azucena y arraigará como álamo;
echará brotes, tendrá el esplendor del olivo y el aroma del Líbano;
volverán a morar a su sombra, revivirán como el trigo, florecerán como la vid, serán famosos como el vino del Líbano.
Efraín, ¿qué tengo yo que ver con las imágenes? Yo contesto y miro. Yo soy abeto frondoso: de mí proceden tus frutos.
Epílogo
Quien sea sabio que lo entienda,
quien sea inteligente
que lo comprenda.
Los caminos del Señor son rectos,
por ellos caminan los justos,
en ellos tropiezan los pecadores.

Comentarios
Comentario.
Comienza aquí una serie de poemas breves que comparten como denominador común algún aspecto de la feliz historia inicial de Israel, en contraste con su situación actual. A cada momento se subraya la infidelidad y la prostitución de Israel, en contrapunto con la fidelidad del Señor.
Síntesis histórica.
Jeroboán, de la tribu de Efraín, fue el primer rey del reino del norte (Israel) tras el cisma de 931 a. C. El “pecado original” de este rey que marcó el comienzo y el fin del reino de Israel, fue establecer santuarios idolátricos en Dan y Betel. Israel había pedido un rey al Señor (1 Sm 8,1-9), pero el pueblo se olvida fácilmente de que sólo Dios tiene el poder de salvar (13,9-10).
Conversión – Epílogo.
El libro de Oseas concluye con una llamada a la conversión; Dios está dispuesto a curar la apostasía de su pueblo (5), ofreciendo imágenes tiernas que alientan la esperanza y consolación de un pueblo abrumado por su propio pecado (6-9).