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Guerra contra los amonitas

Murió después el rey de los amonitas, y su hijo Janún le sucedió en el trono.

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 David dijo: –Voy a devolverle a Janún, hijo de Najás, los favores que me hizo su padre. Y por medio de unos embajadores le envió el pésame por la muerte de su padre. Pero cuando los embajadores de David entraron en territorio amonita,

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 los generales amonitas dijeron a su señor Janún: –¿Crees que David te da el pésame para mostrarte su estima por tu padre? ¿No será para examinar la ciudad, explorarla y después destruirla?

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 Janún apresó a los embajadores de David, les afeitó media barba, les cortó la ropa por la mitad, a la altura de las nalgas, y los despidió. Ellos volvieron avergonzados.

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 Se lo comunicaron a David que les envió este mensaje: –Quédense en Jericó hasta que les crezca la barba, y luego vengan.

6

 Cuando los amonitas cayeron en la cuenta de que habían provocado a David, mandaron gente a contratar veinte mil mercenarios de infantería de los sirios de Bet-Rejob y de los sirios de Sobá, mil hombres del rey de Maacá y doce mil del rey de Tob.

7

 Al saberlo David, mandó a Joab con todo el ejército y sus guerreros.

8

 Los amonitas salieron a la guerra y formaron para la batalla a la entrada de la ciudad, mientras que los sirios de Sobá, Bet-Rejob y la gente de Tob y Maacá se quedaban aparte, en el campo.

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 Joab se vio envuelto por delante y por detrás; entonces escogió un grupo de soldados israelitas y los formó frente a los sirios.

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 A la tropa restante la formó frente a los amonitas, al mando de su hermano Abisay,

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 con esta consigna: –Si los sirios me pueden, ven a librarme, y si los amonitas te pueden a ti, yo iré a librarte.

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 ¡Ánimo! Por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios luchemos valientemente, y que el Señor haga lo que le agrade.

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 Joab y los suyos trabaron combate con los sirios y los pusieron en fuga.

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 Los amonitas, al ver que los sirios huían, huyeron también ellos ante Abisay, y se metieron en la ciudad. Joab se volvió a Jerusalén, suspendiendo el ataque a los amonitas.

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 Viéndose derrotados por Israel, los sirios se reagruparon.

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 Adadhézer ordenó movilizar a los sirios de la otra parte del río, y vinieron a Jelán, a las órdenes de Sobac, general en jefe del ejército de Adadhézer.

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 Cuando informaron a David, concentró todo el ejército de Israel, cruzaron el Jordán y marcharon hacia Jelán. Los sirios formaron frente a David y se entabló la batalla.

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 Los sirios huyeron ante los israelitas; David les mató setecientos caballos de tiro y cuarenta mil hombres, e hirió a Sobac, general del ejército, que murió allí mismo.

19

 Al ver los reyes vasallos de Adadhézer que éste había sido derrotado por Israel, hicieron las paces con Israel, sometiéndose; en adelante, los sirios no se atrevieron a auxiliar a los amonitas.

Comentarios

10:1 - 10:19

Guerra contra los amonitas.

Desde aquí, los sucesos se encadenan con rigor trágico. El autor ha reservado para el final la campaña de Amón porque en ella se inserta el arranque de la nueva trama. Por primera vez, el autor nos dice algo sobre la estrategia de una batalla y no se limita a expresiones genéricas de victoria y derrota. La guerra contra Amón dura varios años y solo al final del capítulo 12 se narra el desenlace. Aquí se narran dos batallas importantes: la primera, dirigida por Joab; la segunda, por David. El esquema se repetirá durante la toma de la ciudad. Del versículo 2 podemos deducir que David, cuando huía y era perseguido por Saúl, recibió auxilio del rey amonita, lo que generó una relación de lealtad. Con un gesto sencillo y sincero, David intenta mantener buenas relaciones con los vecinos de Oriente. Pero los cortesanos del nuevo rey amonita no pueden tolerar el creciente poder de David y de su reino. Recuérdese cómo Joab intentó sembrar sospechas contra Abner. Una cosa es proteger a un súbdito acosado; otra, apoyar a un rey vecino en ascenso.


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