Hay toda una intencionalidad teológica por parte de la corriente sacerdotal (P) al relacionar su doctrina sobre la creación con el culto en Israel. En 8,33.35 se estipulaba que la consagración del sumo sacerdote y de los demás sacerdotes debía durar siete días, tiempo durante el cual debían permanecer en la tienda del encuentro; esos siete días evocan simbólicamente los seis días de la creación y el séptimo, el del descanso divino. Solo en el octavo día está la obra completada, dispuesta a funcionar con un fin determinado, y por eso solo en el octavo día se da inicio al culto público.
Si la creación divina tiene como antecedente el caos, la oscuridad y el abismo vacío, el culto de Israel tiene como antecedente un pueblo que todavía no era pueblo, sino una masa informe de esclavos. Por ello, para la corriente sacerdotal (P), lo central del Sinaí no es la alianza, sino el lugar de origen del culto, puesto bajo la autoridad divina, que otorga identidad y forma al pueblo, de modo que este cuenta con la presencia permanente de Dios.
