DÉCIMO OCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – AÑO A

Mateo 14,13-21

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Buen domingo a todos.

En el pasaje del Evangelio de hoy escucharemos el relato de un episodio muy conocido porque lo relatan todos los evangelistas. Marcos y Mateo lo relatan incluso dos veces modificando algunos detalles porque tienen un mensaje particular que presentar. En nuestras Biblias, este relato aparece generalmente bajo el título Milagro de los panes y los peces”, o Multiplicación de los panes y los peces. Se trata de títulos erróneos que nos alejan inmediatamente del mensaje que el evangelista quiere comunicarnos, así que lo primero que hay que hacer es suprimir incluso materialmente esos títulos.

En el relato no hay mención alguna a milagros o multiplicaciones. Simplemente se dice, y lo veremos, que Jesús pidió a los discípulos que le dieran toda la comida que tuvieran disponible; luego, tras dar gracias, se la devolvió a los discípulos para que la distribuyeran y el alimento que distribuyeron resultó ser no sólo suficiente sino sobreabundante para saciar el hambre de todos. Por tanto, el pasaje no quiere enseñarnos que Jesús es Dios demostrandoque puede crear panes y peces de la nada. El mensaje que el evangelista quiere comunicarnoses otro. Veamos en primer lugar en qué marco Mateo sitúa el episodio:

Al enterarse de la muerte del Bautista, Jesús se fue de allí en barca, él solo, a un paraje despoblado. Pero lo supo la multitud y le siguió a pie desde los poblados. Jesús desembarcó y, al ver la gran multitud, sintió lástima y sanó a los enfermos. 

Prestemos atención al escenario del episodio: El evangelista introduce detalles que interesan muy poco si los leemos como si se tratase de una crónica. Pero si los interpretamos de la forma correcta, como los entiende el evangelista como imágenes bíblicasdescubrimos un texto lleno de significados.

El primero de estos detalles: Jesús se fue a la otra orilla. Como información nos resulta bastante trivial; nos interesa poco que el episodio tenga lugar en una orilla o en la otra. Perocuando un judío habla de una travesía marítima, evoca el éxodo, la salida de la tierra de la esclavitud y el viaje hacia la libertad. El evangelista quiere decir precisamente eso. Nos está diciendo a los lectores: “Tengan cuidado, presten atención, porque Jesús está a punto de iniciar un éxodo y los invita a seguirle, quiere sacarles del mundo viejo e invivible en el que se encuentran y llevarlos a un mundo completamente nuevo.

Segundo detalle: El pueblo le sigue a pie. Esta es una nueva alusión al éxodo, aunque no es tan directa. Pero los biblistas ven inmediatamente en ella la referencia a la salida delpueblo de Israel de la tierra de Goshen, en Egipto. De hecho, el versículo del evangelio de Mateo se hace eco del libro del Éxodo cuando describe a los israelitas que se van, y luego dice el número de los que se van, y añade también que eran sólo hombres, sin contar a los niños, exactamente como el versículo que encontramos en el evangelio de Mateo.

El tercer detalle: Llegan a un lugar desierto, pero alrededor del lago de Tiberíades no hayningún desierto; hay tres llanuras hermosas y muy fértiles. Esta es una nueva referencia al éxodo, al viaje hacia una nueva tierra.

Y en la otra orilla Jesús se enfrenta a una gran multitud. Luego se hablará de 5.000hombres. Sabemos que el número 5 es el símbolo del pueblo de Israel y, cuando añades los tres ceros, entonces se convierte en miles y representa la totalidad del pueblo. Es el símbolo de la humanidad entera que Jesús encuentra. Es la humanidad enferma y herida, luchando por caminar.

