Trigésimo Segundo Domingo en Tiempo Ordinario – Año A
Mateo 25,1-13
Un buen domingo para todos.
La parábola de las diez vírgenes, cinco necias y cinco prudentes, que se nos presenta en el pasaje del evangelio de hoy, creo que es el más difícil de las parábolas contadas por Jesús.Nos sorprende ante las inconsistencias y dificultades presentes en la historia que dificultan la comprensión del significado. Las prudentes dan mala impresión porque se niegan a compartir el aceite con sus amigas; luego las invitan ir a medianoche al mercado para comprar aceite.¿Qué mercado está abierto a la medianoche? Luego, estas cinco que no tienen aceite en reserva no entran directamente al salón de banquetes con las lámparas que aún tienen encendidas; y, luego, el esposo cuando llega tarde no encuentra a la esposa, sino que encuentra a las 10 vírgenes.
Es muy extraño que en el pasaje no aparece la esposa. Se dice que, en la tradición de la época de Jesús, las amigas iban a recibir al esposo con bailes, con antorchas encendidas.Nosotros sabemos poco o nada sobre la forma en que se celebraban las bodas en tiempos de Jesús, pero una cosa es cierta, que esta costumbre no existía. Luego, otra dificultad: cuando las cinco que no tenían aceite en reserva regresan del mercado el esposo les dirige palabras fuertes. La parábola concluirá con una invitación a vigilar porque no sabemos ni el día ni la hora en que llegará el esposo, pero incluso las prudentes no han estado vigilantes, ellas también se han dormido. Las dificultades son muchas en esta historia.
Comenzamos por hacernos una pregunta que nos introduce en el mensaje del pasaje. La pregunta es esta: ¿A qué venida del esposo se refiere Jesús? Es importante recordar que hay dos venidas del esposo. La primera venida –porque sabemos que el esposo es Jesús– es su venida en este mundo. Estaban atentos, sabían que el mesías tenía que llegar y había todo un pueblo preparado por los profetas, que estaba esperando su venida. Es la primera venida del esposo y es una venida que continúa hasta hoy porque en el evangelio está presente, allí se encuentra a Jesús.
Cuando escuchamos un pasaje del evangelio es él quien nos habla, y cuando escuchamos el evangelio vemos su persona. Luego hay una segunda venida, cuando vendrá al final de los tiempos, al final de esta historia en la que siempre está presente y quiere entrar en la vida de cada uno de nosotros, pero al final será la segunda venida cuando venga para introducir a la fiesta de bodas que estamos hablando, a la conclusión de toda la historia.
En el Apocalipsis tenemos el famoso pasaje del capítulo 19: “Alegrémonos, regocijémonos y demos gloria a Dios, porque ha llegado la boda del Cordero, y la novia está preparada. La han vestido de lino puro, resplandeciente –el lino son las obras buenas de los santos–“. Esta escena es maravillosa, donde la esposa se encuentra con el esposo para la fiesta de bodas.
Nos preguntamos: ¿A qué venida del esposo se refiere – a la primera venida o a la segunda venida? A ambas. Las diez muchachas representan a todos los que esperaban tanto la primera venida… y nosotros estamos en este contexto de espera del esposo en la primera venida, pero luego habrá una segunda venida y la acogida del esposo en la segunda venida dependerá de cómo lo recibimos en su primera venida.
Escuchemos la primera escena de la parábola:
“El reino de los cielos será como diez vírgenes que salieron con sus lámparas a recibir al novio. Cinco eran necias y cinco prudentes. Las necias tomaron sus lámparas pero no llevaron aceite. Las prudentes llevaban frascos de aceite con sus lámparas. Como el novio tardaba, les entró el sueño y se durmieron”.
La parábola comienza con la puesta en escena a diez muchachas que se preparan para recibir al esposo, encienden sus lámparas y salen para encontrarlo. ¿Quiénes son, a quién representan? Nos lo dice el simbolismo numérico. Son diez, el número 10 en la biblia indica algo completo, la perfección, la totalidad. Luego se dividen en dos grupos de cinco;nuevamente nos enfrentamos a un simbolismo numérico, el número 5 indica a Israel. En la biblia además el apelativo ‘virgen’ es a menudo referido a Israel y, por tanto, la identidad de estas muchachas. Son Israel, la esposa del Señor que espera el encuentro con el esposo.
Esta es la razón por la que en toda la parábola la esposa no aparece, porque la esposa son estas diez vírgenes que indican a Israel. Es el magnífico simbolismo que fue introducido por los profetas: la relación entre el Señor e Israel, la del esposo con la esposa. El profeta Isaías en el capítulo 54 presenta lo que el Señor le dice a su esposa: “Aunque se retiren los montes y vacilen las colinas, no te retiraré mi lealtad” (Is 54,10). Y Oseas: “Me casaré contigo para siempre, me casaré contigo en justicia y en derecho, en afecto y en cariño y tú me serás fiel” porque el esposo viene solo para llevar a la esposa, para introducirla en la alegría del banquete de bodas.
