2 Reyes
Capítulo 22
Josías de Judá (640-609)
Cuando Josías subió al trono tenía ocho años, y reinó treinta y un años en Jerusalén. Su madre se llamaba Yedidá, hija de Adaya, natural de Boscat.
Hizo lo que el Señor aprueba. Siguió el camino de su antepasado David, sin desviarse a derecha ni izquierda.
El año dieciocho de su reinado mandó al secretario Safán, hijo de Asalías, hijo de Musulán, que fuera al templo con este encargo:
–Preséntate al sacerdote Jelcías; que tenga preparado el dinero ingresado en el templo por las colectas que los porteros hacen entre la gente.
Que se lo entreguen a los encargados de las obras del templo, para que lo repartan a los obreros que trabajan en el templo reparando los desperfectos del edificio
–carpinteros, albañiles y tapiadores– o para comprar madera y piedras talladas para reparar el edificio.
Pero que no les pidan cuentas del dinero que les entregan, porque se portan con honradez.
El sumo sacerdote Jelcías, dijo al cronista Safán: –He encontrado en el templo el libro de la ley.
Entregó el libro a Safán, y éste lo leyó. Luego fue a dar cuenta al rey: –Tus siervos han juntado el dinero que había en el templo y se lo han entregado a los encargados de las obras.
Y le comunicó la noticia: –El sacerdote Jelcías me ha dado un libro. Safán lo leyó ante el rey,
y cuando el rey oyó el contenido del libro de la ley, se rasgó las vestiduras
y ordenó al sacerdote Jelcías; a Ajicán, hijo de Safán; a Acbor, hijo de Miqueas; al cronista Safán, y a Asaías, funcionario real:
–Vayan a consultar al Señor por mí y por el pueblo y por todo Judá a propósito de este libro que han encontrado; porque el Señor estará enfurecido contra nosotros, porque nuestros padres no obedecieron los mandatos de este libro cumpliendo lo prescrito en él.
Entonces el sacerdote Jelcías, Ajicán, Acbor, Safán y Asaías fueron a ver a la profetisa Julda, esposa de Salún, el guardarropa, hijo de Ticua de Jarjás. Julda vivía en Jerusalén, en el Barrio Nuevo. Le expusieron el caso,
y ella les respondió: –Así dice el Señor, Dios de Israel: Díganle al hombre que los ha enviado:
Así dice el Señor: Yo voy a traer la desgracia sobre este lugar y todos sus habitantes: todas las maldiciones de este libro que ha leído el rey de Judá;
por haberme abandonado y haber quemado incienso a otros dioses, irritándome con sus ídolos, está ardiendo mi cólera contra este lugar, y no se apagará.
Y al rey de Judá, que los ha enviado a consultar al Señor, díganle: Así dice el Señor, Dios de Israel:
Porque tu corazón se ha conmovido y te has humillado delante el Señor al oír mi amenaza contra este lugar y sus habitantes, que serán objeto de espanto y de maldición; porque te has rasgado las vestiduras y llorado en mi presencia, también yo te escucho –oráculo del Señor–.
Por eso, cuando yo te reúna con tus padres, te enterrarán en paz, sin que llegues a ver con tus ojos la desgracia que voy a traer a este lugar. Ellos llevaron la respuesta al rey.

Comentarios
Josías de Judá.
Junto con su bisabuelo Ezequías, Josías es el único rey de Judá que merece el calificativo de justo, equiparable a David. De Josías sabemos que retoma la política reformadora de su bisabuelo; según la narración, todo comienza cuando Josías decide reparar el edificio del Templo. En dichos trabajos, se encuentra una copia del libro de la Ley, que inspira al rey a emprender seis grandes acciones: 1. Sella ante el Señor una alianza suscrita por todos (23,1-3). 2. Emprende la purificación del culto. 3. Centraliza definitivamente el culto en Jerusalén y hace venir a la ciudad a todos los sacerdotes que oficiaban en los santuarios locales (23,8). 4. Su acción abarca también los territorios del norte donde alcanza su reinado; allí derriba el altar de Betel. 5. Celebra la Pascua en honor del Señor (23,22). 6. Para ajustarse aún más a las exigencias del libro de la Ley, hace desaparecer también a nigromantes, adivinos, ídolos, fetiches y todos los objetos aborrecibles de cultos extraños que aún quedaban en Judá y en Jerusalén (23,24).