En el Evangelio nos encontramos con el hombre concreto, real, no el de la publicidad. Cuando observamos a las personas que Jesús encuentra a lo largo de su vida pública, vemos que son siempre personas enfermas, físicamente enfermas o espiritualmente enfermas. He aquí el hombre que Jesús encuentra: está marcado por el dolor. E inmediatamente nos preguntamos: ¿Quién ha menoscabado su humanidad de esta manera? ¿Acaso Dios lo creó así? La respuesta es No. Lo hicimos nosotros mismos. Cuando nos dejamos dominar por los impulsos egoístas que llevamos dentro, cuando empezamos a competir y a quererimponernos, a sojuzgar a los demás, a ver al otro como un rival peligroso, aparece esa humanidad herida que contemplamos todavía hoy porque el Evangelio no la ha transformado completamente. Su conversión ha comenzado pero la nueva humanidad aún está por construirse.

El evangelista señala que Jesús sintió compasión por esta humanidad. El verbo empleado es famoso σπλαγχνίζομαι (splankenizomai) y alude a que Dios, a quien vemos en Jesús, siente un amor visceral por esta humanidad que se ha hecho mal y la quiere sanar. Si le seguimos, si nos confiamos en su propuesta, el pasaje de hoy nos dice que seremos testigos de un prodigio, de un milagro. Pero no lo realizará él sino que nos enseñará a realizarlo nosotros mismos. No es él el que multiplica los panes y los peces; somos nosotros los que debemos dejarnos guiar por su propuesta del Nuevo Mundo y entonces seremos testigos de un prodigio: el nacimiento de un mundo hermoso que es el querido por Dios.

Y ahora Mateo nos presenta este nuevo mundo y nos lo presenta no con razonamientos sino con una historia, con una parábola. Escuchemos cómo comienza: 

Al atardecer los discípulos fueron a decirle: El lugar es despoblado y ya es tarde; despide a la multitud para que vayan a los pueblos a comprar algo de comer”.

“Al atardeceres un detalle significativo; el día ha terminado y el nuevo día comienza.Cuando Jesús se acerca a esta humanidad enferma y herida y la toca, comienza el nuevo día,el que será para siempre iluminado por su luz.

Los discípulos se acercan a él y dicen que es tarde: “Estamos en un lugar desierto; despide a la multitud para que vayan a las aldeas a comprar comida”. Es una nueva referencia al éxodo, al desierto. El desierto indica el camino de nuestra vida, un camino durante el cualtenemos muchas necesidades representadas en el hambre, la necesidad de alimento para nutrirnos a las que debemos dar respuesta. Pero cuando hablamos de nuestras necesidades, de nuestra hambre, no nos referimos sólo al pan para llenar el estómago; también tenemos hambre de afecto, de amistad, de conocimiento, de justicia, de estima; hambre de salud,hambre de un hogar en el que vivir, “hambre” de agua no sólo para beber sino también para cuidar nuestro cuerpo

El evangelista Lucas habla de los discípulos que van a buscar comida y también una morada porque necesitan un techo donde cobijarse y una cama donde dormir. He aquí el problema: ¿Cómo obtener todas estas cosas que necesitamos para que nuestra vida sea plenamente humana? Es precisamente en la búsqueda de lo que necesitamos que ahora entra en escena la propuesta de los discípulos. En la parábola que nos está contando Mateo, los discípulos representan la forma de razonar que a todos nos parece lógica, correcta. Pero ése es precisamente el modo de razonar que guía a los hombres que construyen el viejo mundo al que Jesús quiere poner fin.

¿Cuál es la propuesta que hacen? Traducida en palabras sencillas, se escucha así: “Estas personas escucharon tu Palabra, tu Evangelio. Ya no tenemos que preocuparnos; les corresponde a ellos encontrar la respuesta a sus necesidades concretas”. Esta es la propuesta que crea el viejo mundo. Supongamos que esta propuesta de los apóstoles, tomada al pie de la letra, es buena. Lo que ocurre es que los que tienen dinero pueden comprar comida, pueden encontrar lo que necesitan ¿Y los que no lo tienen? Los que tienen buenas piernas pueden ir donde se vende lo que necesitan… ¿Y los que están enfermos? Luego, hay alguien que llega antes porque es más ágil, tiene más dinero y puede comprar no sólo lo que necesita sino también lo superfluo dejando a los demás sin lo que necesitan para vivir. También están los que tienen conocimiento y saben a dónde ir… ¿Y los que no tienen conocimiento y están perdidos? Aquí, en labios de los discípulos, encontramos la síntesis de la propuesta erróneahecha por los hombres para satisfacer sus necesidades; la lógica del mercado: comprar y vender.