Y ¿quien es el esposo que viene a encontrarse con Israel? Jesús es el esposo. El Señor vino en la persona de Jesús de Nazaret. Recordemos que también él se presenta como el esposo. Los fariseos que le preguntan por qué tú les enseñas a tus discípulos a no ayunarmientras que nosotros ayunamos… y él responde: ¿Cómo pueden ayunar los invitados a la boda mientras el esposo está con ellos?
Esta es la primera venida del esposo. ¿Cómo fue recibido? Lo dice la parábola y la historia confirma qué es lo que pasó. Una parte de Israel fue sabia. Los que tenían el corazón puro, abiertos a la verdad y a los designios de Dios. En este Israel podemos poner los nombres de estos sabios: María, José, recordamos al viejo Simeón, a la profetisa Ana que representan a Israel que supo reconocer al esposo. Simeón lo toma en sus brazos. Luego los apóstoles, las mujeres que siguieron a Jesús de Galilea a Jerusalén, la primera comunidad cristiana que estaba compuesta por judíos. Y luego hubo una parte necia y retorcida Anás, Caifás, los sumos sacerdotes, los escribas, los fariseos que se opusieron, rechazaron al esposo. Por lo tanto, el primer significado, el más inmediato, de la parábola es la bienvenida que Israel reservaba para el esposo cuando vino. Algunos fueron sabios, pero otra parte de Israel fue insensata. Esto sobre la primera venida del esposo; luego hablaremos de una segunda venida.
La primera venida continúa en la historia y la esposa que da continuidad a Israel es la comunidad cristiana que Pablo presenta como la esposa virgen. En la segunda carta a los corintios, en el capítulo 11, dice a esta comunidad suya: “Los he prometido a un solo marido, Cristo, para presentarlo a él como virgen intacta” (2 Cor 11,2). Utiliza la imagen del amigo del esposo que no toma a la esposa, sino que la da al esposo, que es Cristo. Y en esta comunidad, la esposa del Señor que espera la venida del esposo en todo momento, hay cinco vírgenes prudentes y cinco vírgenes necias.
No pensemos en dos grupos distintos, alguien que es totalmente sabio y alguien que es totalmente tonto. NO. La venida del esposo, que se presenta cuando escuchamos el evangelio, es para llevarnos al nuevo mundo, al reino de Dios con alegría. Podemos ser sabios y recibirlo, podemos ser necios y rechazarlo. Por tanto, dentro de cada uno de nosotros está la virgen sabia y la virgen insensata. Es importante tener en cuenta que cuando somos tontos, rechazamos a Cristo o rechazamos su evangelio, allí se juega nuestra vida.
Ya lo dijo Jesús al final del discurso de la montaña con otra narración donde se presenta a un hombre sabio y a un hombre necio, similar a esta parábola. El hombre sabio, cuando tiene que construir una casa, la construye sobre una base sólida, sobre la roca. Esta casa no es más que la imagen de toda nuestra vida; si la construyes sobre la palabra de Dios perdura; en cambio, el necio la construye sobre la arena. Cuando llega el juicio de Dios esa casa, esa vida que no se construyó sobre el evangelio, se desmorona, no queda nada.
Sigamos identificando el significado de las otras imágenes que aparecen en esta parábola.Las 10 vírgenes tienen lámparas encendidas y lo que distingue a los dos grupos es solo un pequeño detalle. El hecho que las prudentes llevan consigo además de la lámpara también el aceite para alimentar la luz de estas lámparas, mientras que las necias se han olvidado de llevar el aceite con ellas. Este es el pequeño detalle donde está la diferencia entre los dos grupos.
¿Qué representa la lámpara que tienen en mano? La lámpara es claramente la luz que guía tus pasos en la vida; es la lámpara de la fe: El Salmo 119 dice: “Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mis senderos” (Sal 119,105). El que tiene la lámpara de la fe sabe el camino que debe elegir porque tiene una meta, un destino que alcanzar. Quien no tiene esta luz se pierde en las tinieblas del mundo. Pero también quien ha recibido esta lámpara de la fe debe tener mucho cuidado porque esta luz puede apagarse e incluso desaparecer, y entonces ya no puedes caminar en la oscuridad porque ya no sabes a donde ir.
