1

Vocación  

Me decía: –Hijo de hombre, ponte de pie, que voy a hablarte.

2

 Penetró en mí el espíritu mientras me estaba hablando y me levantó poniéndome de pie, y oí al que me hablaba.

3

 Me decía: –Hijo de hombre, yo te envío a Israel, pueblo rebelde: se rebelaron contra mí ellos y sus padres, se sublevaron contra mí hasta el día de hoy.

4

 A hijos duros de rostro y de corazón empedernido te envío. Les dirás: Esto dice el Señor;

5

 te escuchen o no te escuchen, porque son un pueblo rebelde, y sabrán que hay un profeta en medio de ellos.

6

 Y tú, Hijo de hombre, no les tengas miedo, no tengas miedo a lo que digan, aun cuando te rodeen espinas y te sientes encima de alacranes. No tengas miedo a lo que digan ni te acobardes ante ellos, porque son un pueblo rebelde.

7

 Les dirás mis palabras, te escuchen o no te escuchen, porque son un pueblo rebelde.

8

 Y tú, Hijo de hombre, oye lo que te digo: ¡No seas rebelde, como ese pueblo rebelde! Abre la boca y come lo que te doy.

9

 Vi entonces una mano extendida hacia mí, con un rollo.

10

 Lo desenrolló ante mí: estaba escrito por ambos lados; tenía escritos cantos fúnebres, lamentos y amenazas.

Comentarios

2:1 - 2:10

Vocación.

Ser profeta es una vocación que depende exclusivamente de la llamada de Dios. El título «Hijo de hombre», con el que el Señor se dirige al profeta y que es recurrente en todo este libro, lo pone en contraste con la realidad divina y sagrada y lo diferencia de los demás seres de la creación. Dios lo llama para una misión muy ardua (cfr. 6). Para realizarla, el Señor le da la fuerza vital del «soplo», «viento» o «espíritu», que penetra en él, lo levanta y le permite escuchar activamente la Palabra de Dios. La escucha activa es aquella que nos predispone a obedecer y a cumplir con lo que el Señor nos pida.


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