Sin duda el intercambio de bienes es necesario para nuestra vida. Dios no nos ha hechoautosuficientes sino necesitados de los bienes que otros poseen así como otros necesitan los bienes que poseemos. Este intercambio es necesario. Ahora, ¿qué lógica debe seguir este intercambio? Existe la lógica que encontramos en boca de los apóstoles. En el viejo mundo, en el mundo de la muerte, los hombres se consideran dueños de los bienes que tienen en sus manos. Entonces, ¿qué hacen? Empiezan a comerciar, compran, venden, ganan en la Bolsa y, por supuesto, especulan con las necesidades que hay a su alrededor y, en función de esasnecesidades, pueden aumentar el precio y así enriquecerse. En esta lógica de mercado, las necesidades son bendecidas y, si el hambre aumenta, los bienes aumentan su valor yentonces puedo enriquecerme.

Pero esta lógica, ¿qué crea? ¿Un paraíso o un valle de lágrimas? Crea esa sociedad basada en el comercio, guiada por la ley del mercado, que da lugar al mundo en el que vivimos, un mundo de miseria, de abuso, de violencia, incluso de crueldad y de guerras,mundo en el que están los ricos epulones, que despilfarran y derrochan, y junto a ellos, losgolpeados de la historia. No es el banquete del reino de Dios; es el mundo del llanto y crujir de dientes. Este es el mundo creado por la lógica que el evangelista ha puesto en boca de los discípulos

Escuchemos ahora lo que piensa Jesús de esta propuesta que hicieron los apóstoles:

Jesús les respondió: No hace falta que vayan; denle ustedes de comer. Respondieron: Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados’ Él les dijo: Tráiganlos”.

El intercambio de bienes es necesario para nuestra vida porque nadie es autosuficiente,nadie tiene todos los bienes que necesita. ¿Cuál es el problema? ¿En base a qué lógica debe tener lugar este intercambio? Y los doce han hecho su propuesta, que es la aceptada por todos, la considerada correcta; o sea, ir al vendedor y comprar. Jesús no acepta que esta sea la lógica que debe regular el intercambio. Jesús substituye los verbos comprar y vender por losverbos dar, entregar.

¿Por qué Jesús no acepta la lógica del libre mercado? Porque se basa en la mentira. Uno tiene derecho a vender algo que le pertenece, pero la Primera Carta de Timoteo, en el capítulo 6, nos hace reflexionar y dice que no hemos traído nada a este mundo y nada nos podemos llevar. Y sigue diciendo que, cuando tengamos qué comer y con qué cubrirnos, estemos contentos, porque si empezamos a comprar y vender, es decir, a acumular y a enriquecernos cada vez más, creamos muchos problemas. Y también dice que la avidez del dinero es la raíz de todos los males, de todas las guerras, de todas las injusticias, porque surgen de estamentira, de que alguien se sienta dueño de los bienes que han llegado a sus manos y por tanto tenga derecho a venderlos al mejor postor.

El Salmo 24, en el primer versículo, dice: “Del Señor es la tierra y lo que contiene, el universo y sus habitantes”. Los adjetivos posesivos son todos una mentira pues nada es mío’, nada es tuyo’, nada es nuestro’. Tenemos en nuestras manos bienes que tienen destinatarios y Jesús dice que no es la compra y la venta la lógica correcta, sino la entrega, el dar. La consecuencia de la lógica propuesta por los apóstoles es la limosna. En la versión de Marcos de esta narración, los discípulos también hacen esta propuesta a Jesús: “Vayamos a comprar 200 denarios de pan para dar un poco para responder a esta gente”. La limosna y elasistencialismo no son algo malo sino un parche necesario en el viejo mundo que se rige por la compra y la venta. En el viejo mundo, uno se hace muy rico según la lógica aceptada portodos que parte de una mentira y para resolver los problemas de la inequidad, se apela a la limosna. La limosna no crea el nuevo mundo querido por Dios; hay que cambiar la lógica que preside el intercambio.