Cuando Mateo escribe esta parábola se enfrenta a una situación de sus comunidades muy similar a la nuestra porque hubo un primer entusiasmo inicial, todos seguían el Señor, fueron bautizados, habían encendido la lámpara de su fe, pero luego se apoderó de ellos el cansancio, la monotonía, la decepción también porque esperaban que el mundo cambiara de inmediato con la luz del evangelio. Las primeras dudas comenzaron a surgir, el desánimo e incluso muchas deserciones, exactamente lo que está sucediendo con nosotros hoy. La luz de la lámpara para la fe comienza a extinguirse en muchas personas.
Luego el significado del aceite se vuelve muy claro; es el aceite que alimenta la luz de la lámpara de la fe. Hay que tener mucho cuidado porque si no hay una vasija que continuamente agregue aceite a la lámpara esta se desvanece y se apaga. La parábola dice ‘en frascos de aceite’ que es el alimento constante a esta luz. Es el alimento es la palabra de Dios; si esta comida falta todavía puede haber alguna práctica devocional en la iglesia, algún rito religioso, pero si falta el alimento de la palabra de Dios tomemos en cuenta que la lámpara de la fe se apaga y desaparece.
¿Y qué pasa cuando llega la oscuridad? Se adormentan… y se duermen tanto las vírgenes insensatas como las vírgenes sabias. Pensemos en los apóstoles; nos dice el evangelio que durante la transfiguración se duermen, en Getsemaní se duermen, y ¿qué pasa cuando se duerme? ¿Qué hacemos cuando dormimos? Soñamos. En lugar de cultivar los designios de Dios vamos tras nuestros sueños que son fantasías, no son la realidad. Entonces, la importancia de tener en cuenta si luego de estos momentos en los que nos dormimos todos, si no tenemos el aceite que alimenta la lámpara de la fe corremos el riesgo de que todo se apague.
Escuchemos ahora lo que pasa cuando llega el esposo:
“A media noche se oyó un clamor: ¡Aquí está el novio, salgan a recibirlo! Todas las muchachas se despertaron y se pusieron a preparar sus lámparas. Las necias pidieron a las prudentes: ¿Pueden darnos un poco de aceite?, porque se nos apagan las lámparas.Contestaron las prudentes: No, porque seguramente no alcanzará para todas; es mejor que vayan a comprarlo a la tienda”.
“A media noche se oyó un clamor: ¡Aquí está el novio, salgan a recibirlo!”. ¿Qué quiere decir esta referencia a la medianoche? ¿Quizás un recordatorio del fin del mundo, cuando el esposo vendrá por última vez para llevar a la humanidad al banquete eterno de bodas? No, la parábola sigue contando lo que sucede hoy cuando llega el esposo la primera vez. Esta es nuestra historia.
La medianoche es una referencia es al capítulo 18 del libro de la Sabiduría, donde el autor sagrado, en forma poética, narra la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto; y dice el texto del libro de la Sabiduría: “Un silencio sereno lo envolvía todo, y al mediar la noche su carrera, tu palabra poderosa se abalanzó, como guerreo implacable”, para sacar a Israel traerlo a la tierra de la libertad (Sab 18,14-15).
En la parábola, la medianoche se refiere a la venida del esposo para liberar a la humanidad de todas sus esclavitudes, de todas las noches en que está envuelta. Son las noches de la violencia, las noches de injusticia, las noches de odio, de rencores, de remordimientos. Son las noches creadas por nuestro pecado, a partir de nuestro egoísmo; y el esposo viene a sacarnos y llevarnos a un mundo completamente nuevo. Y lo que es importante es dar la bienvenida a esta venida porque viene solo para liberarnos y llevarnos a una fiesta.
Nosotros nos encontramos en una condición de oscuridad y si nos dejamos envolver por esta oscuridad del mundo es una situación inhabitable. Él viene a liberarnos; esta es la alusión a esta medianoche de liberación. Y hay un grito, un grito de alegría de los que están más preparados, más atentos, más sensibles a la voz del esposo que está viniendo; es la voz del evangelio; es el evangelio que cuando se recibe nos libera de toda nuestra esclavitud. Estos son los profetas que saben reconocer esta voz y reconocen la voz del Espíritu presente en cada uno de nosotros, que es la voz del hijo de Dios que nos quiere libre de la esclavitud del pecado. Por eso la importancia de reconocer esta voz y dar la bienvenida al esposo que llega.
Y ahora hay una alusión a la lámpara que está a punto de acabarse y que necesita ser alimentada. Hoy hay tanta necesidad de una voz que grite en la Iglesia que esta lámpara de fe en muchos se está apagando porque no hay alimento. El alimento es la palabra de Dios. Y este alimento todos deben tenerlo para sí porque no puede ser reemplazado por la fe de otro.
Es un recordatorio para los cristianos de hoy: tengan cuidado porque si no se alimentan continuamente con el recurso de la palabra de Dios –ahí es donde hay que comprar el aceite que alimenta la luz– si no tienes este alimento perecerás en la oscuridad de la historia de tu vida. Y ahora aparece finalmente el esposo.
