1

Jehú de Israel (841-813)  

El profeta Eliseo llamó a uno de la comunidad de profetas y le ordenó: –Átate el cinturón, toma en la mano esta aceitera y vete a Ramot de Galaad.

2

 Cuando llegues, busca a Jehú, hijo de Josafat, hijo de Nimsí; entras, lo haces salir de entre sus camaradas y lo llevas a una habitación aparte.

3

 Toma la aceitera y derrámasela sobre la cabeza, diciendo: Así dice el Señor: Te unjo rey de Israel. Luego abres la puerta y escapas sin detenerte.

4

 El joven profeta marchó a Ramot de Galaad.

5

 Al llegar, encontró a los oficiales del ejército reunidos, y dijo: –Te traigo un mensaje, mi general. Jehú preguntó: –¿Para quién de nosotros? Respondió: –Para ti, mi general.

6

 Jehú se levantó y entró en la casa. El profeta le derramó el aceite sobre la cabeza y le dijo: –Así dice el Señor, Dios de Israel: Te unjo rey de Israel, el pueblo del Señor.

7

 Derrotarás a la dinastía de Ajab, tu señor; en Jezabel vengaré la sangre de mis siervos, los profetas, la sangre de los siervos del Señor;

8

 perecerá toda la casa de Ajab; extirparé de Israel a todos los hombres de Ajab: a todo varón, esclavo o libre.

9

 Trataré a la casa de Ajab como a la de Jeroboán, hijo de Nabat, y como a la de Basá, hijo de Ajías.

10

 Y a Jezabel la comerán los perros en el campo de Yezrael, y nadie le dará sepultura. Luego abrió la puerta y escapó.

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 Jehú salió a reunirse con los oficiales de su señor. Le preguntaron: –¿Buenas noticias? ¿A qué ha venido a verte ese loco? Les respondió: –Ya conocen a ese hombre y lo que anda hablando entre dientes.

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 Le dijeron: –¡Cuentos! Explícate. Jehú entonces les dijo: –Me ha dicho a la letra: Así dice el Señor: Te unjo rey de Israel.

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 Inmediatamente tomó cada uno su manto y lo echó a los pies de Jehú sobre los escalones. Tocaron la trompeta y aclamaron: –¡Jehú es rey!

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 Entonces Jehú, hijo de Josafat, hijo de Nimsí, organizó una conspiración contra Jorán de esta manera: Jorán estaba con todo el ejército israelita, defendiendo Ramot de Galaad contra Jazael, rey de Siria,

15

 pero se había vuelto a Yezrael para sanarse las heridas recibidas de los sirios en la guerra contra Jazael de Siria. Jehú dijo: –Si les parece bien, que no salga nadie de la ciudad a llevar la noticia a Yezrael.

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 Montó y marchó a Yezrael, donde estaba Jorán en cama. Ocozías de Judá había ido a hacerle una visita.

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 El vigía, que estaba de pie sobre la torre de Yezrael, vio al grupo de Jehú, que se acercaba, y dijo: –Veo un tropel de gente. Jorán ordenó: –Busca un jinete y mándalo al encuentro a preguntarles si traen buenas noticias.

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 El jinete salió a su encuentro, y dijo: –El rey pregunta si traen buenas noticias. Jehú contestó: –¿Qué te importan las buenas noticias? ¡Ponte ahí detrás! El centinela anunció: –El mensajero ha llegado hasta ellos pero no vuelve.

19

 El rey mandó entonces otro jinete, que al llegar a ellos dijo: –El rey pregunta si traen buenas noticias. Jehú contestó: –¿Qué te importan las buenas noticias? ¡Ponte ahí detrás!

20

 El centinela anunció: –Ha llegado hasta ellos pero no vuelve. Y la forma de guiar es la de Jehú, hijo de Nimsí, porque guía a lo loco.

21

 Jorán ordenó: –¡Enganchen mi carro! Engancharon el carro, y Jorán de Israel y Ocozías de Judá salieron, cada uno en su carro, al encuentro de Jehú. Lo alcanzaron junto a la heredad de Nabot, el de Yezrael,

22

 y Jorán, al verlo, preguntó: –¿Buenas noticias, Jehú? Jehú respondió: –¿Cómo va a haber buenas noticias mientras Jezabel, tu madre, siga con sus ídolos y brujerías?

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 Jorán volvió las riendas para escapar, diciendo a Ocozías: –¡Traición, Ocozías!

24

 Pero Jehú ya había tensado el arco, e hirió a Jorán por la espalda. La flecha le atravesó el corazón, y Jorán se dobló sobre el carro.

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 Jehú ordenó a su escudero, Bidcar: –Agárralo y tíralo a la heredad de Nabot, el de Yezrael; porque recuerda que cuando tú y yo cabalgábamos juntos siguiendo a su padre, Ajab, el Señor pronunció contra él este oráculo:

26

 Ayer vi la sangre de Nabot y de sus hijos, oráculo del Señor. Juro que en la misma heredad te daré tu merecido, oráculo del Señor. Así que agárralo y tíralo a la heredad de Nabot, como dijo el Señor.

27

 Al ver esto, Ocozías de Judá huyó por el camino de Bet-Gan. Pero Jehú lo persiguió, diciendo: –¡También a él! Lo hirieron en su carro, por la cuesta de Gur, cerca de Yiblán. Pero logró huir a Meguido, y allí murió.

28

 Sus siervos lo llevaron en un carro a Jerusalén, y lo enterraron en la sepultura familiar, en la Ciudad de David;

29

 había subido al trono de Judá el año once de Jorán, hijo de Ajab.

30

 Jehú llegó a Yezrael. Jezabel, que se había enterado, se sombreó los ojos, se arregló el pelo y se asomó al balcón.

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 Y cuando Jehú entraba por la puerta, Jezabel le dijo: –¿Qué tal, Zimrí, asesino de su señor?

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 Jehú levantó la vista al balcón y preguntó: –¿Quién se pone de mi parte? ¿Quién? Se asomaron dos o tres eunucos,

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 y Jehú ordenó: –¡Tírenla abajo! La tiraron; su sangre salpicó la pared y a los caballos, que la pisotearon.

34

 Jehú entró, comió y bebió, y luego dijo: –Háganse cargo de esa maldita y entiérrenla, que al fin y al cabo es hija de rey.

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 Pero cuando fueron a enterrarla, sólo encontraron la calavera, los pies y las manos.

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 Volvieron a informarle, y Jehú comentó: –Se cumple la palabra que dijo Dios a su servidor Elías, el tesbita: En el campo de Yezrael comerán los perros la carne de Jezabel;

37

 su cadáver será como estiércol en el campo, y nadie podrá decir: ésa es Jezabel.


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