Jonás
Capítulo 2
En el vientre del gran pez
El Señor envió un pez gigantesco para que se tragara a Jonás y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días con sus noches.
Desde el vientre del pez, Jonás rezó al Señor, su Dios:
En el peligro grité al Señor y me atendió, desde el vientre del abismo pedí auxilio y me escuchó.
Me habías arrojado al fondo, en alta mar, me rodeaba la corriente, tus torrentes y tus olas me arrollaban.
Pensé: Me has arrojado de tu presencia; ¡quién pudiera otra vez ver tu santo templo!
A la garganta me llegaba el agua, me rodeaba el océano, las algas se enredaban a mi cabeza;
bajaba hasta las raíces de los montes, la tierra se cerraba para siempre sobre mí. Y sacaste mi vida de la fosa, Señor, Dios mío.
Cuando se me acababan las fuerzas, invoqué al Señor, llegó hasta ti mi oración, hasta tu santo templo.
Los devotos de los ídolos faltan a su lealtad;
yo, en cambio, te cumpliré mis votos, mi sacrificio será un grito de acción de gracias: la salvación viene del Señor.
El Señor dio orden al pez de vomitar a Jonás en tierra firme.

Comentarios
En el vientre del gran pez.
La salvación de Jonás por medio del gran pez se narra con brevedad: Dios ordena al gran pez tragarse a Jonás (1), Dios ordena al gran pez vomitar a Jonás en tierra firme (11). No se trata, pues, de narrar las «aventuras de Jonás», sino de colocarlo de inmediato en el lugar donde Dios desea manifestar su voluntad y su designio salvífico. A todas luces se observa que el salmo que entona Jonás (2-10) es una adición posterior, colocada aquí para subrayar la misericordia y la pronta actitud de Dios para escuchar y actuar en favor de quien le clama.