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Josías de Judá (640-609)  

Cuando Josías subió al trono tenía ocho años, y reinó treinta y un años en Jerusalén. Su madre se llamaba Yedidá, hija de Adaya, natural de Boscat.

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 Hizo lo que el Señor aprueba. Siguió el camino de su antepasado David, sin desviarse a derecha ni izquierda.

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 El año dieciocho de su reinado mandó al secretario Safán, hijo de Asalías, hijo de Musulán, que fuera al templo con este encargo:

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 –Preséntate al sacerdote Jelcías; que tenga preparado el dinero ingresado en el templo por las colectas que los porteros hacen entre la gente.

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 Que se lo entreguen a los encargados de las obras del templo, para que lo repartan a los obreros que trabajan en el templo reparando los desperfectos del edificio

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 –carpinteros, albañiles y tapiadores– o para comprar madera y piedras talladas para reparar el edificio.

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 Pero que no les pidan cuentas del dinero que les entregan, porque se portan con honradez.

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 El sumo sacerdote Jelcías, dijo al cronista Safán: –He encontrado en el templo el libro de la ley.

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 Entregó el libro a Safán, y éste lo leyó. Luego fue a dar cuenta al rey: –Tus siervos han juntado el dinero que había en el templo y se lo han entregado a los encargados de las obras.

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 Y le comunicó la noticia: –El sacerdote Jelcías me ha dado un libro. Safán lo leyó ante el rey,

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 y cuando el rey oyó el contenido del libro de la ley, se rasgó las vestiduras

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 y ordenó al sacerdote Jelcías; a Ajicán, hijo de Safán; a Acbor, hijo de Miqueas; al cronista Safán, y a Asaías, funcionario real:

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 –Vayan a consultar al Señor por mí y por el pueblo y por todo Judá a propósito de este libro que han encontrado; porque el Señor estará enfurecido contra nosotros, porque nuestros padres no obedecieron los mandatos de este libro cumpliendo lo prescrito en él.

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 Entonces el sacerdote Jelcías, Ajicán, Acbor, Safán y Asaías fueron a ver a la profetisa Julda, esposa de Salún, el guardarropa, hijo de Ticua de Jarjás. Julda vivía en Jerusalén, en el Barrio Nuevo. Le expusieron el caso,

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 y ella les respondió: –Así dice el Señor, Dios de Israel: Díganle al hombre que los ha enviado:

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 Así dice el Señor: Yo voy a traer la desgracia sobre este lugar y todos sus habitantes: todas las maldiciones de este libro que ha leído el rey de Judá;

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 por haberme abandonado y haber quemado incienso a otros dioses, irritándome con sus ídolos, está ardiendo mi cólera contra este lugar, y no se apagará.

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 Y al rey de Judá, que los ha enviado a consultar al Señor, díganle: Así dice el Señor, Dios de Israel:

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 Porque tu corazón se ha conmovido y te has humillado delante el Señor al oír mi amenaza contra este lugar y sus habitantes, que serán objeto de espanto y de maldición; porque te has rasgado las vestiduras y llorado en mi presencia, también yo te escucho –oráculo del Señor–.

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 Por eso, cuando yo te reúna con tus padres, te enterrarán en paz, sin que llegues a ver con tus ojos la desgracia que voy a traer a este lugar. Ellos llevaron la respuesta al rey.

Comentarios

22:1 - 23:30

Josías de Judá.

Junto con su bisabuelo Ezequías, Josías es el único rey de Judá que merece el calificativo de justo, equiparable a David. De Josías sabemos que retoma la política reformadora de su bisabuelo; según la narración, todo comienza cuando Josías decide reparar el edificio del Templo. En dichos trabajos, se encuentra una copia del libro de la Ley, que inspira al rey a emprender seis grandes acciones: 1. Sella ante el Señor una alianza suscrita por todos (23,1-3). 2. Emprende la purificación del culto. 3. Centraliza definitivamente el culto en Jerusalén y hace venir a la ciudad a todos los sacerdotes que oficiaban en los santuarios locales (23,8). 4. Su acción abarca también los territorios del norte donde alcanza su reinado; allí derriba el altar de Betel. 5. Celebra la Pascua en honor del Señor (23,22). 6. Para ajustarse aún más a las exigencias del libro de la Ley, hace desaparecer también a nigromantes, adivinos, ídolos, fetiches y todos los objetos aborrecibles de cultos extraños que aún quedaban en Judá y en Jerusalén (23,24).


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