Denle ustedes de comer. Los apóstoles no entienden y responden: “Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados. Esta es la duda; lo que tenemos no es suficiente; los bienes de este mundo son pocos y, si entra en la mente de las personas esta pregunta,entonces será suficiente la respuesta que dice que nunca habrá lo suficiente. Y entonces uno empieza a agarrar todo lo que pueda. Todos hemos oído que nunca se sabe lo que va a pasar”, “puede pasar cualquier cosa y por eso tengo que pensar primero en mí y en mifamilia”. Y de ahí surge el impulso de acaparar más y más. Es la tentación que tuvieron los judíos en el desierto cuando no se contentaron con el maná de aquel día sino que lo querían también para los días siguientes. Y ¿qué ocurrió? Lo acaparado formó gusanos. Jesús, conmucho sentido, dice en el Padrenuestro: Danos hoy el pan de cada día”. Porque siempezamos a acumular en virtud de que no sabemos lo que puede pasar, acabamos apoderándonos de infinidad de bienes y quitándoselos a los que los necesitan.

¿Qué dice Jesús a los Doce? “Tráiganlos”. Traigan esos cinco panes y esos dos peces. Es un imperativo. Y cuando Jesús ordena, significa que siente que hay resistencia del otro lado,es decir, que no hay muchas ganas de entregar los bienes a su proyecto. Todo el mundo quiere administrar sus bienes según sus propios criterios, que son los de la compra y la venta.Repugna a nuestro instinto no aferrarnos a los bienes. Tráiganlos, dice Jesús; los bienes que tienes en tus manos deja que Jesús los administre según la nueva lógica.

¿Qué son esos cinco panes y esos dos peces? Son la parábola de todos los bienes que tenemos: cinco más dos son siete y sabemos que, en la Biblia, el número 7 indica totalidad. Cuando todos los bienes se entreguen a la nueva lógica, que es la de Jesús, entonces ocurriráun prodigio, y lo veremos en breve: el nacimiento del mundo querido por el Creador. Escuchemos: 

Después mandó a la multitud sentarse en la hierba, tomó los cinco panes y los dos pescados, alzó la vista al cielo, dio gracias, partió el pan y se lo dio a sus discípulos; ellos se lo dieron a la multitud.

Jesús no explicó con razonamientos la nueva lógica que quiere introducir en el mundo para que brote el reino de Dios sino que hizo algunos gestos muy significativos y nosotrosqueremos examinarlos para captar el precioso mensaje que contienen.

En primer lugar, ordenó a la multitud que se tumbara sobre la hierba. El verbo griego utilizado es ἀνακλιθῆναι (anaklizenai) que no significa sentarse “sino recostarse”. El Señorquiere que la gente se recueste, y aquí tenemos una primera sorpresa: el desierto ha desaparecido y estamos en una pradera donde hay hierba verde sobre la que uno puede recostarse; ha aparecido un oasis. También la noche ha desaparecido. De hecho no hay oscuridad porque ahora todo lo que ocurre parece tener lugar a la luz del sol. Se ve, entonces,que estamos ante una parábola: a dónde Jesús llega con su Evangelio, aparece el paraíso terrenal. La historia del Jardín del Edén no es el lamento de un paraíso perdido sino elproyecto que Dios quiere que se realice en el mundo, un proyecto que estamos llamados a realizar. Y no es un sueño inalcanzable. Si el maligno logra convencernos de que Jesús era un soñador, ha vencido; pero el verdadero creyente sabe que Jesús tiene razón y que el plan de Dios para el mundo se realizará. Y, si damos fe a su propuesta, se realiza este prodigio.