Escuchemos:
“Mientras iban a comprarlo, llegó el novio. Las que estaban preparadas entraron con él en la sala de bodas y la puerta se cerró. Más tarde llegaron las otras muchachas diciendo: Señor, Señor, ábrenos. Él respondió: Les aseguro que no las conozco. Por tanto, estén atentos, porque no conocen ni el día ni la hora”.
La escena final de la parábola es dramática porque Jesús usa el lenguaje de los predicadores de su tiempo, lenguaje duro hecho de imágenes fuertes porque quiere sacudir las conciencias, quiere recordar la seriedad de las elecciones que hacemos en nuestra vida.
Es la sincera invitación a tener en cuenta que es un cierto punto termina nuestra historia en este mundo y ese es el momento del segundo encuentro con el esposo, el encuentro definitivo y el resultado de este encuentro depende de cómo le dimos la bienvenida al esposo en su primera llegada a nuestra vida cuando vino a nuestro encuentro con su evangelio. Es la invitación a preguntarnos si fuiste sabio, si le diste la bienvenida cuando vino a liberarte para introducirte el reino de Dios, en la alegría de la fiesta o has preferido la locura de este mundo.Atención porque tu única vida está en juego, no hay otra oportunidad. Al final de tu vida los dados están jugados.
Un famoso actor italiano decía que el buen Dios debía darnos dos vidas: una para ensayar y la otra para entrar en escena. No es posible; la vida es solo una y es muy seria porque tiene consecuencias eternas. Cuando llegan las necias encuentran la puerta cerrada. Es una imagen fuerte. Llegan con el aceite para alimentar esa lámpara de la fe que debió quedar encendida de por vida; en cambio la dejaron apagarse y ahora tienen aceite, pero ya no sirve. El aceite de la palabra de Dios que debía nutrir la fe solo sirve durante esta vida.
Es hermoso lo que dice Pedro en su segunda carta dirigiéndose a los primeros cristianos:“Hacen bien en poner su atención en la palabra de Dios que es como lámpara que alumbra en la oscuridad, hasta que amanece el día y el astro matutino amanezca en sus mentes” (2 Pe 1,19). ¿Cuál es esa maravillosa estrella brillante de la mañana? Es Cristo y cuando aparece esta estrella radiante de la mañana, entonces ya no hay necesidad de la lámpara de la palabra de Dios.
Esa palabra sirve en este mundo. Las necias se dan cuenta al final que era en esta vida cuando tuvieron que alimentar la lámpara de su fe. Y esta llamada apremiante está dirigida a todos los hombres, por supuesto, pero aquí se dirige explícitamente a los cristianos, a los bautizados que corren el riesgo de dejar apagarse esta lámpara que debió guiar sus pasos.¿Por qué decimos que son cristianos? Porque lo llaman ‘Señor’ y solo los cristianos se dirigen a Jesús con este término ‘Señor’. Son, por tanto, los ilusos, creían que les bastaba con una elección inicial de Cristo, no tenían en cuenta que esta lámpara tenía que ser alimentada.
A estos cristianos Jesús dice ‘no los conozco’. ¿Por qué dice ‘no los conosco’? Porque no se le parecen a él; no se parecen al Hijo de Dios, son irreconocibles como cristianos. Vivieron sin la luz de la lámpara del evangelio, no se parecen a Jesús, no reproducen el rostro del Hijo de Dios. “No los conoce”. No dice que están excluidos del paraíso…
¡Dios no echa a nadie de su casa! Aquí nos está poniendo a nosotros frente a las consecuencias de una decisión loca que podemos hacer, o sea, rechazar el evangelio. Él viene a nuestra vida para introducirnos en el reino de Dios, para liberarnos, para hacernos felices, para llevarnos a un mundo nuevo. Si nosotros somos necios, rechazamos su venida; preferimos el mundo viejo, aquel en el que todos piensan en sí mismos, en su propio interés. Si preferimos el mundo viejo, si no nos dejamos llevar al mundo nuevo, nos quedamos fuera del banquete. Construimos nuestra vida de acuerdo a la locura del mundo y al final nos vemos obligados a decir ‘me equivoqué, mi vida fue un fracaso’.
Por eso la conclusión de Jesús, la conclusión de esta parábola cuando dice: “Estén atentos, porque no conocen ni el día ni la hora”. No cuando llegue el final de nuestra vida. NO. HOY. No saben en el día ni la hora cuando yo llego con mi evangelio para presentarles la verdadera vida de los hijos de Dios. Por tanto, está atento cuando oigas ese grito de algún profeta: “Esta llagando el esposo”. En ese momento, abre tu mente, tu corazón para recibirlo.
