Juan
Capítulo 20
Resurrección de Jesús
El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena va al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro.
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos.
Les dice Simón Pedro:—Voy a pescar.Le responden:—Nosotros también vamos.Salieron y subieron a la barca; pero aquella noche no pescaron nada.
Al amanecer Jesús estaba en la playa; pero los discípulos no reconocieron que era Jesús.
Les dice Jesús:—Muchachos, ¿tienen algo de comer?Ellos contestaron:—No.
Les dijo:—Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán.Tiraron la red y era tanta la abundancia de peces que no podían arrastrarla.
El discípulo amado de Jesús dice a Pedro:—Es el Señor.Al oír Pedro que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.
Los demás discípulos se acercaron en el bote, arrastrando la red con los peces, porque no estaban lejos de la orilla, apenas unos cien metros.
Cuando saltaron a tierra, ven unas brasas preparadas y encima pescado y pan.
Les dice Jesús:—Traigan algo de lo que acaban de pescar.
Pedro subió a la barca y arrastró hasta la playa la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aunque eran tantos, la red no se rompió.
Les dice Jesús:—Vengan a comer.Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó pan y se lo repartió e hizo lo mismo con el pescado.
Ésta fue la tercera aparición de Jesús, ya resucitado, a sus discípulos.
Misión de Simón Pedro15Cuando terminaron de comer, dice Jesús a Simón Pedro:—Simón hijo de Juan, ¿me quieres más que éstos?Él le responde:—Sí, Señor, tú sabes que te quiero.Jesús le dice:—Apacienta mis corderos.
Le pregunta por segunda vez:—Simón hijo de Juan, ¿me quieres?Él le responde:—Sí, Señor, tú sabes que te quiero.Jesús le dice:—Apacienta mis ovejas.
Por tercera vez le pregunta:—Simón hijo de Juan, ¿me quieres?Pedro se entristeció de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le dijo:—Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.Jesús le dice:—Apacienta mis ovejas.
Te lo aseguro, cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías; cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te atará y te llevará a donde no quieras.
Lo decía indicando con qué muerte había de glorificar a Dios. Después de hablar así, añadió:—Sígueme.
Pedro se volvió y vio que lo seguía el discípulo amado de Jesús, el que se había apoyado sobre su costado durante la cena y le había preguntado quién era el traidor.
Viéndolo, Pedro pregunta a Jesús:—Señor, y de éste, ¿qué?
Le responde Jesús:—Si quiero que se quede hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme.
Así se corrió el rumor entre los discípulos de que aquel discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: Si quiero que se quede hasta que yo vuelva [a ti qué].
Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y lo ha escrito; y nos consta que su testimonio es verdadero.
Quedan otras muchas cosas que hizo Jesús. Si quisiéramos escribirlas una por una, pienso que los libros escritos no cabrían en el mundo.
A los ocho días estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa y Tomás con ellos. Se presentó Jesús a pesar de estar las puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo:
—La paz esté con ustedes.
Después dice a Tomás:
—Mira mis manos y toca mis heridas; extiende tu mano y palpa mi costado, en adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.
Le contestó Tomás:
—Señor mío y Dios mío.
Le dice Jesús:
—Porque me has visto has creído; felices los que crean sin haber visto.
Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están relatadas en este libro.
Éstas quedan escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él.

Comentarios
Resurrección de Jesús.
María Magdalena es la primera en ser testigo de la resurrección. «Todavía estaba oscuro» es el símbolo desde el cual se parte en la fe pascual. María ve la piedra quitada y corre a decírselo a Pedro y al discípulo amado (con dos testigos ya se puede dar un testimonio fidedigno). Hay una reacción positiva de ambos. El discípulo amado llega antes al sepulcro, ve las sábanas, pero no entra; luego que Pedro entra, ahora sí: «vio y creyó». ¿Qué vio? Que el sepulcro estaba vacío y creyó en la resurrección. Este creer hay que entenderlo no en sentido pleno, sino más bien como «empezó a creer», tal y como lo da a entender el tiempo verbal griego original. Este creer ha surgido ante la vista del sepulcro vacío, de un «signo» negativo: la ausencia de un cadáver; no fundado en la palabra de Jesús, pues «todavía no conocían las Escrituras» en las que se habla de la resurrección. Como no es un creyente pleno, no va a anunciarlo a los demás, sino que se marcha a su casa.
Se aparece a María Magdalena.
María Magdalena es «la mujer fiel». Pedro y el discípulo amado van al sepulcro; solo ven oquedad: las sábanas en el suelo y el sudario enrollado. Empiezan a creer. Después, cada uno se va a su casa. María, en cambio, permanece junto al sepulcro (11). Ante la inconsistencia y el cansancio de los discípulos, se destaca la firme perseverancia de esta mujer. María Magdalena encarna la figura de «la Amada del Cantar», y como tal, se puede decir que está loca o enferma de amor; por eso ve a Jesús por doquier, incluso piensa que el jardinero lo ha llevado a alguna parte y desea ir ella personalmente a recogerlo (15). Pero el Maestro se presenta y la llama por su nombre. María quiere retener a Jesús (17). Todavía no sabe que el Señor resucitado es un don vivo para toda la humanidad; no puede guardárselo para sí sola. El amor verdadero nunca es egoísta ni acaparador. Siempre se muestra en donación, pura generosidad hacia sí mismo. María «recibe una gran revelación»: Jesús ha resucitado, y comunica el gran don de Dios Padre: el Padre de Jesús es ya nuestro Padre, y su Dios es ya nuestro Dios (17). Por último, el Señor la hace misionera (18): debe ir a los hermanos y anunciar su experiencia de fe: que lo ha visto resucitado y que le ha dicho todas estas cosas.
Se aparece a los discípulos.
El evangelista presenta a los discípulos en un lugar indeterminado, con las puertas bien cerradas por miedo. Entonces el Señor se les revela, se pone en medio de ellos, les da su paz y les muestra las llagas de su pasión: es el mismo que colgó de la cruz, el crucificado. Los discípulos se llenan de alegría. El Señor sopla sobre ellos y les dice: «Reciban el Espíritu Santo». Los discípulos, revestidos del Espíritu, serán capaces de perdonar los pecados. En los versículos 24-29 Jesús se aparece nuevamente a los discípulos, pero esta vez Tomás está presente. Sorpren-de el realismo tan dramático y vivo de la visión. Lo que le ocurrió a Tomás puede sucederle hoy a cualquier cristiano. Desde ese momento, la comunidad de discípulos no consiste solo en los Doce reunidos en un lugar y tiempo determinados; todo el que tenga fe es bienaventurado y se hace discípulo del Señor, aunque no lo haya visto sensiblemente. La visión de fe es el único modo de entrar en contacto con Él.