Entonces nos preguntamos: ¿Por qué Jesús les hace recostar sobre la hierba verde? ¿Porqué cada uno no puede comer como prefiera, sentado o de pie? No; ahora deben recostarse. Este es un detalle importante en la parábola porque, en la época de Jesús, los que asumían esta posición eran los amos. Durante la noche de Pascua, los israelitas se recostaban para la cena pascual porque así declaraban que eran un pueblo libre. ¿Quién se recostaba a la mesa,los siervos o los amos? Los siervos tenían que estar siempre listos para atender; cuando el amo, que estaba tumbado, necesitaba que se realizara un determinado servicio, levantaba la voz. También Jesús pregunta a sus discípulos durante la Última Cena: ¿Quién es grande? ¿El que está recostado o el que está de pie? Y todos responden que el que está recostado a la mesa, el Maestro. Él es grande.

Aquí nos encontramos ante la inversión de la grandeza. Jesús pregunta: ¿Quién es el amo? Y dice que el amo son los necesitados, los pobres, los hambrientos. Éstas son las personas a las que hay que servir y los siervos, los que deben recibir órdenes de las necesidades de estas personas, son los discípulos de Cristo. Así es cómo se da vuelta a la grandeza; antes eran grandes los que estaban recostados a la mesa; ahora los amos que dan órdenes son los necesitados, son las necesidades del hermano las que dan órdenes al discípulo de Cristo, que es verdaderamente grande si se hace siervo.

Después de que estas personas se recuestan, Jesús hace algunos gestos significativos; toma los cinco panes y los dos peces que en la parábola indican todos los bienes que el Padre celestial ha puesto a disposición de sus hijos, y alza los ojos al cielo. Alzar los ojos a Dios significa reconocer que el alimento para nuestra vida viene de Dios; nosotros no somos los amos, no podemos comerciar con ellos para enriquecernos aprovechando el hambre de los necesitados. 

Luego, pronuncia la bendición, es decir, reconoce que la fuente de la vida es Dios. Nosotros no somos los organizadores del banquete, somos comensales. Levantar nuestros ojos al cielo y bendecir significa reconocer que todos los bienes que tenemos a nuestra disposición no son objetos de posesión, sino regalos del Creador para construir el amor. Y ahora también podríamos preguntarnos sabiamente: Si prescindimos de Dios, si prescindimos de mirar al cielo como se glorían de hacer los que gritan su ateísmo (del que no sé hasta qué punto están convencidos), si eliminamos a Dios, si eliminamos la mirada al cielo ¿en qué nos basamos para afirmar que no podemos tomar los bienes de este mundo y hacer con ellos lo que queramos? Sin Dios, todo indicaría que podemos hacerlo conforme a nuestras habilidades, aunque ello implique provocar y acrecentar las necesidades de los pobres. Si prescindimos de Dios, ¿quién nos puede impedir hacer tal cosa? Porque si los bienes son nuestros podemos hacer lo que queramos con ellos, pero si los bienes pertenecen a Dios, cada vez que miramos al cielo comprendemos que no somos los amos. Entonces todo cambia.

¿Qué hace Jesús después? Parte el pan. Partir el pan significa estar dispuesto a compartirlo, a distribuirlo; el pan se parte para ser compartido, y el que parte el pan declara que su corazón está abierto al don. Está abierto al amor gratuito; y luego Jesús lo entrega a los discípulos porque ellos son los siervos que deben alimentar a los necesitados, que son sus amos. Cuando se acepta la lógica del Evangelio, las feroces leyes del mercado abandonan la escena y entra en la historia la lógica de Dios. Todos son partícipes de los bienes que el Padre celestial ha preparado para todos sus hijos e hijas.

Escuchemos ahora lo que ocurre cuando los bienes de este mundo se administran según la lógica del Evangelio:

Comieron todos, quedaron satisfechos, recogieron las sobras y llenaron doce canastos. Los que comieron eran cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños”

¿Qué ocurre en el mundo si la propuesta de Jesús de Nazaret es aceptada? Nos lo dice la parábola: un prodigio. Todas las necesidades de la humanidad queden saciadas porque los bienes de Dios son más que suficientes para que toda persona tenga todo lo necesario para su vida. Buscamos la alegría, este impulso existe y lo ha puesto Dios; el error está en engañarnos a nosotros mismos pensando que podemos alcanzar alegría atiborrándonos de bienes. Nosotros no estamos programados para esto; estamos programados para experimentar el máximo de alegría haciéndonos felices unos a otros, intercambiando los regalos del Creador.

Por último, veamos la recogida de las sobras. En la lógica del Evangelio, nada puededesperdiciarse; todo es un don de Dios y desperdiciar los dones es un signo de despreciohacia quien los puso a nuestra disposición. Sabemos lo que ocurre en nuestra sociedad; se dice que se desperdicia un tercio de los alimentos producidos. Gastamos recursos en productos perfectamente inútiles, que son los impuestos por la moda no para satisfacer necesidades básicas reales sino necesidades inducidas. Así malgastamos los dones de Dios y muchos quedan privados de lo necesario; malgastamos comida, agua, energía; tenemos armarios llenos de ropa que nos ponemos tal vez una o dos veces al año, cambiamos nuestros teléfonos móviles no porque no funcionen sino porque, de lo contrario, nos dicen: “Todavía tienes un móvil de hace 3 años. ¿No te da vergüenza? Las modas dictan este despilfarro;sólo utilizamos una pequeña parte de lo que compramos, lo sabemos; el resto se desechaporque, cuando vamos al supermercado a comprar algo que necesitamos, los productos están dispuestos de tal manera que siempre compramos algo con lo que no sabemos qué hacer.Intentemos entrar en la habitación de un niño. ¿Qué vemos? Un montón de juguetes que hautilizado quizás dos o tres veces y luego se ha cansado. Pensemos también en lo que encontramos en los montones de basura; nos deshacemos de los objetos que aún funcionan, que sólo tienen un defecto, pero están pasados de moda.

El evangelista ha presentado de forma muy precisa los gestos realizados por Jesús y los hemos examinado: levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió el pan, lo dio. Nos damos cuenta inmediatamente también nosotros de que son los mismos gestos con los queJesús instituyó la Eucaristía. El evangelista Mateo los destacó a propósito para recordar a los cristianos de sus comunidades que sólo si celebran una Eucaristía auténtica podrán administrar los bienes según la voluntad del Creador y se convertirán en servidores de los necesitados.

En el primer relato, observamos que primero desapareció el desierto y luego la noche. Ahora el evangelista también hace desaparecer los peces: sólo queda el pan. Claramente,Mateo quiere que establezcamos la conexión entre el reparto del pan material y la celebración de la Eucaristía. Si no compartimos el pan material, si no nos hacemos sirvientes de nuestros hermanos necesitados, nuestras celebraciones eucarísticas son rituales hipócritas.

¿Qué hizo Jesús en la Última Cena? En un momento dado tomó pan de la mesa y dijo a sus discípulos: Esto soy yo”. Identifica toda su vida y toda su historia en haberse hecho a sí mismo pan, es decir, alimento de vida para todo el que lo necesitara. Y añadió: “Tomen y coman”, es decir, decídanse a tomar este pan que contiene toda mi historia de amor y asimilen esta historia de amor, háganla suya.

Cuando nos acercamos al banquete eucarístico, significa que aceptamos su propuesta de vida entregada; significa que queremos unir nuestra vida a la suya como la esposa une su vida a la del esposo; significa aceptar su proyecto de mundo, comprometernos con la nueva lógica, la de compartir, la del servicio. Pensemos, pues que, cada vez que nos acercamos al banquete eucarístico y comemos ese pan, renunciamos a la lógica del mercado y acogemos sólo la lógica del amor, la que hemos visto encarnada en la vida de Jesús, que se hizo pan.

Les deseo a todos un buen domingo y una buena semana.

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